Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

8 agosto, 2019

Incertidumbre

¿Qué va a pasar ahora? Esa es la pregunta que recibo a donde voy. No hay respuesta exacta. El Presidente Vizcarra, al solicitar al Congreso aprobar una reforma constitucional para adelantar un año las elecciones presidenciales y parlamentarias que, en el Perú son siempre simultaneas, ha abierto un compás de espera que perfila hasta siete escenarios posibles con cuatro Presidentes distintos en los próximos 12 meses. Vizcarra, Araoz, Olaechea o cualquier otro congresista electo como Presidente del Congreso (sin contar un eventual presidente electo el próximo año) son todas opciones posibles en la Constitución de 1993.

Para intentar evaluar cuál sería el desenlace, tenemos que analizar la historia reciente. ¿Cuál es la dinámica de la relación Ejecutivo – Legislativo en los últimos 3 años? No recuerdo caso en que un pedido del Ejecutivo no se haya contestado, de primera intención, con un sonoro “no” y luego, “conversamos”. Desde el 2016, el Ejecutivo ha tenido que arrastrarse por el piso para lograr del lobo un pelo. ¿Ejemplos? Cada una de las sesiones de investidura de los gabinetes Zavala, Araoz y Del Solar ha sido escuchar una recatafila de insultos en todas sus versiones políticas o personales. Exceptúo al gabinete Villanueva porque él negoció la Presidencia de Vizcarra con el fujimorismo y logró hacerles creer que el Presidente sería su esclavo. Al final, les dan el voto, pero siempre haciendo sentir el desprecio.

¿Y las facultades delegadas? Siempre entregadas, pero con recortes. Sirven para que el Congreso luego se dedique al deporte de derogar decretos legislativos por años y a veces de forma tan disparatada como cuando derogaron toda norma emanada del Ejecutivo que contuviera la palabra “género”. Asunto que resulta de la enloquecida mente del grupo evangélico radical que ha capturado el Congreso para sus fines particulares en el más puro mercantilismo.

¿Y las reformas constitucionales? ¿No se acuerdan lo que hizo Rosa Bartra? Primero, “no se puede” (con el apoyo de los doctores Truquini que emergen solícitos). Segundo, “es un mamarracho”. Tercero, le metemos mano a todo y queda un monstruo que no es ni pariente lejano de lo que se propuso. ¿Por qué creen que todavía no hay Junta Nacional de Justicia? ¿O por qué se perdió la posibilidad de regresar a la bicameralidad? Lo mismo han hecho con la reforma política. De plano, “no”. Con cuestión de confianza, “si”.  Pero, dilatamos, enredamos y queda poco o nada (como con la inmunidad parlamentaria o la restitución del voto preferencial) de lo solicitado.

Lo que ya está probado es que nadie puede es gobernar con este Congreso. No pudo Kuczynski, no puede Vizcarra y no podrá Araoz. ¿Qué puede pasar entonces? Como está visto que la armonía es imposible, lo más probable es que no pase nada. El Congreso no aprueba la reforma y Vizcarra gobierna hasta el 28 de julio del 2021 porque Araoz no quiere renunciar y tampoco tienen 87 votos para vacarlo. El último año se dedicarán a censurar gabinetes (ya no puede disolverse el Congreso) creyendo que redituará alguna tajada política. Pero cuando Fuerza Popular y el Apra vean los resultados electorales del año 2021 ya no les alcanzará la vida política para arrepentirse de no haber aceptado la propuesta del 2019.

En todo caso, que decidan rápido. Porque nada hay más pernicioso para la economía que la incertidumbre absoluta. Y en esa estamos.

Columna publicada el domingo 4 de agosto del año 2019 en el diario La República

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