Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

24 marzo, 2020

Serie Coronavirus – Diario semanal en aislamiento

Aquí se encontraran todas las columnas publicadas en el Diario La República referidas a la Pandemia Covid 19 desde que se dictaron las primeras medidas de aislamiento en el Perú.

 

Marzo, 15

Virus del miedo

Mi generación ha crecido viendo películas y series con el mismo tema recurrente: el virus. Un virus extermina a la humanidad, la humanidad liquida a sus enemigos con un virus o la humanidad muta tras ser arrasada por un virus con sobrevivientes. Se admiten todas las variaciones posibles. El mensaje apocalíptico tiene siempre un trasfondo moral: lo que sucede es consecuencia de la soberbia del hombre que ha intervenido la naturaleza para intentar ponerla a su servicio y ésta se rebela.

Con esa crianza no es raro entonces que las sociedades se aterren con palabras como “epidemia”, “pandemia” o “endemia”. Sin saber su real significado o su consecuencia en termino epidemiológicos, nuestra inteligencia primaria, la que nos permitió sobrevivir como especie, se pone alerta. Teniendo la conciencia histórica de grandes pestes europeas como la peste negra o bubónica o la más reciente gripe española y la proliferación de noticias falsas y la narración en tiempo real de cada detalle de una enfermedad, no hay forma de que la humanidad entera no hable, piense, debata, y discuta con ferocidad sobre lo que percibe como su inminente muerte. Así, las decisiones irracionales se amontonan. En este momento la lista de “no hay” crece. No hay mascarillas, gel con alcohol y otros insumos indispensables de uso médico. Habiendo abastecimiento suficiente y producción nacional habitual, la manada se vuelca a las tiendas a llevarse todo lo que pueda, sobre todo lo no perecible, en preparación para la supervivencia. Su cerebro primitivo le ordena: “si todos huyen, tienes que huir con todos”.

No hay virus más contagioso y letal que el miedo. Es, políticamente, el más potente movilizador. Por miedo se puede hacer cualquier cosa. Una persona generosa puede convertirse en el más brutal egoísta, un ser racional y sensato estar hoy sentado sobre una torre de papel higiénico que no le sirve de nada. Todo se agrava si ese mismo miedo es el que genera la catástrofe humana. Por miedo se contagia en un mercado cuando te han explicado la racionalidad del distanciamiento. Por miedo se contagia en un hospital al que ya no saben cómo rogarte que no colabores en saturar si sólo tiene los síntomas de la gripe; solo se debe ir cuando hay dificultad al respirar. Lo han dicho cientos de veces. Pero mil veces lo han desafiado.

Lo que sabemos del coronavirus es mucho más de lo que se ha sabido de cualquier virus en tan corto tiempo. En diez días se secuenció su genoma. Tenemos más de 160 estudios científicos ya publicados y la experiencia exitosa de China. ¿Qué sabemos? Que es un virus de rápido contagio por gotitas de saliva y transmisión oral – fecal. Que el 85% de los contagiados hacen una gripe leve o no tienen síntomas. Del 15% restante, con gripe severa, 5% necesitará hospitalización y, probablemente, un respirador. La mayoría de pacientes graves son aquellos con un sistema inmunológico más débil. Todo el nudo de las medidas de distanciamiento (el Perú no tiene aún una cuarentena rígida) está en esto: el número de respiradores no es infinito. No pueden enfermarse todos a la vez porque no hay como atenderlos y eso incrementa, muy rápido, el número de muertos. “Aplastar la curva” (cuando el número de enfermos graves se dispara) es el objetivo.

No pregunte que está haciendo el gobierno. Pregunte que está haciendo usted. El virus del miedo si tiene vacuna: se llama buena información.

 

Marzo 22

Aislados pero no solos

Hoy domingo se cumplen los primeros 7 días de la cuarentena más severa que recuerde el Perú. La impresión de los primeros tres días era que el gobierno lanzaba iniciativas, casi en borrador, y luego normaba. Muchas dudas e incertidumbre unieron la frustración de querer cumplir, y no saber cómo hacerlo, al ya extendido pánico. Poco a poco el gobierno organizó un sistema de permisos de tránsito para servidores esenciales; un toque de queda (aunque no guste el nombre) acatado casi con unanimidad; una bonificación de 380 soles para 3 millones de familias (el 80% de la PEA del país es informal y millones comen de lo que sacan del día); y compras veloces y extraordinarias como las pruebas rápidas, respiradores y montaje de nuevos centros de salud.  En medio de esto, el cambio de la Ministra de Salud.

Empezó en desorden, pero en el transcurrir de los días, el Presidente Vizcarra se ha ganado no solo el respeto del pueblo. Ha ganado algo mucho más valioso: su confianza. Puedes no saber de epidemiología o estadística. Puedes tener miedo, confusión o frustración. Pero en las conferencias del mediodía (una suerte de nuevo Angelus) se ve que hay un líder a cargo. Todo pueblo aguanta los peores sacrificios si sabe que no hay otra forma de derrotar a un enemigo. Si el objetivo es claro y la estrategia es ejecutada por cada uno, en lo que le toca, se puede vencer. Pero el liderazgo es imprescindible y Vizcarra, en crisis, lo tiene.

El jueves se conocieron los primeros fallecimientos a los que, con mucha pena, se unirán otros. Las estadísticas no perdonan. Pero mientras menos sean los contagiados dentro del grupo de riesgo y mejor atención en las Unidad de Cuidados Intensivos exista, menos serán las muertes. La sensación, comparando lo sucedido en Italia y España, es que aquí se ha actuado a tiempo. Somos el primer país de América en cuarentena estricta, aunque esta semana se unieron otros. Será inevitable que en una semana todo el continente este aislado. Hasta los más reacios tendrán que hacerlo. Solo se vence si se disminuye la velocidad del contagio (no el contagio mismo) y eso requiere el esfuerzo colectivo no de una ciudad, ni de un país. El esfuerzo es de toda la humanidad. De ahí la extraordinaria hora que nos toca vivir.

¿Qué pasara mañana, en 7 días, en un mes, en un año? La incertidumbre, esa hermanastra del miedo, nos va a comer la cabeza en estos días de encierro. ¿La respuesta más certera? Nadie lo sabe. Lo que sabemos es que las epidemias se viven día a día. No se puede, ni se debe, quemar etapas. Se toma decisiones, con toda calma, con la información confiable que se tiene. Un día a la vez. Una respiración a la vez.

¿Qué no sirve? No ayuda el pánico que inmoviliza y discrimina. Menos ayuda el triunfalismo del “ya sale la vacuna”, “ya tenemos el remedio”. Lo que si ayuda es saber que estando aislados no estamos solos. Que a las 8 pm cuando salimos a aplaudir y escuchamos, sin poder ver, a nuestros vecinos, ellos están ahí. Ayuda saber que la digitalización del mundo ha puesto en nuestras manos herramientas de conexión que ninguna generación tuvo. Ayuda tener fe en Dios, pero también en la ciencia y en el esfuerzo extraordinario y compartido de miles científicos alrededor del mundo luchando juntos. Ayuda mirar desde la ventana los increíbles cielos azules que la ausencia de polución nos regala. Ayuda el silencio que trae el rumor de sonidos lejanos.

Esta, a pesar de todo, puede ser nuestra mejor hora.

