Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

25 agosto, 2019

La gran conspiración

Los peruanos decimos que nuestra política nunca es aburrida. Fundamento hay. Los más odiados enemigos pueden terminar siendo aliados o el más severo fiscalizador pasar a ser empleado del fiscalizado. Todo puede cambiar en minutos para que nada cambie nunca. Lo extraordinario y lo estrafalario conviven como si fueran lo ordinario y lo banal. Por eso, no es extraño que seamos campeones en teorías de la conspiración. Vale la pena tomar nota de las que vienen circulando estos días tan polarizados:

Desde la esquina de los simpatizantes de Keiko Fujimori los chismes vienen así: “¿No sabes? Vizcarra controla todos los medios de comunicación y todo el sistema de justicia. Jueces y fiscales trabajan en una agenda coordinada en secreto desde Palacio de Gobierno. El trabajo se hace de forma sutil para que parezca que se persigue a todos por igual, pero no. Ahí está el engaño. Es evidente entonces que Keiko Fujimori es una perseguida de Vizcarra. ¿Acaso no es en su Presidencia donde empezó y aun no acaba su prisión? En el plano internacional Vizcarra ya contactó con la OEA para activar la carta democrática en caso de vacancia “express”. Los procuradores están listos para denunciar por conspiración para rebelión a los que se atrevan a promover su vacancia. Lo único que no controla el izquierdista Vizcarra (¿no les quedo claro en Tía María? ¡Es rojazo!) es el Congreso. Tiene que liquidarlo y la cuestión de confianza no le está funcionando. Por eso el adelanto de elecciones. ¿Qué saca con eso? Poner a su aliado Ollanta Humala (otro rojo) el próximo año en el poder”.

Pero, del otro lado, desde las simpatías a Martín Vizcarra, me dicen: “Keiko Fujimori cree que puede traerse abajo todo el proceso en su contra en dos vías. La primera, destruir toda colaboración con Odebrecht. Cometieron el error de aprobar la ley que facilita que paguen la reparación civil. Ahora quieren tirársela abajo en el TC, donde tienen sus aliados. Ya todo está coordinado usando una figura útil como Vilcatoma. Sin colaboración, no hay testigo Barata y no hay juicio. La segunda vía es resistir con Chavarry para que bote, de alguna forma, a los fiscales Vela y Pérez.  Pero, para ambas vías, necesita del Congreso y de una bancada importante que le promueva acciones de inconstitucionalidad y blinde a sus fiscales supremos. Como dice el chat La Botica “es una cuestión de supervivencia”. No puede ir a un adelanto de elecciones porque puede no ganar y quedar presa sin fuerza política. No entiende que la elección le puede convenir más. Por eso, tiene que parar la cuestión de confianza como sea. La última salida es recurrir a instancias internacionales como la Comisión de Venecia para que emita una opinión que establezca que no se puede hacer confianza de reformas constitucionales. Olaechea ya cumplió esa instrucción. El magistrado del TC José Luis Sardón ya adelantó que sobre reformas constitucionales no se han pronunciado. Están preparando una estrategia para mantenerse hasta el 2021 en el poder. Ahora lo importante para ellos es dilatar. Tienen todos los trucos: invitaciones al dialogo, voceras vociferantes y el plazo que aprieta. Si Vizcarra sigue insistiendo con el adelanto de elecciones, ya tienen todo listo para vacarlo. Mercedes Araoz se queda (ya está comprometida) y los 87 votos se pueden “conseguir”.

Como en todas las teorías de la conspiración, hay mucha verdad y hay mucha mentira. Todo depende con el cristal con que se mira.

Columna publicada en el diario La República el domingo 25 de agosto del 2019

 

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