Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

8 mayo, 2018

Una teoría de la conspiración

Las teorías de la conspiración entretienen, pero no son noticia. Su diversidad, sobre todo en los Estados Unidos hace que, por décadas, sean carne para tabloides. Desde la resurrección (“Elvis está vivo”); la negación de acontecimientos históricos (“el hombre no llegó a la luna); el desarrollo de teorías delirantes como las invasiones reptileanas o la llegada secreta de extraterrestres al gobierno, todo puede leerse. ¿Tienen su publicó? Claro que lo tienen. Pueden reírse o tomárselo muy en serio. Con Internet, las posibilidades se multiplican por millones de espectadores.

Cosa distinta son las noticias falsas. Es decir, parte de la información puede ser cierta, pero está empaquetada con otros hechos falsos, haciendo falso todo el discurso. Donald Trump acusa a medios muy serios de hacer esto, pero lo cierto es que hay más mentiras en los enredos políticos del Presidente que en la información que CNN ofrece.

En el Perú, con una larga tradición de gobiernos militares para quienes la información es considerada un arma de guerra, hemos crecido entre psicosociales. Desde el “monstruo de Armendáriz” hasta “la Virgen que llora”, para no hablar de nuestras resurrecciones (¿recuerdan a Sarah Helen en Pisco?), hay para todos. Vladimiro Montesinos es considerado el maestro en la desviación de la atención pública desde la política hacia cualquier temor irreal. Sus sucesores no han logrado su nivel de efectividad.

Sin embargo, todavía tenemos nuevas teorías de la conspiración. Tomemos los últimos acontecimientos políticos. Un sector nada despreciable de la población cree que el pleito entre Kenji y Keiko siempre fue fingido y monitoreado por el padre. Frente al público, el hijo bueno peleaba por la libertad del padre y la hija mala peleaba por el poder. Una vez que ambos lograban los dos objetivos, el papá los amista. El padre queda libre y la hija con todo el poder para controlar Legislativo y Ejecutivo. Los posibles juicios al hijo desaparecen en el camino y el nuevo Presidente se compromete a dejar al padre fuera de la cárcel, no importa lo que diga la CIDH. El enemigo común, PPK, queda destruido, aunque el hijo tuviera que hacerse pasar por amigo y dejar algunos congresistas oportunistas muertos en el camino, como daño colateral.

La otra teoría de la conspiración tiene que ver con nuestro actual Presidente. Tal como se ha presentado a la opinión pública, él solo ha cumplido con el deber constitucional de sustituir al Presidente renunciante. Nada más. Estuvo en Canadá, congelado y aislado de toda conversación política. No habló con nadie, no pactó con nadie. Nunca hubo un atisbo de traición. La teoría de la conspiración, sin embargo, dice lo contrario.  Luego de salir de MTC, Vizcarra se da cuenta que PPK no tiene ninguna posibilidad futura de gobernar. No solo había razones de carácter político (una oposición feroz y ningún apoyo sólido) sino también de carácter personal. Vizcarra encontraba a PPK y a su entorno pusilánime, frívolo, muy “limeñito atorrante” y con demasiados secretos en el pasado como para no sospechar que había alguna corruptela. Sólo había que esperar con paciencia un turno que llegaría, inevitablemente. El Congresista Villanueva de APP, persona de confianza de sus días de Presidente Regional – y lejano a los congresistas ppkausas – fue el hombre perfecto para confiar sus temores y dejar sus encargos, mucho antes de partir a Canadá. El asunto del relevo se conversó meses antes de que sucediera. Villanueva fue un eficaz mensajero.

En esta misma teoría, la señal para la caída de PPK era el inicio del trámite del indulto a Fujimori. Una vacancia acelerada que no prosperaría, un Vicepresidente que ya había pactado su mudez, un indulto concedido y todos los esqueletos de Odebrecht saliendo del closet parecían suficientes para una definitiva vacancia. Pero no bastaba. Los reclutados por Kenji habían creído que llegaban al poder e iban a la compra de más votos para impedir el segundo intento de vacancia. Los Keiko audios fueron la gota que forzó, en 24 horas, la esperada renuncia presidencial.

Con Kuczynski fuera del juego – aunque la teoría dice que hay que acusarlo de algo, sino su renuncia no se entenderá a futuro y se especulará con conspiraciones como esta – había que honrar ciertos pactos. Nadie será procesado por los videos de Mamani porque no tienen valor probatorio.  Ya lo anunció la fiscalía: para acusar, no sirven; aunque para volarse un Presidente, vaya que sí. Kenji no será tocado. Se acabó el pleito. Vizcarra será apoyado como Presidente y Villanueva, Presidente del Congreso de Ministros tendrá un gabinete conversado y tutelado hasta cuando Keiko Fujimori lo desee. El voto de investidura otorgado con todas las loas e impensada zalamería fujimorista, ahora unida, ha sido la prueba de termino de toda la gran jugada, pactada hace meses.

¿Verdad o mentira? No crean en teorías de la conspiración. No son noticia, pero entretienen.

Columna publicada el domingo 6 de mayo del 2018 en el diario La República

 

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