 

Marzo 29

El día después de la quincena

Hay dos enfermedades que todos los pueblos del mundo están enfrentando. Una es la viral, la otra las consecuencias económicas de la primera. Para ninguna de las dos el mundo estaba preparado, pero ninguna de las dos es invencible. No es esta la falsa esperanza de quien busca animar a los cansados. Es el conocimiento de las pestes históricas que han asolado a la humanidad y saber que ésta prevaleció con peores armas que las que hoy tenemos.

Lo que exige el momento es humildad para reconocer que un virus (ni siquiera es un ser vivo) puede hacer colapsar al mundo. Respeto por la ciencia y la razón. Unidad y disciplina porque el enemigo es el contagio. Solidaridad para que, pese a los peores sacrificios económicos, al final pese más la vida que ninguna otra consideración.

Nada de esto será fácil porque hay una verdad que se abre paso en la incertidumbre: esto no acaba cuando termine la cuarentena. Salir de la fase 3 de la pandemia (contagio comunitario) a la fase 2 (distanciamiento social ante contagio importado) implica estar seguro que en un territorio controlado la enfermedad ha sido erradicada y que cualquier caso importado puede ser detectado y aislado. ¿Se logrará en 15 días más? Lo dudo. Por eso, medidas como el cierre de la educación, todo evento social, espectáculo o reunión, continuaran vigentes. Las fronteras interprovinciales y externas estarán cerradas, no solo en el Perú, por muchos meses, hasta que los sistemas de detección y cuarentena sean muy eficientes y sofisticadas. Un territorio “limpio” se defenderá. China ha prohibido el ingreso de extranjeros.

Si bien hoy la medida de aislamiento es la única posible para el Perú (la “inmunización del rebaño” obliga a infectar al 60% de la población y no es una opción) ésta ha desnudado debilidades que pueden ser críticas. Para empezar, un sistema de salud que tiene recién adquiridos 270 respiradores para casos de coronavirus y 240 para otras enfermedades a nivel nacional. Nada más. Estados Unidos tiene 60,000 camas de UCI. Luego, un sistema de comunicaciones que necesita mayor inversión estatal en fibra óptica pero, sobre todo, reformular un organismo regulador incompetente como Osiptel, cuyo Presidente, “en resguardo de la salud de los trabajadores”, (como si fuera autoridad sanitaria), ha prohibido que las operadoras acepten solicitudes de migración a planes mayores de datos, cosa que sí están en capacidad técnica de hacer. Trabajadores que, por cierto, sí están autorizados a hacer reparaciones en casas si se cae el servicio. Y un sistema educativo, en todos sus niveles, que no ha entrenado a maestros en la revolución metodológica que implica la educación a distancia y que está siendo saboteada por Osiptel al impedir que millones de padres de familia mejoren sus planes de acceso a mayor velocidad.

A esto suma la informalidad del 70% de la PEA: más de 9 millones de peruanos que viven en pobreza. En estas circunstancias, las medidas que se están tomando son las correctas. Auxilios económicos, tributarios, subsidios, compras de emergencia. ¿Tienen sus riesgos? Sí. Pero la urgencia no da lugar a otras opciones. ¿Por cuánto tiempo? Hasta que la producción del país arranque de nuevo, lo cual será lo primero a lo que habrá que dedicarse una vez terminada la cuarentena. Sin embargo, hay algunas actividades económicas que demorarán años en recobrarse. ¿Va a caer el PBI? Sí. De modo inevitable. ¿Para siempre? No. El mundo, también de forma inevitable, se recuperará y el Perú también.

Una nota final. Por favor, los niños autistas esperan una respuesta humanitaria. No la dilaten.

Abril 5

En este buque nadie se rinde

Tres semanas en cuarentena y una más por delante. El Presidente decidió meter el martillazo que el equipo de prospectiva epidemiológica le pedía y ha logrado sacar a 50% más de gente de las calles dividiendo días entre hombres y mujeres. Desde el sábado a las 6 pm (en 5 regiones desde las 4 pm) hasta el lunes a las 5 am no sale nadie. El toque de queda continuado más largo de la historia del Perú. Otro record para un Presidente que los está acumulando, tal vez, como ningún otro.

Las medidas son explicadas en estas esperadas conferencias del mediodía. Explicadas, entendidas y ejecutadas. Un orden que nos parece ajeno y que se acepta por la urgencia de lo impostergable. La muerte nos ha unido como solo la muerte puede hacerlo. Medidas de aislamiento cada vez más rígido, medidas de gasto público sin precedentes, medidas para poner comida en la mesa, medidas para salvar empleos. Como dijo la Ministra de Economía, un complejo rompecabezas para enfrentar la peor recesión que el mundo sufre desde la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, como sabe bien un estratega militar, no basta con la aceptación y el cumplimiento de la orden. No basta con la eminencia de la muerte. No basta con tropas alimentadas, descansadas y altamente entrenadas. Hay un elemento que no pude faltar: la moral del grupo. Conforme pasan los días en esta cuarentena observo una decaída en la moral que puede ser peligrosa.

Nadie escapa al tedio de las horas sin hacer; a la angustia por el trabajo que no se puede realizar; a la perdida por aquello que nunca sucedió (un funeral, una boda, un viaje, un amor, un comienzo o un final) y que, tal vez, nunca suceda; a la frustración tecnológica de no saber o no poder hacer el  trabajo, enseñar o aprender a distancia; a la desesperación económica por el  puesto perdido, el salario recortado, la venta no realizada o las perdidas catastróficas donde no queda más que liquidar, perdiéndolo todo;  al pánico por los que están enfermos y por los que los cuidan; o al miedo de escoger entre comer o estar vivo. En estas tres semanas todos hemos experimentado algunos de estos sentimientos. Hemos desarrollado estrategias (mantenerse muy ocupado, tener rutinas) pero las emociones no saben de razones.

¿Qué peligros tienen estas emociones? Que nos llevan a tomar decisiones irracionales. No estoy hablando de teorías de la conspiración, sino de voces muy reales en las redes sociales. Un murmullo creciente y pesimista que dice: “Si todos nos vamos a contagiar, ¿qué importa?”. “Me la juego, prefiero vivir con algo que comer que esperar sentado a morirme de hambre”. “Quiero toda mi plata de la AFP hoy, mañana no sé si estaré vivo”. “Están ocultando información, son millones de infectados a los que no pueden hacer el test”. “No están funcionando las medidas, cada vez es más estricto y cada vez hay más muertos”.

En el combate de Angamos, muerto Grau y buena parte de sus oficiales, cuando todo estaba perdido, Enrique Palacios gritó a sus hombres “¡En este buque nadie se rinde!”. El Huascar nunca se rindió. Tuvo que ser asaltado para evitar su hundimiento por sus propios hombres. Hoy, estando en mucha mejor posición, ¿nos vamos a rendir sin dar pelea?

La enfermedad y la recesión no son invencibles. Pero nos derrotaran si baja la moral.  La distancia social es nuestra consigna y debemos cumplirla para seguir, todos, vivos. ¿Después? Estaremos aquí pare recomenzarlo todo.

