Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

14 abril, 2019

El miedo se hace notar

La agenda noticiosa ésta marcada en estos días por la actividad del sistema de justicia. No sólo en procesos derivados de la actividad anticorrupción donde los casos Lava Jato y Lava Juez son clientes principales, sino también hay noticias destacables en las relaciones culto – Estado, o en la actividad litigiosa de comunidades andinas. En un país donde la noticia la ha puesto el Ejecutivo y el Legislativo, el cambio de eje no puede ser pasado por alto. ¿A qué se debe?

Una primera mirada nos dirá que la falta de agenda del Legislativo y la ineficacia del Ejecutivo ha ocasionado, por omisión, que el vació se llene con resultados judiciales de impacto. También es posible que ambos poderes se estén neutralizando. Lo que envía el Ejecutivo no se aprueba, lo que aprueba el Legislativo es poco e intrascendente. En el terreno del juicio político el Legislativo está trabando los procesos previos al judicial, pero eso es marginal. Afecta a pocos, aunque simbólicos, altos funcionarios. La única noticia ahí es la manta de impunidad que los cubre.

Desde el sistema de justicia, solo en los últimos días, se ordena la detención preliminar del ex Presidente Kuczynski; se tramita el impedimento de salida del país de Mark Vito, Luis Alva Castro, Luis Nava; se abre la investigación de seis congresistas por supuestos vínculos con la banda “los temerarios del crimen”; se ordena la aplicación del enfoque de género en la educación peruana; la posibilidad de inscribir un matrimonio de personas del mismo sexo; la condena a un periodista por decirle la verdad a un obispo; la detención de los abogados de la comunidad de Fuerabamba imputados por extorsión; el control de la legalidad del acuerdo de colaboración con Odebrecht. Podría seguir. ¿Qué ha pasado en el Perú para que la justicia tenga este protagonismo?

La buena noticia es que, si la justicia formal tiene un rol más activo en la vida social, nuestra democracia funciona mejor. En el balance de poderes, el poder judicial tiene la última palabra frente al abuso de cualquier otro poder. Del mismo modo, si los ciudadanos tenemos conflictos, es mejor llevarlos al sistema judicial que hacer justicia con mano propia. Sin embargo, la mala noticia es que el sistema de justicia tiene una carga inmensa sobre sus hombros para la cual difícilmente tiene respuesta oportuna y de calidad. La ruta es la democráticamente correcta, pero el camino es un infierno de baches.

Si los políticos quieren recobrar iniciativa pública nada se los impide. Parece que eso estuvo pensando el Presidente Vizcarra el jueves cuando decidió, de sorpresa, darle un mensaje al país que por momentos obligaba a revisar el calendario para verificar si era fiestas patrias. ¿Qué quería decirnos? ¿soltar un antispasto surtido de obviedades? Porque vamos, ¿decir que va a respetar la ley es un gran anunció? Si quería darle importancia a la reforma política, fracasó. La mezcló con otras cosas, se quejó de la lentitud del Congreso y no puso plazo, ni anunció medida para conseguirlo. Menos explicó por qué el 28 de julio pasado propuso la bicameralidad, luego nos pidió el voto en contra por una buena razón (el contrabando que metió el Congreso para neutralizar la cuestión de confianza), y ahora ¿no la quiere? ¿tiene sentido? ¡Pero si él mismo la propuso!

Siempre se puede criticar una mala decisión judicial, porque a pesar de ser mala, es decisión. Lo que no se puede es creer que puedes liderar la agenda política si no tienes convicciones. El Presidente ha anunciado que tiene grandes enemigos, pero más grande, inmenso, es su propio miedo. Cuando se gobierna con éste, se huele a cuadras.

Columna publicada el domingo 14 de abril del 2019 en el diario La República

 

 

 

 

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