Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

22 julio, 2019

 ¿Esta es la reforma?

El lunes se reúne el pleno del Congreso y debería aprobar, entre ese día y el jueves, cinco de seis iniciativas de reforma política que faltan votar. Recordemos que el parlamento aprobó la confianza que el Ejecutivo hizo de éstas y las debe aprobar “respetando su esencia”. La tarea sería sencilla si los dictámenes aprobados en la Comisión de Constitución respetaran el espíritu de lo enviado. Lamentablemente, no es así. Veamos los tres últimos.

Se ha eliminado el voto preferencial. Abundante fundamento hay para hacerlo, pero siempre y cuando se garantizará un sistema de democracia interna que incorpore al ciudadano como propuso el Ejecutivo. ¿Qué ha hecho la Comisión de Constitución? Crear un esquema de excepción para los partidos inscritos que les garantice a sus cúpulas imponer listas a dedo. Me dirán, pero, ¿no basta con elecciones internas supervisadas por la ONPE bajo el régimen de un militante – un voto? No, no basta. Hecha la ley, hecha la trampa. Sin importar cuál sea el resultado de esa interna, la cúpula pone el 20% de invitados de la lista parlamentaria. Si la lista es cerrada, el lugar que se ocupa en la lista lo es todo. ¿A quiénes van a poner en los primeros lugares? A quién designe la cúpula. El dedazo seguirá funcionando, pero ahora sin posibilidad de voto preferencial. Si se opta por la propuesta de elección popular universal (como les tocará a los partidos no inscritos) se les da a los candidatos un respaldo popular que no les podrían desconocer negándoles los primeros lugares. Es verdad que el “dueño de la franquicia” ( eso son muchos “partidos”) también podrían usar el dedazo con el 20%, pero estarían muy limitados por el resultado electoral.

Lo de la paridad y alternancia es casi un chiste. “No hay mujeres” es el argumento que va de derecha a izquierda. Es falso. La militancia nacional es casi paritaria (48% mujeres, 52% hombres) pero es en los cargos de dirección donde ellas son arrimadas (26% mujeres, 74% hombres). ¿Por qué creen que eso sucede? ¿por qué a ellas “no les gusta” la política? Sino les gustará, no militarían. Estas cifras hablan de una barrera real de acceso. No es un capricho sin fundamento, ni una forma de discriminar. Es, como cuando se pone una rampa para que pase una silla de ruedas, “un ajuste razonable” que, en el caso de las mujeres será temporal hasta que los partidos cambien sus malas prácticas en un sistema que ya obliga a una cuota de 30%. ¿Qué ha hecho la Comisión de Constitución? Crear un esquema gradualista para llegar al 50% en ¡tres elecciones nacionales! ¿Eso respeta el espíritu de la reforma?

Lo peor, sin embargo, lo dejaron para el final. La reforma de la inmunidad parlamentaria no reforma nada. Está probado qué mas del 90% de solicitudes de levantamiento de inmunidad solicitadas por el Poder Judicial no se aprueban por el Congreso. Los congresistas usan su estatus para evadir la acción de la justicia llegando al descaro de estar sentenciados y no ser entregados para su arresto. Los casos de Benicio Ríos (fugado y capturado), Edwin Donayre (fugado) y Joaquín Dipas (intocable hasta hoy) han causado enorme indignación popular a la que es indolente este Congreso. Se pidió que la Corte Suprema levantará la inmunidad. ¿Qué ha hecho la Comisión de Constitución? Negarse. Modificar unos plazos, como si ese fuera el problema.

Han dicho varios congresistas que el Presidente del Consejo de Ministros está a favor de la “gradualidad” y que considera que estos cambios respetan la esencia de lo que se pidió. Si es así, chau reforma. Lo que va al pleno se parece tanto a lo que el Ejecutivo mandó como se parecen el azúcar y la sal. Es decir, ambas se comen, pero no saben igual. Si el Presidente acepta estos términos, estará firmando su capitulación ante el fujimorismo. ¿O no recuerdan por qué no tenemos hoy bicameralidad?

Columna publicada el domingo 22 de julio del año 2019 en el diario La República

 

 

 

 

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