 

Abril 12

504

Todos los años mueren en el Perú pacientes por infecciones en las vías respiratorias. Es la segunda causa de muerte después del cáncer. Una cifra cercana a las 19,500 muertes, siendo mayor la letalidad en las neumonías de la tercera edad. Un tercio de los pacientes mayores de 80 años no sobreviven. Estrategias como la vacunación contra el neumococo en infantes y neumonía en mayores han ayudado a reducir el índice. La tasa al 2018 era de 60.7 defunciones por cada 100,000 habitantes. Teniendo esa condición de base epidemiológica, ¿Cómo es posible que haciendo malabares solo pueda disponerse de 504 respiradores con ventilación mecánica para Covid 19 en todo el Perú? Las infecciones respiratorias ya eran la segunda causa de muerte, ya mataban miles, mucho antes de la pandemia. ¿Nunca se compró equipo en concordancia con la necesidad? Si quieren culpables, empiecen ahí.

La pandemia del coronavirus añade a esa condición un factor adicional: la velocidad del contagio.  Es muy diferente tener 20,000 muertos en un año que tenerlos mes a mes. Lamentablemente, lo único que, a estas alturas y compitiendo con el mundo entero, el gobierno puede comprar es tiempo. A un costo de recesión total y profunda. Ese tiempo es el que país pasará en arresto domiciliario, a producción mínima de sobrevivencia. No una, dos o tres quincenas. Eso es un engaño. No saldremos en meses y ya es hora de que se muestren las cifras de la prospectiva al país.

Si los resultados se duplican cada 5 días (no se sabe el resultado del “martillo”) y hoy sábado se reportan 5,897 contagiados, en cinco días serán 11,794 casos.  Restando los que están de alta, al menos 5% necesita hospitalización.  Hoy hay 130 pacientes en UCI. En cinco días serán 260. Y en 10 días serán 520.  Salvo que las altas sean muy veloces (no lo son) a fines de abril no habrá respirador para el paciente 505 y los que lo sigan. El respirador da 50% de posibilidades de vivir. Sin respirador, morirán. En ese momento la tasa de letalidad pasara de 2.7% a 5% o más.

Si no tuviéramos cuarentena, hace semanas que los respiradores se hubieran acabado. La medida es correcta y es la única posible para postergar el contagio, pero no para detenerlo. Para detenerlo de verdad las medidas son otras. Millones de tests, aislamiento total de los asintomáticos y los sintomáticos. Solo así se hacen los cercos. ¿Tenemos millones de pruebas? No. ¿Podemos comprarlas? No. Llegamos tarde, como a la compra de respiradores.

Miles de asintomáticos (30% del total) están transmitiendo el virus a otros asintomáticos dentro de sus propias casas. Esos que se ponen a insultar en las redes a las mujeres que salen a buscar comida, que imputan frivolidad al vecino (pero nunca a sí mismos) y que son la Gestapo de las ventanas. Esos aspirantes a dictador (abundan) que se han tragado el cuento de que solo contagia el que va al mercado, esos están también transmitiendo. Sin saberlo siquiera.

Entiendo la desesperación del gobierno. Pero hay varios errores que deben ser señalados. El cuento de la quincena destruye. Puede ser que algunos gusten del trago amargo por gotas, pero la mayoría necesita el frasco entero. Los negocios van a quebrar, los trabajos van a desaparecer y nos vamos a quedar en el mismo lugar varios meses. Es eso o 50,000 muertos para agosto. El cuento de “es culpa de los que violan el toque de queda” o “es culpa de los que no saben comprar” solo es útil para engañar a una sociedad infantil y trasladar culpas del gobierno a una ciudadanía bombardeada de una prensa embobada y acrítica.

Dar la verdadera proyección y, sobre esta, construir estrategias es nuestro único camino. Solo así el paciente 505 tendrá alguna oportunidad.

 

Abril 19

Buenas y malas noticias

A 35 días de cuarentena, viviendo un toque de queda perpetuo, solo interrumpido para buscar comida, medicinas o un banco, los ánimos comienzan a caer. Sin empleo, con ingresos de beneficencia, sin escuela, con parte de la familia lejos y solo visitada por algún medio electrónico el sacrificio inicial se hace más incierto y tedioso.

No es fácil levantar el ánimo cuando el precario sistema de salud muestra sus pobres remiendos. Aún lejos de los anunciados 504 respiradores disponibles los muertos se acumulan a distancia de las UCI. En la calle, en casa, en el peregrinar por atención, van cayendo a los que el virus ataca sin clemencia. No hay respiradores en todo el Perú, no hay equipos de protección suficiente, no hay oxígeno para todos, no hay camas, no hay noticias de los que están en UCI (obligados a morir y ser cremados en soledad), no hay espacio en la morgue, ni horno de incineración, ni funeraria disponible. Todo está al reventar y todo falta.

Estas bastarían para ser las peores noticias. Pero las hay también buenas. La tasa de pacientes recuperados es alta (49%), la de fallecidos es baja (2%), el número de pruebas (12,000 diarias) es baja, pero ha subido y es mayor que en muchos países de la región y el paquete de subsidios es el más ambicioso de la historia del Perú y de la región. La colocación de bonos peruanos por 3,000 millones de dólares ha sido un éxito. La tasa de contagio no baja aun a 8 días, pero los expertos creen que a mediados de mayo todo el esfuerzo habrá valido la pena. Y lo más importante, sino se hubiera parado al país, los muertos hoy serían miles y no cientos. Hay muchas vidas salvadas. Nunca se sabrán cuantas, pero eso es ya una gran noticia.

No se puede hacer planes definitivos desde la incertidumbre. Por muchos meses o años, la distancia social será nuestra nueva normalidad. Pero, hechos los balances hay algunas cosas que no podemos perder: la escuela, la salud, los empleos y la democracia. El virus ha atacado en esos cuatro frentes y es posible que cueste años recuperar mucho de lo que se pierda. Pero no podemos contribuir con políticas desatinadas u oportunistas a que estos males se ahonden.

Se está luchando para salvar el año escolar. En el frente público, con todos los problemas de conectividad. En el privado, con la insolvencia de los padres. Se ha hecho evidente que la inversión en salud es un imperativo pero que las formulas tradicionales de adquisición de todo lo necesario (aun hoy, basta ver la estafa de los respiradores para el hospital de Ate), están inmersas en profundos problemas de corrupción que obligan a soluciones especializadas y probablemente centralizadas para todo el país.

El empleo no se va a recuperar matando a las empresas y la democracia no se va a preservar matando las elecciones y su reforma. Lamentablemente es desde el Congreso, que no da la talla ni por ser nuevo, donde las iniciativas parecen cebarse en ver como redistribuyes pobreza y como desmantelas lo parcialmente avanzado de la reforma política. No se le puede echar la culpa al virus de querer volarse la participación paritaria de mujeres o las primarias universales. Ese es un abuso que sólo ratifica que, como siempre, partidos y candidatos solo saben hacer una cosa bien en campaña: mentir.

Los días que vienen serán difíciles. En el balance, en el debe, no olvidar la situación de las cárceles donde urgen decisiones. En el haber, el inmenso respaldo que, pese a todo, tienen las medidas, los sacrificios, la solidaridad de tantos peruanos y la certeza de que toda epidemia tiene su fin. Esa esperanza será, algún día, realidad.

 

Abril 26

Preguntas para mañana

Los tiempos difíciles obligan a sacrificios. ¿Quién no los ha hecho en estos días? Una suma de pérdidas irreparables: vidas, salud, educación, empleos, ingresos. Otras perdidas serán reparables en el tiempo, pero no por ella menos dolorosas: no podemos tocar a los que amamos. El virus impone distancia y hoy el virus manda.

