Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

3 marzo, 2022

¿Tregua?

Esta semana pasamos del incendio al agua tibia en menos de un suspiro. Como esas broncas de enamorados que arrancan en la sala y pasan por toda la casa, saltan a la calle y terminan en arrumacos en el parque. ¿Qué pasó? “Te odio, pero te necesito” resume el conjunto de relaciones tóxicas de la actual política peruana.

Vladimir Cerrón necesita a Pedro Castillo y Pedro Castillo necesita a Vladimir Cerrón. Se pueden hacer los ofendidos y distanciados, pero no pueden vivir cada uno por su lado. Cuando se independicen de verdad, mueren ambos. Cerrón no va a tener más poder del que tiene hoy en mucho tiempo. Nadie se saca la lotería dos veces. Su partido no logró pasar la valla en enero del 2020 y las razones pueden ser las mismas o peores en la siguiente contienda electoral. Castillo necesita sus votos para sobrevivir. ¿Si Castillo se independiza de Cerrón morirá? No al principio, ya vimos que la relación sobrevivió a una enemiga de Cerrón como Mirtha Vásquez, pero un rompimiento definitivo si puede ser suicida.

El Congreso necesita a Aníbal Torres y Aníbal Torres necesita al congreso. Ambos quieren sobrevivir. Otra vez, frente al mismo dilema, el congreso va a dar la investidura. Sospecho que se la hubieran dado hasta a Valer puestos en esa horrorosa disyuntiva.  Si Valer fue expectorado, fue por el peso de la opinión pública frente a un presidente perdido. Ahora, varias bancadas han pedido la salida de cuatro ministros cuyos antecedentes son lamentables. Los ahijados de Cerrón son un desastre que él no parece aquilatar como embajadores de su futuro político. Sin embargo, ¿por qué siguen ahí? ¿Por qué no hay reacción real del congreso o de Torres? Bastaría con la censura individual o la remoción. La explicación la encontré en una anécdota de mi infancia que nunca he olvidado.

“Estos son nuestros años”, la frase dicha por un vecino invasor de linderos cerraba una amarga discusión en las que los reclamantes sabían que iban a perder. El invasor era hermano de un general del ejército, miembro de la elite que rodeaba al dictador Velasco a inicios de la década del setenta. Se peleaba por pocos metros e iniciar un juicio era largo, caro e inútil ante la contundencia de la frase. Los afectados cedieron porque tarde o temprano también llegarían “nuestros años”. Dos columnas recientes de José Ugaz y Enrique Proschazka dan cuenta de la misma idea. “Ahora nos toca comer” en El Comercio y “Qué fácil es opinar estando adentro” en Jugo de Caigua.

No solo hay una dependencia entre aliados políticos y poderes del Estado para garantizar la permanencia en el poder.  La dependencia se da entre adversarios. Esa permanencia es la garantía de que los que están en este turno no van a ser molestados a condición de que permitan expandir los beneficios al mayor número de adversarios posibles. Este es el verdadero juego hoy. La tregua es horizontal y también vertical. Cerrón tiene que repartir hacia abajo, si quiere sobrevivir.

Si de verás los adversarios estuvieran preocupados por el buen gobierno veríamos, por ejemplo, a alguien siquiera preocupado por explicarle al presidente que no existe misión de la OEA capaz de sancionar a funcionarios públicos corruptos; que educar a los niños en competencias es algo que los favorece; o que no tiene capacidad legal alguna para revisar ningún contrato, menos pasajes o peajes. Pero es tal la cantidad de tonterías que dice Castillo que todos las ignoran: el partido, los aliados, los adversarios. Están muy ocupados en sus treguas, para repartir con monedero lo que todavía no se llevan en balde.

Columna publicada el domingo 20 de febrero del año 2022, en el diario La República

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