Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

29 junio, 2015

Nostalgia de futbol

Tengo 51 años. A diferencia de muchos de mis lectores vi jugar a la Selección Peruana de Futbol en tres mundiales. México, 1970, Argentina 1978 y España 1982. Me sé de memoria «Perú Campeón» y por eso se como se llaman los jugadores de ese equipo. El resto, son imágenes, algunas de felicidad, otras de enorme tristeza y silencio.

¿Era bonito el futbol de mi infancia? Lo era. Mi primer recuerdo es salir del circo y ver pasar una turba de gente celebrando. Pregunte que pasaba, ¿por qué todos eran tan felices?. «Vamos al Mundial», me explicaron a mis 6 años.  El plural no me incluyó pero si a mis padres y a sus amigos – tremendos aventureros – que fueron por tierra hasta México.  El terremoto partió ese mundial en dos. Un antes y un después. No recuerdo mucho el antes pero si el después. Mi abuela materna tomó por asalto la operación de salvataje de sus 5  nietas – mi hermano nacería en 1973 y mi hermana  menor en 1975 – y se organizó de tal modo, que todos los colchones de la casa bajaron a la biblioteca y se puso ahí una tv (blanco y negro, por supuesto). A la primera replica la legión de empleadas que nos cuidaban debía sacarnos en vilo a la calle. Así, echadas en colchones en el suelo recuerdo ese mundial donde los jugadores peruanos usaron cintas negras en sus camisetas en homenaje a los 70,000 muertos en el Perú. La selección quedó sétima, en la mejor posición que ha tenido en su corta historia mundialista.

En 1978 tenía 15 años, amigas, amigos, patota. Y los mundiales se veían así, en grupo, para luego ir al Ovalo de la Avenida Larco en Miraflores a gritar la alegría. Nunca supe más de futbol que lo que una chica criada en un colegio mixto puede saber. Para algunos, lo suficiente. Para los expertos, nada de nada. Me quedó con la segunda opinión. Pero, fue en ese mundial donde aprendí del desencanto. Cuando Argentina le metió 6 goles a Perú el ensueño termino de golpe. Porque creo que da cólera perder pero, siendo un juego, ese es un resultado probable. Lo que demuele es la pateadura, la falta de juego, de clase, de saber que diablos se esta haciendo en la cancha. ¡Las caras de mis amigos fanáticos del futbol! Que mal termino ese mundial.

En 1982 ya estaba en Letras en la PUCP y con enamorado hincha del futbol y de la U. Nos reuníamos en casas a ver los partidos pero fueron tan, pero tan tristes que daban vergüenza. No recuerdo si quedamos últimos pero parecíamos los últimos. Adios alegría y esta vez, para siempre.

Tal vez, por eso, nunca mas seguí el futbol. No sé cómo se llaman los jugadores (salvo los famosos por razones extradeportivas) ni sus entrenadores, ni a que equipos pertenecen. Tampoco sé nada de tácticas o de alineaciones. Soy hincha del equipo del que mi esposo sea hincha. Y ya esta. A veces, él me pone un partido de futbol del campeonato local, una esas tardes de domingo de invierno limeñas y los dos nos quedamos dormidos. Pero otras, pone en la TV un partido de futbol europeo que resulta ser un verdadero «espectáculo deportivo» como lo son los partidos de los mundiales a los que no vamos.

Sé poco, pero lo que si se es que es deporte esta unido al sentir popular de una forma que es difícil de describir con palabras. Su alegría y su tristeza se colectiviza en segundos. La alegría es euforia y la tristeza es horripilante. Un silencio lo cubre todo, una cólera reprimida, un mal humor que dura días. Deporte maldito. No tiene compasión de sus seguidores.

Yo sólo quisiera alguna vez volver a tener 7 años y animar a la Selección Peruana de Futbol desde el colchón en el piso esperando que la replica no se traiga abajo la  casa. Ese sentimiento, no se olvida nunca. Me gustaría poder regalarlo a todos pero es imposible. Lo vivido queda en uno mismo.

Mucha suerte, hinchas del futbol. Quisiera decirles que el Perú ganará esta tarde a Chile pero prefiero tener la bandera roja y blanca cautelosamente doblada, para sólo flamearla cuando la nostalgia se convierta en realidad y la lejana probabilidad en cabal certeza.

 

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