Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

28 octubre, 2019

Días de furia

Corría el 2012 cuando visité Chile para hacer un reportaje sobre el diferendo de límites marítimos con Perú que se ventilaba en la CIJ de La Haya. Hablé con autoridades de todo origen, periodistas, abogados y ciudadanos de la calle. El argumento repetido en todas las entrevistas era que el tema estaba zanjado en un tratado de límites marítimos. Pero, cualquiera que hubiera estudiado el caso unos minutos sabía que tal tratado no existía. Así lo reconoció la Corte.  Sin embargo, lo que me impresionó es que todos y cada uno de los entrevistados, no importaba su nivel social o tendencia política, en las calles o en sus oficinas, le creían a su Estado. Creían una mentira, pero su fe era verdadera. No les alcanzaba la duda ni para ir a buscar el documento inexistente. Esa fe que los peruanos jamás tuvimos en nuestros gobiernos o en nuestros gobernantes, ellos la tenían.

Digo la tenían, porque ya no la tienen. La furia de estos días, imprevisible, caótica, desbordada, y sin lideres visibles, está respaldada por el 80% de la población. ¿Qué pasó? Perdieron la fe. Dejaron de creer que, con las mismas condiciones, un mejor futuro era posible para ellos y sus descendientes. Esa promesa rota, esencial de la vida republicana, se ha manifestado con toda violencia y sin visos de solución a la vista.

No hay pueblo que en su historia no haya vivido sus días de furia. La paja seca se pone al sol con la indiferencia, la prepotencia, el desdén o el terror que puede ejercerse con facilidad desde el poder político. De pésimas lecturas y peores reacciones está llena esta historia. Así, solo basta una chispa para incendiarlo todo. Y en Chile no ha sido una metáfora. El fuego ha destruido emblemas de esa confianza rota como puede serlo el mejor metro de la región o cientos de supermercados. ¿Es irracional? Lo es. Pero la furia no sabe de razones. Explota sin contención. Poco a poco, se va encauzando hasta que un día se calma y comienza a construir sobre las cenizas, a veces algo nuevo, a veces, no tanto.

¿Qué hay oportunistas? Sin duda; la furia es su tierra más fértil. Desde el lumpen y los vándalos que roban no por necesidad, hasta los políticos de derecha o de izquierda (da lo mismo) pasando por el crimen organizado. Lo que hay hoy en Chile es una amplia clase media baja que, apenas hace una generación, o tal vez dos, salió de la pobreza y no quiere volver a ella. Pasaron, como millones de latinoamericanos, de no tener servicios a tenerlos. Hoy los quieren de calidad y a un precio pagable. Educación, salud, energía, agua, vivienda, transporte y pensiones concentran a la protesta.  ¿Se puede cambiar? Sí. Un sistema de redistribución de rentas por la vía impositiva es una de las llaves más rápidas. Pero puede ser ya muy tarde y avanzarse muy poco.

¿Tendremos “efecto contagio” en el Perú? Nuestra sociedad no tiene fe en el Estado, espera recibir poco y le paga poco. El grito de los estudiantes chilenos “¡evade!”, aquí, es un himno. El 80% de la PEA es informal. Pero hay algo más. Aquí, al menos en los últimos tiempos, a los políticos corruptos los están metiendo presos. No importa si es un ex Presidente. De esas victorias simbólicas se construye una nueva fe. No pone plata en el bolsillo, pero de eso también se vive.

Columna publicada el domingo 27 de octubre del 2019 en el diario La República

 

 

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