Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

30 septiembre, 2018

Tener calle

 

Antes de este sábado, si uno miraba encuestas para las elecciones de la Municipalidad Provincial de Lima, la más grande del país, los punteros eran Reggiado, Urresti y Belmont. Ninguno de los tres tenía un porcentaje arrollador y si bien iban por encima del siguiente pelotón, las distancias son pequeñas. Con 20 candidatos la intención de voto está aún dispersa y todavía los votos nulos y blancos suman un porcentaje casi igual al de cualquiera de los aspirantes preferidos.

¿Qué estaba diciendo el electorado al escoger a estos tres como punteros? En común tienen una presencia mediática previa. Belmont está alejado de las grandes masas que lo siguieron antaño, pero ha mantenido una cierta presencia en sus propios medios a lo largo de años. Reggiardo ha estado en señal abierta lo suficiente para ser más que un ex congresista. Urresti fue Ministro del Interior y su paso por el Estado tuvo fuerte y polémica presencia en medios. Sin embargo, Alberto Beingolea tiene una larga carrera en el periodismo deportivo y no está, por ahora, adelante. Entonces, ¿qué los diferencia respecto al resto? ¿Hay acaso un común denominador o representan tendencias opuestas entre sí?

En un mundo político sin partidos y casi sin ideologías, me inclino a creer que hay algo compartido que los hace más atractivos al votante. Los tres han sido servidores públicos, pero eso no los distingue. Muchos otros contrincantes también lo han sido. Tampoco que los tres hayan sido, en algún momento de sus vidas, fugaces candidatos a la Presidencia.  ¿El tema de seguridad? Funciona para Reggiardo y Urresti pero no para Belmont. ¿Limpieza en los antecedentes? Tampoco. Reggiardo es acusado de ser hijo del fujimorismo, Belmont de haber estafado a miles con la adquisición de acciones de su ex empresa y Urresti está a punto de ser sentenciado en un caso de asesinato. En todo caso, los antecedentes parecían importar poco – una vez más- para interesar o disuadir al elector.

Mirando su comportamiento en esta campaña creo que hay un factor que ha jalado el ojo del votante. Los tres son vivos, son criollos, tienen lo que se llama comúnmente “calle”. Si hay algo que tienen en común – además del conocimiento previo del elector – es solo eso, pero no es poca cosa.

“Tener calle” en política puede ser virtud o grave defecto. El que tiene calle no es “pavo”. Nadie, ni nada, lo sorprende. Se anticipa a los hechos. Devuelve el golpe con mas efecto. Entiende la calle y la calle lo entiende a él. El pavo es chancón, buena persona, ciudadano ejemplar, cumplidor de sus compromisos e, irremediablemente, pavo. Todos lo chancan. Si recuerdan algunos casos célebres de la política nacional, a los pavos les va pésimo en el poder.  Pero “tener calle, harta calle” es también ser un vivazo, un sujeto que puede torcer las reglas a su conveniencia, que es el rey de la criollada y de la abierta mentira. Es decir, el rey de la informalidad, del “hermaneo”, del “ampay me salvo y salvo a mis compañeros”.

Después que una encuesta, por estos mismos días en el 2014, recogiera que más de la mitad de los electores limeños estaban dispuestos a votar por un candidato a la alcaldía que “robe pero que haga obra” los resultados no deben sorprender a nadie. Hoy nos quejamos de Luis Castañeda Lossio, pero recordemos que fue elegido con más del 50% del voto popular, cuando el caso Comunicore había sido documentado hasta el detalle por el periodista Daniel Yovera.

¿Está todo dicho? No. Por el contrario. Nada está dicho. Por ejemplo, la respuesta del candidato Manuel Velarde a Luis Castañeda hijo es un típico recurso del que tiene calle, en el buen sentido del término. Castañeda quedó como un pavo al poner la pelota delante del arco para que le hicieran el gol. Velarde demostró tener calle – no había aparecido en esos términos en esta campaña – cuando le disparó una respuesta demoledora, hoy convertida en el meme de esta campaña.

Sin embargo, la irrupción de Jorge Muñoz, apreciado como Alcalde distrital y como buen técnico, en la encuesta de este sábado, nos indica que, tal vez, en esta ocasión, los vientos soplen de otra forma.  Este domingo se publican las últimas encuestas. Luego viene este injusto silencio legal hasta después del cierre de las mesas. ¿Qué perfil de Alcalde busca cada uno? ¿el “rey del cayetano”, el “pavo del barrio” o esta vez por milagro, algo diferente?

Columna publicada el domingo 30 de setiembre del 2018 en el diario La República

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