Pero a esas pérdidas, inevitables, no se pueden sumar otras. No hemos perdido la libertad. Moverse y reunirse esta restringido. También lo está el derecho a la inviolabilidad del domicilio y a la detención en flagrancia o mandato judicial, eso sí, siempre que guarden relación con la pandemia. Pero en todo lo demás no hemos cedido al Estado ni un milímetro de nuestros derechos fundamentales. La libertad de estar informado y el acceso a la verdad no están suspendidas.

Hay enorme riesgo cuando regímenes autoritarios concentran mucho más poder por una causa noble que responde al bien común. La justificación disfraza el abuso. Se confunde a la población ofreciendo un falso canje por el que te dan seguridad a cambio de que entregues tu libertad. El canje siempre favorece al autócrata y nunca a las personas. Los métodos son antiguos. Primero, te asusto. Segundo, te ofrezco un camino de salvación. Tercero, me entregas tu alma. ¿Cuántos pueblos se han perdido en ese trance? Una mirada a los totalitarismos del siglo XX basta y sobra.

Por eso, es un riesgo que un gobernante democrático se burle de la prensa. Puede incomodarlo no tener las respuestas o, tal vez, compartirlas le parece inconveniente. Pero para Martin Vizcarra, salir del paso diciendo “pregunten mañana” como si las urgencias de la gente fueran menos que un zumbido incomodo, lo coloca en un círculo de gobernantes donde no creo que quiera estar.

Hay preguntas. No sabemos toda la verdad de esta pandemia, ni como se toman las decisiones y se asignan los recursos, ni tenemos información de los casos de corrupción, menos de los cambios ministeriales. Nos han ocultado cosas que no debieron ocultarse nunca en una democracia.

¿Quiere preguntas para mañana? Aquí les dejo algunas, Presidente.

¿Está o no está disminuyendo la velocidad en el número de contagios? ¿A cuántos días?  ¿Y cuantos días es el óptimo para el sistema de salud del Perú? ¿Cuándo se logrará esa meta? ¿El 11 de mayo? ¿Cuántos contagios y fallecimientos han proyectado en las actuales circunstancias?  ¿Por qué, si sabían que el descenso de la curva ocurre a los 60 días en el promedio mundial, no nos advirtieron desde el 16 de marzo que la cuarentena sería de meses? ¿Cree que mentir cuatro veces sobre el tiempo del confinamiento da credibilidad? ¿Ha calculado el MEF el costo de 8 semanas sin producción nacional? ¿Cuándo va a revisar su proyección del PBI de este año?

El Presidente del Consejo de Ministros señaló que no habría reuniones sociales hasta diciembre. ¿Cuál es la base científica de esta afirmación? Si es cierto, ¿puede descartar, de una vez, el regreso a las aulas para todo el año? ¿Se rescatará colegios privados? ¿se recesará el año a los que no pudieron acceder a educación virtual?

¿Nos podrían explicar la sorpresiva renuncia del Ministro Moran? Circula un file con imputaciones graves de corrupción en la compra de equipo de protección para la policía nacional, ¿son ciertas estas imputaciones? ¿Esa es la razón de su renuncia? ¿Es responsable político del contagio de efectivos policiales que han estado inadecuadamente protegidos? ¿Por qué hay muchos más contagiados en las fuerzas policiales que en las fuerzas armadas sin ambas patrullan las calles?

Se me acaba el espacio, pero no el cuestionario. Tengo mucho, mucho más. Para mañana.

 

Mayo 3

Sic transit gloria mundi

Más de la mitad de los peruanos se ha quedado sin ingreso alguno. Otro 33% ha visto sus ingresos reducidos significativamente (Ipsos). El PBI de abril se proyecta en negativo, -45% (Apoyo). Un sacrificio económico brutal. ¿Cómo ha reaccionado la población? ¿Hay más delincuencia, saqueos o incendios de mercados? Nada de eso. En una paz social sin precedente transcurre una cuarentena que, postergada tres veces, no tiene fecha real de salida.

¿No habría que felicitar el sacrificio de millones de peruanos que lo han perdido todo? Pues no. El mensaje oficial continúa siendo punitivo y culpabilizador como si el enfermo tuviera culpa alguna de su enfermedad. Ya no se culpa a los que salen a comprar comida (en 47 días hay que comer ¿verdad?) ahora la culpa es de los desplazados, (“caminantes”) a los que solo falta se les multe por dormir en la calle durante el toque de queda.

La punición no caería tan mal, con el bolsillo vació, si esta fuera un exitazo. Es decir, probar que la mano dura es la única vía de cortar el contagio. Pero resulta que algo no está saliendo bien. A más mano dura, a más rigidez, sigue el contagio. ¿Qué pasa? “Es que algunos no cumplen” dice el relato oficial.  Ahora ya no son “todos” los sucios e indisciplinados, es un avance. Pero la explicación ya no alcanza y el gobierno tiene que sincerarse. No se puede imponer bajar la humillada cerviz para perderlo todo. Si sigue así, la desobediencia silenciosa, si será la salida a la larga.

¿Cuál es la verdad de esta gestión? No hay buena data. El informe de IDL Reporteros lo dejo en evidencia. Hay malas compras (investigaciones en curso en la Policía Nacional y el Ministerio de Salud). No hay pruebas moleculares suficientes para identificar y aislar asintomáticos (pieza clave de una buena estrategia) ya que más de un 30% transmite la enfermedad que no saben, ni tienen como saber que padecen, sin un test. No hay detección temprana masiva, aislamiento y cerco epidemiológico, otra pieza clave. Hay lentitud en aprobar y suministrar tratamientos tempranos con relativo pero probado éxito en otros países. Hay más lentitud en abrir más camas, contratar más médicos, montar hospitales temporales o salir con el nivel básico de atención a buscar y atender enfermos en sus casas para parar la enfermedad ahí. Plata, hay. Y nada de esto es acción de las malas gestiones anteriores, que las hubo y muchas.  ¿Decir esto es criticar al gobierno? ¿Es ser un obstruccionista aprofujimorista? ¿Es bajarle la moral al pueblo?

Decir la verdad es hoy un acto de sobrevivencia. Es un deber moral ineludible porque no solo está en juego la vida de inocentes sino también el futuro de un país arruinado. Con los actuales números la cuarentena puede durar 70 u 80 días. Tal vez más. ¿No lo sabe el Gobierno? ¿Qué economía lo aguanta? Salvar vidas y salvar trabajos, se puede hacer a la vez. Eso requiere la humildad de hacer cambios de estrategia. Y no cambios silenciados como la salida del Ministro Moran que deja más de 1000 policías y más de 1000 cadetes contagiados, además de un escándalo de corrupción. Como lo sucedido en Castro Castro, con 9 muertos en un motín (y un Ministro “aquí no pasa nada”) esto tampoco va a quedar impune. No se convierte la prisión en un matadero o se pierde decenas de vidas policiales por incompetencia y corrupción con la complicidad del silencio o la mentira.

El Presidente decidió jugar a Pilatos con el Congreso y las AFPs.  No va a poder usar el mismo truco político, dos veces. La popularidad es efímera y debería saberlo, a estas alturas, por su bien y el nuestro.

