Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

28 julio, 2015

No fue el discurso que quería escuchar

El Presidente Humala habló al país por quinta y ultima vez durante su mandato. Cómo manda la Constitución «dio cuenta» y nada más. Pero vamos por partes.

Primero, lo destacable. Ponerle rostro, nombre y apellido, y sentar en el hemiciclo al destinatario/beneficiario de las políticas de educación fue magnífico. Humaniza la política y la hace concreta para el oyente. Sin embargo, ya habíamos visto hacer lo mismo al Ministro de Educación Jaime Saavedra en el CADE 2014 lo cual resta originalidad a la presentación. Sin embargo, las grandes mayorías no escuchan los discursos de CADE así que el recurso funcionó.

¿El resto? Fue una mera rendición de gastos.Parecía el Presidente de la Apafa, que luego de 4 años, contaba en que se había gastado la plata de una gran kermesse. Tanto en esto, tanto en aquello. Millones de millones, en gastos, seguramente muy buenos y bien intencionados, cada uno de ellos. Pero sacar a las familias de la pobreza mediante subsidios es artificial. Dura mientras el subsidio dure si es que esa familia no se incorpora plenamente a un mercado en crecimiento. Y de eso, no dijo nada.

¿A donde va el Perú?  A mantener exitosos programas sociales para personas que ya no podrán incorporarse al mercado (ancianos indigentes, discapacitados)? ¿O a mantener los programas universales de salud y educación? ¿Para lograr que? ¿A que costo? Ninguna prospectiva, dando la impresión que ya sólo le toca apagar las luces, pasar un trapo final, e irse. No es así. Falta un año para eso.

El discurso que yo quería escuchar me tenía que tranquilizar en materia de seguridad ciudadana. Que equipen mejor a una policía corrupta sólo puede darme más miedo. Ni una palabra de la gran purga que tiene que hacerse, inevitablemente en las fuerzas policiales. Luego recurrió al argumento favorito para calmar a las masas sin hacer nada. El populismo penal. ¡Aumentamos las penas, desaparece el delito! Mentira. Esto, que se llama la «alienación de la norma» es decir, dar una falsa seguridad haciendo creer que la norma cambia la realidad, cuando es la realidad la única que cambia a la norma. El sicariato no va a descender, ni desaparecer porque le den 35 años o cadena perpetua a los instigadores. Tampoco porque se incorpore como tipo penal. El asesinato por lucro  ya cubría los mismos actos y con similares penas, ¿ y acaso por ello no tenemos asesinatos por lucro?

En materia de las sombrías expectativas económicas no sólo no las mencionó sino que, por el contrario, parecía que «aquí no pasa nada» como decía Humberto Martínez Morosini cuando narraba partidos de futbol.¡Estupendos fundamentos macroeconómicos! ¡Estupendos en comparación con la región! Es decir, una maravilla. Nada sobre la contracción de exportaciones, nada sobre el descenso de la inversión privada, nada sobre el paupérrimo desempeño en el crecimiento del PBI. Y nada, sobre un fenómeno de El Niño que puede llevarse el poco crecimiento que tenemos.

El Presidente Humala habló de corrupción pero para mencionar procuradurías o el éxito de la captura de Orellana. Pero ni una palabra de Martin Belaúnde Lossio o de las acusaciones a su esposa. Puedo entender que no sea fiestas patrias el momento de dar una explicación clara, pero pudo haber prometido hacerlo esta misma semana para terminar con la agonía de una popularidad que decrece y lo asocia con la corrupción.

Al final, varios temas omitidos, varios exaltados como sus fortalezas, pero poco de lo que realmente deja a su sucesor. Muchos se alegran porque ya se va. Nunca se debe hacer eso. En el Perú, el siguiente – en cualquier cargo – siempre puede ser mucho peor.

 

 

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