Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

23 septiembre, 2019

Renovación al tercio

El próximo noviembre el Presidente Martín Vizcarra cumple 20 meses en el cargo, el mismo tiempo que duró la presidencia de Pedro Pablo Kuczynski. Es probable que, como su antecesor, para esa fecha haya sido vacado del cargo. Eso dejaría a Mercedes Araoz en la presidencia por los últimos 20 meses de gobierno. La fórmula 20 – 20 – 20, impensada el 2016 para cualquier elector, parece ser hoy nuestro inmerecido destino.

Cierto es que el Estado peruano, a veces, es innovador en materia constitucional disparatada. Alberto Fujimori dio un golpe de Estado para tener su propia asamblea constituyente e introducir la reelección. El modelo fue copiado en Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Colombia. Pero, ¿gobiernos de 20 meses? Ni en las democracias parlamentarias es sostenible este invento peruano de “renovación al tercio”. Pero, ahí vamos.

El plan fujimorista ha tenido que ajustarse desde la derrota del 2016 y la cárcel de su líder Keiko Fujimori en octubre del 2018, pero hoy, recompuesto, está cumpliendo su objetivo: controlar todo el poder. Con Kuczynski no había intención de consensuar nada y la orden era no tomarlo prisionero. No demoró mucho el aniquilamiento político. Con Vizcarra la idea fue la opuesta: mantenerlo como marioneta. Para ello, la conspiración dirigida por Cesar Villanueva aseguraba un cambio de mando favorable para los intereses de Fujimori. Pero el títere no quiso serlo desde julio del 2018.

En su rebeldía, Vizcarra ha tenido varios aciertos políticos para recuperar la iniciativa y vencer en las urnas. Pero hoy está atrapado. El adelanto de elecciones será impedido por Fuerza Popular y sus aliados con todo lo que tenga a mano, incluido el copamiento del Tribunal Constitucional que se consumará con los 87 votos que ya tienen pactados en secreto para el próximo 30 de setiembre. Bajarse, a como dé lugar, la ley que permite el convenio con Odebrecht es el objetivo de fondo y los votos parlamentarios están listos para sumarse. Muchos intereses hay en juego. Con sacar a Espinoza y a Ledesma, basta. No podrá decirse que hubo repartija y el control quedará consumado con 5 de 7 magistrados. Que le quede claro a todos que lo que está en juego es conocer la verdad sobre las redes de corrupción en la política peruana. Eso es lo que se quiere ocultar.

¿Qué puede hacer Vizcarra? Su sustituta está más que dispuesta a colocarse la banda presidencial. Las rencillas no la dejan ver que será un títere más de un juego ajeno. Una lástima volver a quemarse como cuando mintió con el indulto a Fujimori. ¿Cuestión de confianza? Como le pasó a Kuczynsky, cuando no lo hizo con Saavedra, ya es tarde. Si se pudiera cerrar este congreso, elegiríamos uno para un mandato menor a 18 meses. ¿Vale la pena? Tal vez, podría intentarlo como un acto suicida de los que mueren con honor. Pero el Congreso, con su tribunal ad – hoc, dirá que “no se puede” que es “inconstitucional”. Y Pedro Olaechea ya tendrá un colchón internacional de soporte. De ahí a la vacancia “express”, solo hay un paso. 87 votos todo lo logran en este congreso, aun para dar un golpe de Estado material.

¿Qué hará Vizcarra? Solo le queda una semana. Si no convence a Araoz, mejor hacer maletas.

 

Columna publicada el domingo 22 de setiembre del 2019 en el diario La República

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