 

Mayo 10

El tigre y el elefante     

El virus es un felino. Se camufla ante sus víctimas. Corre veloz y salta sobre ellas dejando enfermedad y muerte. Es ágil y se adapta a todo cuerpo. El Ejecutivo es un elefante. Su fortaleza está en su dimensión. Pero es visible y lento. Caminar al ritmo del tigre le cuesta. Pero, a la larga, puede vencerlo. El tigre no tendrá en donde correr. El elefante seguirá bien parado.

Si algo sabemos del Covid 19 es que todavía no sabemos lo suficiente. Esa humilde constatación obliga a una estrategia de ensayo/error en condiciones de extrema velocidad. El error se tolera, al no haber otra salida, si es que se corrige de inmediato. Es un error que se paga con vidas, pero persistir en él se paga con muchas más vidas. Si aislar a las personas muchas horas al día, durante semanas, puede parecer una buena estrategia y no funciona como se esperaba, necesitas respuestas. La velocidad de respuesta es la que acerca al elefante a triunfar sobre el tigre. Un buen pisotón del elefante y adiós tigre.

El gobierno, este viernes, parece haber dado un giro en la estrategia contra el virus. Primero, reconoce el error. En una sociedad que tiene el perverso placer de buscar culpables en lugar de causas y soluciones, enmendar es un mérito. Es evidente que algo no está funcionando y no es el pueblo. La velocidad del contagio baja, pero muy lentamente. Segundo, busca conocer a la sociedad. Si 8 millones de peruanos no tienen agua, ¿cómo se van a lavar las manos varias veces al día? Si un tercio de los hogares urbanos no tienen refrigeradora, ¿cómo van a comprar una vez por semana o quincena? Si 50% de los hogares se han quedado sin ingresos y esos mismos hogares no están bancarizados, ¿por qué los mandas a cobrar un bono a un banco al que le recortas las horas de atención? Lo bueno, es que el gobierno ya entendió. Lo malo es que se demoró. Lo tonto, es que, en parte, persiste en la medida. No se trata de ampliar un horario en dos horas cuando deberías proveer el máximo posible de horas de atención, justamente para evitar la congestión.

Recién en el día 54 se ha entendido que la estrategia requiere identificar e ir a los focos de contagio e ir a los enfermos leves y darles un tratamiento oportuno, tanto como ampliar la oferta hospitalaria. Focos creados, no por la gente y su necesidad, sino por el gobierno que no entiendo la necesidad de su propia gente. Se han dedicado, medios incluidos, a trasladarle la culpa de su enfermedad. Mucha de ella, hasta en los alrededores de Palacio de Gobierno, ya ésta trabajando fuera de cualquier fase, harta de la amenaza de la punición. ¿Son sucios y malvados? No. Apuestan por la vida, pero una vida con el estómago lleno, que se mueve al margen de los requisitos que el elefante inventa para la formalidad.

Este viernes, por fin, se ha reconocido el enorme sacrificio que ha soportado la población sometida a una de las cuarentenas más rígidas del mundo con un cumplimiento notable según todas las cifras disponibles.  ¿Ha salvado vidas? Por supuesto y es necesaria. Sin embargo, ¿hoy es suficiente? No. Medidas complementarias son urgentes. Cuando el tigre va veloz, el elefante necesita correr por delante para que no lo alcance.

Como si faltaran desgracias, a la pandemia y a la recesión, se ha sumado, como tercer jinete del apocalipsis, el Congreso. No solo no ayuda. No solo estorba. Hace mucho daño. Pero no hay tigre o elefante que pueda con ellos. Esos sí son, en lo necio y corrupto, indestructibles e inmutables.

Mayo 17

Dolores de parto

Cada vez es más evidente la tensión dentro del Ejecutivo entre dos grupos que, con buena argumentación, tienen razón, cada uno en lo suyo.  Uno está liderado por el Ministro de Salud y el otro por la Ministra de Economía. Bajo este liderazgo podría creerse que los ministerios vinculados a sectores productivos (producción, agricultura, energía y minas, transportes y comunicaciones) están enfrentados a los ministerios sociales (educación, trabajo, justicia, ambiente, inclusión social) alineándose los primeros con el liderazgo del MEF y los segundos, con el de Salud. Pero no es así. Los grupos tienen una alineación mixta pero el del MEF es menos numeroso.

¿Cuál es la discordia? El costo económico de la pandemia. El Perú decreció en marzo – 16.2% (INEI). La cifra oficial de abril no se conoce, pero hay unanimidad en que será significativamente peor. En un escenario optimista, -30% y uno pesimista, -50%. El éxito de la salud pública es pasar la epidemia con el menor costo de vidas arrebatadas por el Covid 19. El éxito del manejo responsable de la economía es pasar la epidemia con el menor costo de vidas entregadas a la pobreza. Hay momentos en que se puede hacer las dos cosas a la vez. Pero nos acercamos al dramático momento en que prevalecerá un objetivo sobre el otro.

Es por esa razón que el Ejecutivo se ha convertido de manera simultánea en una maquinaria de sobreregulación y desregulación. El caso del uso de guantes no es anecdótico, es simbólico del pleito interno. Los “sanitarios” versus los” económicos” unos, regulando más y los otros desregulando a la vez. La edad, la obesidad, las enfermedades que impiden regresar al trabajo, el trabajo remoto, la enfermera cada 20 trabajadores, los horarios del toque de queda, los protocolos sectoriales, los registros. Todo está hecho para demorar la salida a trabajar, y así bajar el riesgo de contacto mientras que el MEF necesita, desesperadamente, que el país vuelva a producir. En el fondo, más que buenas prácticas de sanidad, los “sanitarios” preferirían una cuarentena sin fecha de cierre. El MEF cede para garantizar su interés en la salud, tratando ambos de forzar un arriesgado punto medio que no satisface a ninguno.

Dicen que los peruanos estamos condenados a escoger el mal menor. Los grandes dilemas éticos son eso. Ambos grupos en el gabinete representan las mismas preocupaciones del ciudadano. Por un lado, el deseo y la necesidad de moverse para ganarse el pan. Por otro, el miedo al contagio. Pero, hay una diferencia. Quienes administran el Estado tienen mucho mejor información que el ciudadano, o deberían tenerla. Es sobre la base de esa información, a veces incompleta porque no todo se sabe en lo que concierne al virus, que se tienen que tomar decisiones. En ese contexto dramático, ¿Cuáles son las mejores decisiones? Aquellas que, al menor costo posible, salvaron la mayor cantidad de vidas posibles. Aquellas que, en unos años, se podrán explicar cómo racionales.

Regresemos a los guantes obligatorios en mercados. Si la medida no reduce el contacto humano con el virus o, por el contrario, lo incrementa, es una medida costosa e inútil.  Debe desecharse. Tomemos el caso de restaurantes. Se permite en Lima, pero no en provincias, aun en aquellas con muchos menos casos que en Lima. Es una medida costosa para el empleo sin ningún beneficio sanitario demostrable. Podríamos ir así por cada decreto, resolución o protocolo. El problema es que es extenuante. Se han expedido de marzo a hoy, decenas de normas que lo regulan todo, hasta asuntos absolutamente ajenos a la pandemia. Muchas de ellas contradiciéndose el mismo día. No son más que el reflejo de la tensión ministerial que vive con nosotros. ¿A qué costo? Eso todavía está por verse.

