Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

9 octubre, 2017

Fernando de Szyslo 1925 – 2017

El 25 de diciembre del año 2012 se publicó en el diario La República esta entrevista a Fernando de Szyszlo. Fue unos de esos raros privilegios que da ser periodista. Un momento que hoy recuerdo con gratitud y que comparto con ustedes el día de su sorpresiva muerte, casi 5 años después, aunque él la estuviera esperando de frente, hace ya mucho tiempo. La tragedia también se lleva, en un accidente doméstico, a su esposa por 29 años, Liliana Yabar. Ella lo acompañó siempre. Hasta el final.

 

 

“YO NECESITO ESCUCHAR A MOZART”

 

Hay veces en que este trabajo te da un gozo inesperado. Esta es una de ellas. Fernando de Szyszlo, con 87 años intensamente vividos, me recibe en su fantástica casa esta mañana cálida de diciembre limeño. Es un extraordinario y cultísimo conversador. Me dice que es un hombre triste y sin embargo nos hemos reído muchas veces en esta charla. Me dice que solo escucha música clásica, pero confiesa haber sido un enloquecido y apasionado bailador de mambos y boleros. Sabe que no le queda mucho tiempo hasta que le llegue “la nada” pero quiere seguir pintando, hasta el final, esos cuadros enormes que él considera imperfectos y que el mundo aclama. Es un hombre agnóstico que cree en lo sagrado. Un hombre que extraña el mundo donde la mujer era un misterio.

 

 

La Galería Forum exhibe su último trabajo. Doce cuadros de gran formato pintados en los últimos 18 meses. ¿Siente un vacío luego de la inauguración de una de sus muestras?

Sí pues, estoy en el post parto. Esta exposición ya tiene 10 días de inaugurada y recién he encargado las telas para ponerme a trabajar otra vez. Me ha costado trabajo, porque estoy deprimido. Cuando uno la hace y termina queda una frustración, no hay gratificación porque solo ves defectos.

 

¿No hay siquiera el alivio de terminar el cuadro?

Es que nunca lo terminas, lo abandonas, dices “ya lo comencé a poner peor de lo que está”. Yo siempre digo un cuadro no es el botín de una batalla sino el despojo de una batalla, lo que queda de una batalla, es terrible porque no has conseguido lo que querías, lo que quedan son los muertos.

 

Pero esa es una perspectiva agotadora …

Agotadora sí, pero eso es lo que es fascinante. Por eso tengo 87 años y sigo pintando. Sacas cosas del tiempo o tratas de sacar cosas del tiempo. Yo siempre digo el acto plástico más sencillo es el de los enamorados que graban su nombre porque quieren sacar ese momento de estar juntos. Quieren sacarlo de la fugacidad del tiempo y que quede ahí un testimonio fuera de ellos, fuera de sus cuerpos.

 

Su pintura no es fácil.

Es abstracta, es densa, es oscura, no es alegre. Yo no soy alegre (risas)

 

Usted me dio un buen consejo sobre pintura abstracta. Me dijo: no tienes nada que entender

Sí pues, no hay nada que entender.  Al verla no debe pasar por la cabeza sino llegar a la emoción, a los sentimientos. Si no te toca el corazón no te toca la cabeza. Esa pintura sin emoción es una decoración, es como un florero con flores. Claro que hay muchos pintores que lo hacen y bien, estupendo, a la gente le gusta. Pero la pintura es tratar de sacar algo, lo que estaba adentro.

 

Cuando Ud. era joven, ¿qué pintor le causaba esa emoción?

Mi vocación de pintor la descubrí porque yo en realidad lo que tenía era vocación de escritor. Había leído toda mi vida. De adolescente la biblioteca de Abraham Valdelomar estaba en mi casa. He leído desde que tengo uso de razón, entonces yo creía que podía ser escritor. Pero en tiempos del colegio tenía facilidad para matemática entonces dije esa combinación quizá da un arquitecto y comencé a estudiar arquitectura. Al año y medio quise mejorar mi dibujo que lo encontraba torpe y burdo, y me matriculé en un curso nocturno en la Católica. Al día siguiente ya supe que esa era mi vocación. Entonces cayó en mis manos un libro de un escritor por el que nunca he tenido demasiada admiración, Somerset Maugham, que se llama “La luna y seis peniques”. Es una biografía novelada y disfrazada de Gauguin. Entonces me interesé por Gauguin y ahí comencé. Ahí fue que me di cuenta que mi dibujo era torpe y ahí todo se abrió, o sea que Gauguin está al principio.

 

¿Ya había ido a Europa en ese entonces?

Nunca. Nunca había visto un cuadro verdadero, solo reproducciones. Fui en el 49, tenía 24 años ya había hecho mi primera exposición. Mi primer contacto con la pintura fue impresionante.  Recuerdo claramente el Museo de Orsay donde entonces estaban los impresionistas. Sentí que se me ponía la carne de gallina cuando vi mi primer Van Gogh. Siempre he seguido teniendo afición por los post impresionistas

 

Los impresionistas son felices en sus cuadros. Trasmiten una felicidad única, uno se puede quedar horas observando porque transmiten una sensación de luz, de alegría, de calle y espacios abiertos.

