Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

24 Marzo, 2020

Serie Coronavirus

Aquí se encontraran todas las columnas publicadas en el Diario La República referidas a la Pandemia Covid 19 desde que se dictaron las primeras medidas en el Perú.

 

Marzo, 15

Virus del miedo

Mi generación ha crecido viendo películas y series con el mismo tema recurrente: el virus. Un virus extermina a la humanidad, la humanidad liquida a sus enemigos con un virus o la humanidad muta tras ser arrasada por un virus con sobrevivientes. Se admiten todas las variaciones posibles. El mensaje apocalíptico tiene siempre un trasfondo moral: lo que sucede es consecuencia de la soberbia del hombre que ha intervenido la naturaleza para intentar ponerla a su servicio y ésta se rebela.

Con esa crianza no es raro entonces que las sociedades se aterren con palabras como “epidemia”, “pandemia” o “endemia”. Sin saber su real significado o su consecuencia en termino epidemiológicos, nuestra inteligencia primaria, la que nos permitió sobrevivir como especie, se pone alerta. Teniendo la conciencia histórica de grandes pestes europeas como la peste negra o bubónica o la más reciente gripe española y la proliferación de noticias falsas y la narración en tiempo real de cada detalle de una enfermedad, no hay forma de que la humanidad entera no hable, piense, debata, y discuta con ferocidad sobre lo que percibe como su inminente muerte. Así, las decisiones irracionales se amontonan. En este momento la lista de “no hay” crece. No hay mascarillas, gel con alcohol y otros insumos indispensables de uso médico. Habiendo abastecimiento suficiente y producción nacional habitual, la manada se vuelca a las tiendas a llevarse todo lo que pueda, sobre todo lo no perecible, en preparación para la supervivencia. Su cerebro primitivo le ordena: “si todos huyen, tienes que huir con todos”.

No hay virus más contagioso y letal que el miedo. Es, políticamente, el más potente movilizador. Por miedo se puede hacer cualquier cosa. Una persona generosa puede convertirse en el más brutal egoísta, un ser racional y sensato estar hoy sentado sobre una torre de papel higiénico que no le sirve de nada. Todo se agrava si ese mismo miedo es el que genera la catástrofe humana. Por miedo se contagia en un mercado cuando te han explicado la racionalidad del distanciamiento. Por miedo se contagia en un hospital al que ya no saben cómo rogarte que no colabores en saturar si sólo tiene los síntomas de la gripe; solo se debe ir cuando hay dificultad al respirar. Lo han dicho cientos de veces. Pero mil veces lo han desafiado.

Lo que sabemos del coronavirus es mucho más de lo que se ha sabido de cualquier virus en tan corto tiempo. En diez días se secuenció su genoma. Tenemos más de 160 estudios científicos ya publicados y la experiencia exitosa de China. ¿Qué sabemos? Que es un virus de rápido contagio por gotitas de saliva y transmisión oral – fecal. Que el 85% de los contagiados hacen una gripe leve o no tienen síntomas. Del 15% restante, con gripe severa, 5% necesitará hospitalización y, probablemente, un respirador. La mayoría de pacientes graves son aquellos con un sistema inmunológico más débil. Todo el nudo de las medidas de distanciamiento (el Perú no tiene aún una cuarentena rígida) está en esto: el número de respiradores no es infinito. No pueden enfermarse todos a la vez porque no hay como atenderlos y eso incrementa, muy rápido, el número de muertos. “Aplastar la curva” (cuando el número de enfermos graves se dispara) es el objetivo.

No pregunte que está haciendo el gobierno. Pregunte que está haciendo usted. El virus del miedo si tiene vacuna: se llama buena información.

 

Marzo 22

Aislados pero no solos

Hoy domingo se cumplen los primeros 7 días de la cuarentena más severa que recuerde el Perú. La impresión de los primeros tres días era que el gobierno lanzaba iniciativas, casi en borrador, y luego normaba. Muchas dudas e incertidumbre unieron la frustración de querer cumplir, y no saber cómo hacerlo, al ya extendido pánico. Poco a poco el gobierno organizó un sistema de permisos de tránsito para servidores esenciales; un toque de queda (aunque no guste el nombre) acatado casi con unanimidad; una bonificación de 380 soles para 3 millones de familias (el 80% de la PEA del país es informal y millones comen de lo que sacan del día); y compras veloces y extraordinarias como las pruebas rápidas, respiradores y montaje de nuevos centros de salud.  En medio de esto, el cambio de la Ministra de Salud.

Empezó en desorden, pero en el transcurrir de los días, el Presidente Vizcarra se ha ganado no solo el respeto del pueblo. Ha ganado algo mucho más valioso: su confianza. Puedes no saber de epidemiología o estadística. Puedes tener miedo, confusión o frustración. Pero en las conferencias del mediodía (una suerte de nuevo Angelus) se ve que hay un líder a cargo. Todo pueblo aguanta los peores sacrificios si sabe que no hay otra forma de derrotar a un enemigo. Si el objetivo es claro y la estrategia es ejecutada por cada uno, en lo que le toca, se puede vencer. Pero el liderazgo es imprescindible y Vizcarra, en crisis, lo tiene.

El jueves se conocieron los primeros fallecimientos a los que, con mucha pena, se unirán otros. Las estadísticas no perdonan. Pero mientras menos sean los contagiados dentro del grupo de riesgo y mejor atención en las Unidad de Cuidados Intensivos exista, menos serán las muertes. La sensación, comparando lo sucedido en Italia y España, es que aquí se ha actuado a tiempo. Somos el primer país de América en cuarentena estricta, aunque esta semana se unieron otros. Será inevitable que en una semana todo el continente este aislado. Hasta los más reacios tendrán que hacerlo. Solo se vence si se disminuye la velocidad del contagio (no el contagio mismo) y eso requiere el esfuerzo colectivo no de una ciudad, ni de un país. El esfuerzo es de toda la humanidad. De ahí la extraordinaria hora que nos toca vivir.

¿Qué pasara mañana, en 7 días, en un mes, en un año? La incertidumbre, esa hermanastra del miedo, nos va a comer la cabeza en estos días de encierro. ¿La respuesta más certera? Nadie lo sabe. Lo que sabemos es que las epidemias se viven día a día. No se puede, ni se debe, quemar etapas. Se toma decisiones, con toda calma, con la información confiable que se tiene. Un día a la vez. Una respiración a la vez.

¿Qué no sirve? No ayuda el pánico que inmoviliza y discrimina. Menos ayuda el triunfalismo del “ya sale la vacuna”, “ya tenemos el remedio”. Lo que si ayuda es saber que estando aislados no estamos solos. Que a las 8 pm cuando salimos a aplaudir y escuchamos, sin poder ver, a nuestros vecinos, ellos están ahí. Ayuda saber que la digitalización del mundo ha puesto en nuestras manos herramientas de conexión que ninguna generación tuvo. Ayuda tener fe en Dios, pero también en la ciencia y en el esfuerzo extraordinario y compartido de miles científicos alrededor del mundo luchando juntos. Ayuda mirar desde la ventana los increíbles cielos azules que la ausencia de polución nos regala. Ayuda el silencio que trae el rumor de sonidos lejanos.

Esta, a pesar de todo, puede ser nuestra mejor hora.

 

 

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