Mayo 24

La urgencia de corregir

En una de las piezas de oratoria más confusas que recuerde el país, el Presidente Vizcarra prorrogó el estado de emergencia hasta el 30 de junio. Casi al concluir, luego de 90 minutos de suspenso y enredos verbales, fue urgido a aclarar que la cuarentena (suspensión absoluta del derecho de reunión y restricción severa del libre tránsito) también continuaba con alguna “flexibilización”. El detalle de este premio a la vida hogareña se debe conocer en un decreto supremo, qué, según el Presidente, se aprobó ayer, pero que hasta esta hora (mediodía del sábado) no se ha publicado. El problema constitucional es que muchas otras libertades se suspenden por esta vía, a veces, sin ninguna racionalidad.

Se adelantó que algunas actividades demonizadas en semanas pasadas como la entrega a domicilio por terceros ahora sí, es bienvenida y promovida. Colombia y Argentina nunca prohibieron el sistema. Ahí están los números sanitarios y económicos para comparar el costo del desatino.  ¿70 días demoró entender el gobierno que llevar todos los bienes y servicios al hogar o, al menos, al barrio, reduce la congestión y por ende el contagio a la vez que salva empleos? En lugar de promover la organización popular para el despacho y entrega de alimentos, medicamentos y bonos, redujeron las horas y días de atención obligando a la gente a salir más veces a lugares hacinados. Ese ha sido, tal vez, uno de los peores errores sanitarios. Y todavía no liberan los domingos.

Sin embargo, imponer delivery para todo es también absurdo. Hay actividades que requieren su espacio y herramientas. El dentista a domicilio ésta muy limitado y es probable que las peluquerías se nieguen a correr el riesgo cuando la variable sanitaria pueden controlarla mejor en sus locales. El problema de fondo es la mezcla del deseo de controlar ciegamente todo mientas que todos presionan por lo suyo. El resultado es irracional e inconsistente y, en algunos casos, inconstitucional.

Lo grave es que el sacrificio de la recesión económica no ha tenido el premio sanitario anhelado. Esta semana un artículo de Financial Times hizo una comparación que ya había adelantado el periodismo de investigación peruano. ¿Cuánta gente murió de enero a abril del 2020 y cuánta, en el mismo periodo, en el 2019? La gente muere siempre, eso no es novedad, pero los grandes incrementos denotan un problema sanitario. La diferencia es, en números gruesos, 9000 muertes de las cuales 3000 son las oficiales por Covid19. ¿Y las otras 6000? Sub registro y muertes por desatención a otros problemas de salud. Es decir, muertes derivadas directamente de la medida de cuarentena. ¿Cuántas? Nadie lo sabe, pero podrían ser tantas como las causadas por el Covid19. ¿Fue tan letal el remedio como la enfermedad?

No hay duda que la cuarentena le ha arrancado vidas al nuevo virus, pero la medida se agota cuando el sistema de salud colapsa sin poder atender a otras enfermedades. A pesar de ello, el Presidente anunció que el país había llegado a una meseta de contagio. No se volvió a hablar del tema el viernes. ¿No son las cifras del Financial Times dignas de ser explicadas? Se calcula que el número de casos puede ser 10 a 30 veces mayor que los detectados y que el 80% es completamente asintomático. A estas alturas, en el mismo comité de expertos del Minsa se duda de la necesidad de hacer tests por lo masivo del contagio. Y se manejan números reales de un millón de contagiados, lo cual no elimina la epidemia, pero, reduce la posibilidad de contagio en zonas por donde ya arrasó. ¿Por qué no sincerar la información para corregir lo que aún es posible salvar?

Urge reconocer y corregir. Pero no a paso de tortuga y a la defensiva.

 

Mayo 31

Competir para vivir

Una batalla en las ciencias recorre el mundo. Se ubica en laboratorios, hospitales y en los cuerpos de animales y personas. El enemigo es común. Los caminos para vencerlo, diversos. Una dinámica muy veloz de colaboración y competencia para producir métodos de diagnóstico más rápidos, más precisos y más baratos; un tratamiento eficaz y económico; y una vacuna de producción masiva y de distribución mundial contra el Covid 19 ha puesto a las mejores y más brillantes mentes al servicio de esta causa.

Un virus desconocido hace tan solo seis meses tiene secuenciado su genoma, aislados los anticuerpos que lo combaten, fases de prueba en tratamiento y vacunación además de múltiples aplicaciones de diagnóstico. Se han diseñado nuevos dispositivos médicos de protección y ventiladores económicos. Una ingeniería sanitaria de emergencia instala plantas de oxígeno en horas y levanta hospitales en terrenos baldíos en cuestión de días.

La necesidad agudiza el ingenio. Pero la competencia multiplica nuestra velocidad de logro. Por la gloria o por la vida, no hay día que no tengamos noticias de los notables avances que dan esperanza a la humanidad. Pocos dudan que una vacuna sacará al mundo de la muerte y la recesión. La pregunta hoy no es quien lo hará sino, ¿quién lo hará primero?

Todo el avance científico no está organizado en un organismo central de planificación. Laboratorios, universidades, institutos de investigación, con financiamiento privado, público o mixto están liderando esta carrera. En algunos países el Estado se mete hasta los codos (lo cual no acelera las cosas), en otros sólo financia y, en otros, la ciencia corre sola en el sector privado. Cualquiera sea el caso esta es una carrera que todos quieren ganar.

Para los que tenían la esperanza que eso mal llamado “nueva normalidad” se acomode a su particular utopía, sobre todo si es socialista y tiene al Estado como planificador central y propietario de los medios de producción, esta competencia mundial no encaja en su paraíso. Pues resulta que la investigación científica, bajo ciertos parámetros éticos, es libre. Sin esta libertad, es imposible la adquisición de conocimiento. Sin curiosidad y pensamiento crítico es imposible el descubrimiento. Por eso, una vez más, en esa libertad está la salvación de la humanidad.  Solo sociedades libres pueden alcanzar los más altos estándares de investigación. Los autoritarismos pueden invertir más, pero ahuyentarán a sus científicos al subordinarlos a sus requerimientos políticos.

Son ya tales los costos de la recesión mundial provocada por la pandemia que, cualquiera sea la necesidad de financiamiento para la producción y distribución, éstos serán cubiertos. ¿Cómo? En esto falta acuerdo. En ese plano son los Estados los que deben buscar mecanismos de colaboración que son indispensables. No puede quedar nadie fuera por una razón no solo humanitaria sino también utilitaria. Si queremos tener un mundo conectado de manera presencial, cualquier brote, en el más pequeño y alejado lugar del planeta, es una amenaza. Solo queda detener todas las amenazas a la vez.

En nuestro país hemos importado mucha más ciencia de la que hemos producido. No por falta de talento, mucho del cual migró para ponerlo a disposición de quien pudiera financiarlo. La falta de interés del sector público y privado ha corrido a la par. Ha sido una mala apuesta. Hay muchas preguntas para responder que podrían alentar investigaciones aplicadas en Perú. Por ejemplo, ¿por qué hay menos casos y mucho menos fallecidos en ciudades por encima de 3,000 metros de altura? Hasta ahora hay hipótesis, pero ninguna investigación. Tal vez el gran aporte científico peruano está en las alturas de los Andes adonde volteamos a mirar poco. ¿Alguien que quiera competir?

