Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

5 septiembre, 2022

Antauro ¿el salvador de Castillo?

 

Antes que Antauro Humala asaltara una comisaría en Andahuaylas, en el lejano año nuevo del 2005 y terminara condenado por 19 años, tuve la oportunidad de entrevistarlo en algunas ocasiones. Su hermano Ollanta todavía era militar en actividad y no podía dar declaraciones (recién lo hizo conmigo en octubre del 2005) y por tanto era Antauro la voz cantante de un proyecto político familiar tan enloquecido que sería difícil definirlo. Buena parte del terror que generó la campaña presidencial de Humala el 2006 y el 2011 se debió a esas semillas de locura. Por cierto, el gobierno de Humala no se pareció en nada a las ofertas de Antauro y, pese a los ruegos de sus padres, no lo indultó.

Con los años he leído varias de las publicaciones de Antauro encarcelado. Los disparates son muchos. Desde hacer “mitimaes” a todos los limeños (para recuperar terrenos agrícolas en San Isidro y Miraflores, mandando a todos sus habitantes a vivir a los cerros) pasando, como no, por declarar la guerra a Chile para “recuperar” Arica y Tarapacá. Alejados de su hermano, el resto de la familia jamás intento solicitar una defensa legal por grave alteración de la conciencia y así lograr su inimputabilidad. Una pena, porque la salud mental es un asunto muy serio. Su consumo de sustancias prohibidas en prisión ha sido publica y le valió el castigo presidencial de ser enviado a la Base Naval. Que se sepa, no ha recibido terapia alguna.

No hay plazo que no se cumpla y, tarde o temprano, toda condena termina. Antauro Humala saldrá libre cuando el computo de los días y el juez así lo digan. Eso puede ser esta semana o en menos de dos años. Mientras no cometa otro delito, está rehabilitado. Nadie puede sorprenderse de eso porque será inevitable. Pero, de ahí a ser el salvador de Pedro Castillo, a través de la movilización de millones de “sus” reservistas es otro cantar. No me deja de sorprender el efecto psicosocial que la “amenaza antaurista” genera.  Como lo fue la CIA o lo es ahora el “G2 cubano” y “la satánica agenda 2030”, Antauro es el demonio que esta detrás de todas las cosas. Un asesino de policías, 17 años preso, público consumidor de marihuana y con un discurso enloquecido de confiscaciones y satrapía, mezclado con un nacionalismo de corte incalificable, puede mover, cuando mucho, a unas 100 personas en Lima.  Tal vez otro tanto en alguna movilización local. ¿Qué otras dotes personales tiene? No es pues Nelson Mandela, líder de un movimiento de resistencia, ¿verdad?

El mito de Antauro ha sido fabricado por él y algunos visitantes a prisión que algo de dinero le han puesto, apostando a un futuro político hoy inexistente. No han sido capaces de organizar no digo un partido, ni siquiera un movimiento regional. No hay una sospecha de popularidad en ninguna encuesta de opinión. ¿Cuál es su tan mentada fuerza? ¿Adultos que alguna vez fueron parte del servicio militar y que ya enrumbaron sus vidas? ¿ocho personas en la puerta del penal? Lo mejor que le podría pasar a la democracia es que Castillo se lo cuelgue de amuleto. No creo que Antauro lo aguante mucho (nunca ha podido soportar aliados por mucho tiempo) y a Castillo su cercanía terminará por restarle lo poco que le queda.

El presidente Castillo no tiene salvación, ni salvador posible. Sus actos de corrupción han sido revelados por los hermanos Espino, Bruno Pacheco, Karelim López y Zamir Villaverde. Las hipótesis fiscales son sólidas. Su esposa y tres cuñados van camino a una prisión preventiva y una posible condena junto con los ex ministros de transportes y de vivienda. La Fiscal de la Nación lo tiene que denunciar ante el Congreso y puede estarlo haciendo antes de un mes. Esa acusación constitucional puede verse aplicando el tratado contra la corrupción de Naciones Unidad (que exonera la aplicación del 117 de la Constitución) y con 66 votos Castillo puede llegar a prisión preventiva. Así de pronto y de fácil.

Agitar a Antauro como talismán anticaída no le va a funcionar. Salvo que el Congreso siga haciendo tonterías como pedirle cuentas a un presidente del consejo de ministros que es hoy un intocable y deje ir al resto del gabinete temiendo cuestiones de confianza. Castillo va a caer por sus propios méritos, no por los de sus oponentes que no hacen sino ayudarlo. Así, la corrupción se lleva un presidente más, “por no hacer mudanza en su costumbre”.

Columna publicada el domingo 21 de agosto del año 2022 en el diario La República

 

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