7 de junio

Una vergüenza internacional

El viernes último se difundió una carta suscrita por cuatro embajadores acreditados en el Perú (Colombia, Canadá, Australia y Francia) dirigida al Presidente del Congreso. En ella manifiestan su “profunda preocupación ante medidas como las previstas en la Ley 31018 que vulnera seriamente la estabilidad y seguridad jurídica y contractual”. ¿De qué se trata? De la ley que suspende el cobro de peajes durante el estado de emergencia en aquellas carreteras construidas y mantenidas bajo inversión privada extranjera proveniente de estos países.

La Constitución de 1993 incluyó un artículo que es la piedra angular en la protección a la inversión privada nacional y extranjera. Este artículo es la razón por la que se han podido desarrollar obras gigantescas o usted puede alquilar una parte de su casa con la absoluta tranquilidad de que no perderá su renta por intervención del Estado. El artículo 62 dice “la libertad de contratar garantiza que las partes puedan pactar válidamente según las normas vigentes al tiempo del contrato. Los términos contractuales no pueden ser modificados por leyes u otras disposiciones de cualquier clase”.

“Pacta sunt servanda” no es un invento de la autocracia fujimorista como algún político me dijo. Es la base del derecho civil, creado por los romanos, por el cual el contrato obliga a las partes. Toda la prosperidad de un país desarrollado se basa en sólo esto: si das tu palabra, tienes que cumplirla. Si esta conducta se expande a todos los ámbitos de la vida humana, tienes una sociedad asentada en el estado de derecho y no en el abuso y la picardía. Por supuesto, el socialismo peruano odia este artículo de la Constitución porque no permite arrebatar propiedades y rentas para jugar a Robin Hood.

Sin embargo, para este Congreso la Constitución es papel higiénico. Para favorecer los intereses de sus amigos camioneros decidieron regalarles el peaje. ¿Por qué? Vaya usted a saber. Los precios de productos que se transportan por las carreteras del Perú no han bajado, ¿verdad? Pero, flaco favor les ha hecho. Cuando sus camiones circulen por pistas sin mantenimiento por meses veremos qué tan cara les salió la gracia.

Sin embargo, lo más grave es lo que esta ley ha destruido. Casi 30 años de trabajo para atraer y consolidar inversión privada de gran magnitud que es la única que puede producir un adelanto social y reducir hoy las brechas en infraestructura en carreteras, puertos, aeropuertos, interconexión y generación eléctrica, agua y saneamiento, interconexión digital.  Inversiones en las que el Estado y el sector privado peruano sólo pueden participar en porcentajes menores dado que no tiene la posibilidad de realizar inversiones gigantescas. En un país en recesión, dentro de un mundo en recesión, la única ventaja que podíamos exhibir era la de ser un país serio, cumplidor de sus obligaciones internacionales, que ofrecía al mundo la garantía de una Constitución garante de la palabra empeñada.

Los cuatro embajadores representan el esfuerzo coordinado de cuatro cancillerías. Cuatro países en los que el Perú tiene relaciones bilaterales y multilaterales muy sólidas. Uno de ellos, limítrofe.  ¿Qué creen que leen los demás Estados del mundo en esa carta? Aquí no viene un centavo más, cuando más lo necesitamos. La calificación de riesgo país va a caer (encareciendo el crédito internacional para todos) y, llevado a tribunales internacionales, el Estado peruano perderá hasta lo que no tiene. ¿Por qué? Porque un Estado que no respeta ni su propia Constitución, no respeta a nada y a nadie. Es, por tanto, un paria internacional. Ahí vamos.

Si hubiera justicia, los congresistas que votaron a favor de este engendro jurídico deberían ser solidariamente responsables con sus patrimonios personales por el inmenso daño causado que, a estas alturas, parece irreparable.

 

14 de Junio

Noticia de un fracaso

No hay duda que los primeros 30 días de cuarentena fueron necesarios. Se ganó tiempo para mejorar el servicio hospitalario, entrenar al país en medidas de contención y, sobre todas las cosas, “aplanar la curva”; es decir, reducir la velocidad del contagio. Se salvaron vidas.

En ese primer mes se registraron varios aciertos y otros tantos errores. El Presidente se ganó la confianza popular, elemento central que favorece la obediencia ciudadana a normas de salud pública; se formó nuevos equipos en materia sanitaria; y, se llevó a cabo un programa de alivio económico focalizado. Pero una visión militarizada y punitiva caló hondo en el gobierno. La estrategia de comunicación (a la que se auparon muchos medios sin ninguna capacidad crítica) fue culpar al pueblo de su propia desgracia. En esta lógica solo el castigo enseña. Menos lugares, menos horas y menos días para comprar medicinas y comida y para cobrar el bono de alivio, aglomeraron a miles de peruanos promoviendo un contagio brutal del cual hasta hoy pagamos las consecuencias. Esa sola constatación demandaba un giro radical. Sin embargo, a 90 días de cuarentena seguimos con un día a la semana cerrado, toque de queda, agencias bancarias en número reducido y se sigue culpando a una ciudadanía, en su gran mayoría ejemplar que, pese a todo, ha aprendido a cuidarse sola entre ollas comunes y estrategias de sobrevivencia.

La cuarentena, como medida estrella, va a extenderse 105 días. Pese al discurso oficial no hay médicos y medicinas disponibles en el primer nivel de atención que satisfagan la imparable demanda. Los tests se usan como método de descarte (las pruebas rápidas no sirven para eso) en lugar de administrar medicamentos por síntomas. Y lo más grave: no se hace seguimiento de enfermos, ni de contactos. No se les aísla. Se les deja a su suerte, contagiando a otros sin saberlo, hasta que algunos están tan graves que sus familiares mendiguen una cama en la puerta de un hospital. Una cama que no llega y que el gobierno insiste en que no falta. Miles ya tomaron la decisión de ahorrarse el trance y prefieren morir en casa. Este factor, entre otros, ha hecho explotar el sub registro de fallecidos por Covid, donde lo único que está claro, es que no son 6,500 los muertos reales.

La proyección del Banco Mundial de decrecimiento en -12% es la peor de la región. No se quiso abrir la economía en zonas del país donde la enfermedad no está. Se ha sacrificado todo el sur andino del Perú a cambio de nada, en una miope visión centralista. Somos el único país del mundo con una cuarentena de 105 días idéntica para 32 millones de habitantes en un territorio que puede abarcar la extensión de cinco países europeos.  Esto ha sido acompañado de una pandemia normativa, con un sesgo anti empresa, donde la alianza de los ministros de salud, producción y trabajo, que parecen idolatrar el papeleo y la burocracia, ha destruido la salud (no se atienden otras enfermedades), el trabajo (millones de desempleados arrojados a la informalidad) y la producción (empresas quebradas).

Frente a todas estas desgracias, la comunicación política se apaga cada día entre la confusión, la ausencia de mensajes diferenciados y el silencio absoluto. No extraña entonces que una comunidad en Huancavelica crea que las antenas propagan el contagio. Eso pasa cuando la autoridad ya no es confiable, aunque tenga 70% de popularidad.

Esta, lo siento tanto, no es nuestra mejor hora como lo esperaba en marzo. Sin cambios (las soluciones están a la mano), solo queda esperar los mismos resultados. Con data confusa, sin seguimiento de contactos, sin medicina preventiva, sin estrategia territorial diferenciada y perdiendo la confianza, estamos en el peor de los escenarios: todas las muertes y todas las hambres.

 

 

21 de junio

Bombita y Cachito

En uno de los cortometrajes que integran la película” Relatos Salvajes” (2014) Ricardo Darín encarna a un ingeniero, experto en demoliciones por implosión, que se rebela contra una burocracia ciega y asfixiante que lo ha privado de todo lo que importa: su empleo y su familia. Victima cotidiana de normas absurdas se ve obligado a pagar una multa injusta y quiere que se le escuche, que se le muestre respeto, que se atiendan sus válidas razones para no pagar. Cuando lo ha perdido todo, con milimétrica precisión para no causar daño a nadie, vuela las oficinas de cobranza. El ingeniero anónimo llega a la cárcel, pero para ser celebrado como héroe, la figura de reivindicación del ciudadano oprimido.

He pensado mucho en Bombita en estos días, así como en otro involuntario rebelde. ¿Recuerdan, al principio del aislamiento, a Cachito? Todo lo que hizo fue salir en soledad a pasear al perro. Un patrullero, dos autos de serenazgo y una turba de periodistas cubrió la infracción “a la ley y el orden”.  Sólo, era imposible que se contagiase o que contagiase a alguien. Toda la escena era ridícula. Pero eso es irrelevante. La burocracia impone control, no atiende razones. Se lo llevaron detenido.

El dato del 70% de informalidad en la economía peruana no es un secreto para nadie ni una revelación de pandemia. En lo tributario y laboral millones de peruanos aceptaron, de buena o mala gana, las condiciones que la realidad impone. Es un trato que parece justo, pero no lo es. “No le pido nada al Estado, no le doy nada al Estado”. No es cierto. Le das poco, le pides poco. Pero necesitas al Estado y el Estado necesita de tí. Ese es el consenso social que el Perú no alcanza, tal vez, desde la fundación de la República.

La pregunta es ¿por qué? Se cree con fe ciega que el único campo de batalla para formalizar el país es el de la ley. Por ley, creamos un mundo formal para un porcentaje del país. Cada vez que el porcentaje se achica, ¿Cuál es la solución? Mas normas. No mejores normas, no normas que parten del estudio de la realidad. No. Se hace normas que crean su propia realidad. ¿La verdad?  Una ficción que parece perfecta desde el mundo fantástico de la burocracia, o, peor, de un grupo de interés (a veces corrupto) que no entiende los costos que impone.

¿No es razonable que la gente compre sus alimentos una vez por semana en medio de una cuarentena? Parece ser de lógica elemental. Pero, ¿si no tengo refrigeradora? Este ejemplo, tan fácil de entender, tiene que llevarse al mundo laboral, tributario, registral, municipal. Ese costoso mundo donde abogados y contadores son el oráculo de un Ejecutivo que hoy sufre de una incontinencia normativa que nos está matando, tanto como el virus. Un mundo caro e inútil, del que cualquiera, que asume responsabilidades, quiere salir corriendo, pero al que está condenado un 30% (que produce el 80% del PBI) que, recesión en marcha, se adelgazará mucho más.

Un buen legislador sabe una cosa: el derecho sigue a la vida. Cuando pretendes forzar y someter la vida a la ley tienes la chispa de una revolución, la rebeldía salvaje o el más extendido y silencioso incumplimiento masivo de lo que resulta caro, irracional y, a la larga, obsoleto porque nunca tuvo un mínimo consenso social.

Si algo ha dejado ver esta pandemia es que dentro de cada peruano hay un Cachito y un Bombita latente o en próxima implosión. Si hay algo urgente que debatir es qué entendemos y aceptamos como normas de conducta razonables y universales, que concilien el empleo, la salud y la justicia. Un debate 200 años postergado.

 

28 de junio

Limeñadas

“Seamos verdaderos, aunque la verdad desquicie a una nación entera” decía Manuel Gonzales Prada en el teatro Olimpo en 1888. Le costó muchos sinsabores eso de andar buscando la verdad. No en vano en ese mismo acto pedía romper “el pacto infame y tácito de hablar a media voz”.

Hace más de cien años murió Gonzales Prada y su prosa de acero regresa cuando los tiempos duros aprietan el alma y el bolsillo. Lima, la ciudad política y caótica, tiene la habilidad de cerrar los ojos de sus habitantes y dejarles solo la lengua o cerrar las lenguas y dejar solo los ojos.  El que ve, calla. El que no ve nada, pontifica e insulta exaltado.  Así, con los sentidos parcelados, la verdad no aparece brillante como la luz. Y donde no hay verdad, difícil que exista acción, cambio o corrección.

Se publica una norma confusa. Los silenciados ven el problema, pero te urgen a callar. Los que no ven nada, no ven la inexactitud o el vacío porque les es irrelevante. En Lima, como en ninguna otra parte, hay un acuerdo tácito que no debe revelarse jamás: nadie cumple una norma que es confusa. Está ahí para aparentar que hay ley y orden. Lo que se espera es que cada uno se muestre como su celoso defensor y luego haga lo que pueda o lo que quiera porque no habrá autoridad capaz de hacer cumplir nada. Con el tiempo, todos se habrán olvidado. Muy de vez en cuando, las cosas van a en serio. Pero esa es la excepción que cumple un tercio, ese que hace la diferencia. El resto, continua en la informalidad que, silenciosa o vociferante, hace su propia ley y vive su propio orden.

Así es Lima, pero decirlo te puede costar mucho. Se espera, por ejemplo, que digas que eres solidario. No se espera que seas solidario. Decir, “mi solidaridad con mis compañeros despedidos” basta y sobra.  “¿Cuánto vas a poner para ayudar a tu compañero con discreción?” es una pregunta ofensiva en esta ciudad. “No se trata de eso”, te dicen con fastidio.  Lo importante es abrir la boca y decir cosas bonitas. Pero decir la verdad, ¡qué insulto!

Si se conoce el carácter del limeño se entiende porque al Ministro de Salud se le hace imposible reconocer que la salud pública, en Lima, no tiene camas. Decir esto, en esta ciudad, es un sacrilegio. ¿Vas a decir la verdad? Ni hablar, lo que se necesita es otro malvado. Es bastante sencillo. Buscas unos diez casos de abusos privados extravagantes y los presentas como la norma. Personas verdaderamente desesperadas a las que haces deambular por medios de comunicación. Amenaza con pistola descargada y luego un heroico anuncio: “yo lo pago todo”. Por supuesto, ni una palabra sobre los millones que el SIS y Essalud deben a sus asegurados, ni las penurias de estos en SuSalud y el Poder Judicial para cobrar lo que siempre les correspondió por derecho. Ni mencionar a los 530 pacientes Covid atendidos en el sector privado que no han pagado y sobre los que el Ministro dice que van a revisar “caso por caso” como si de sacarte la lotería se tratará. Los que ven, callan y los que no ven nada, son la boca del coro complaciente.

La amenaza de la expropiación asusta a todo el que tenga algo que expropiarse. Pero mejor es quedarse callado. Nadie como un empresario limeño para ver, murmurar con ira y callar con fuerza.  “Que otro hable”. Si lo ciegos son hipócritas, los mudos son cobardes: “Nos han dicho que no es en serio”. Basta y sobra.

“Yo hago como que sí y tú haces como que no”. Al final, todo sigue igual, mientras que los sanos no dejan de contagiarse y los contagiados no dejan de morir. El pacto infame y tácito, intacto.

 

 

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