Pero no hay drama.

 

Y usted, impresionado por los post impresionistas ¿sigue el camino de lo abstracto?

Los que más me impresionaban en esa época eran Cezanne, Gauguin y Van Gogh; y de toda esa mezcla, – cuando uno es joven todo lo pasa muy rápido -más el descubrimiento del arte primitivo y el arte precolombino, todo eso produjo una confusa amalgama en la que yo me di cuenta que yo quería usar el lenguaje de mi época, pero para hacer cosas vinculadas con mi vida. Después lo he descubierto mil veces. Ortega así lo dice: “Yo soy yo y mis circunstancias”. Mi circunstancia es tan importante como mi esencia

 

Su pintura se ha bautizado como “ancestralismo abstracto”.

Sí. Había un crítico qué en su momento, los años 50, fue el que inventó la palabra, Era un crítico inglés que era organizador de premios del Guggenheim Museum en Nueva York. En ese entonces yo conocía a muchos directores del Guggenheim.  A este crítico inglés lo mandaron a que diera una vuelta por América Latina para ver a quienes invitaban al premio Guggenheim. Cuando regreso le pregunte que le había parecido lo que vio. Me dijo. “muy interesante el arte pop que se hace en Argentina”. En ese entonces a mi me dio un colerón. ¿Quién va a buscar en América del Sur imitadores de lo que se hacía en Nueva York y en Europa? Bueno él fue el que en Lima describiendo mi pintura la catalogó como  “Inca cubism” (risas). Pero sin duda que mi relación con el arte precolombino ha contado mucho en mi pintura

 

Ud. es hijo de migrante pero su madre es peruana. Esta influencia ancestral, ¿de dónde viene?

Creo que es cultural, es lo que he leído. Mi madre era hermana de Abraham Valdelomar, iqueña. Mi padre era un polaco que escribía libros de viajes, que se quedó en el Perú porque la primera guerra mundial lo cogió acá y se le cortó el crédito que tenía de sus padres en Varsovia. Entonces se tuvo que quedar a trabajar acá, conoció a mi madre seguramente por Valdelomar, se casó y nunca regresó a Europa. Dio mil vueltas en la selva, escribió mucho sobre la selva peruana.

 

¿Y usted de niño lo acompaño en estos viajes?

Nunca. Él era una persona distante, en mi casa era como un gringo (risas) porque la familia de mi madre, bueno, ¡usted sabe cómo son las familias peruanas! Toda mi familia vivía con nosotros: mi abuela (la madre de Valdelomar), una tía soltera, una tía viuda, la hija de esa hija viuda, o sea, que éramos como 12 en la mesa y el extranjero estaba perdido (risas)

 

Pero, ¿alguien aprendió a hablarle en polaco?

Nadie, es que él hablaba 14 idiomas. Pero los polacos eran así, sobre todo un polaco de esa época. Cuando mi padre nació Varsovia estaba ocupada por Rusia. Así que aprendió polaco y ruso de nacimiento y no había persona, profesional de clase media, que no hablara francés y alemán. Ahí tienes 4 idiomas que hablaba antes de los 15 años

 

¿Y usted aprendió polaco en algún momento?

Nada, ni una palabra, es que mi padre hablaba español como nosotros y aprendí inglés por él sin quererlo. Aunque él escribía sobre todo en francés. Escribió un libro sobre México que es divertidísimo. Recorrió todo México en 1911 en tren y a caballo y escribió un libro que se llama “10,000 kilómetros a través de México” Describe toda la vida en las pequeñas ciudades, aldeas, etc. Esto sucedió en plena revolución mexicana y no hay una sola mención a esta (risas).  Y un día Francisco Belaunde Terry, el hermano del presidente Belaunde, que era un lector total, me dice: “He leído una nueva historia de la revolución mexicana plagada de citas del libro de tu padre”. Es que describía como era la vida en México fuera de la revolución, la vida cotidiana. Después conseguí el libro. No fue difícil, en Nueva York se consigue todo

 

Hoy tiene 87 años

87 años. Lo terrible es que de 87 a 88 sólo hay 12 meses. Esto es como una hemorragia, eso no se detiene, es incontenible, tengo 87 pero ya dentro de poco voy a tener 88.

 

Pero se le ve muy bien

Ojalá, la procesión viene por dentro. Uno no sabe que lo terrible de esta edad es que uno no sabe qué va a pasar. Yo siento que mi cuerpo no es esa herramienta dócil que era cuando yo tenía 30, 40 años que hacía absolutamente lo que yo le decía. Ahora, no obedece.

 

Pero manos y ojos sí obedecen

Sí, y la cabeza

 

Entonces tiene todo para pintar

Si pues, ¿pero por cuantos meses?

 

Eso no lo sabe nadie

Pero debo decir qué si hay una convicción real de que eso está muy cerca, es decir, lo que en fútbol se dice, “estoy jugando los descuentos”. No hay que hacerse ilusiones.

 

Es verdad, pero eso nos va a pasar a todos

Nos va a pasar a todos, pero eso no le quita desgraciadamente la gravedad al asunto.

 

¿Ud. es agnóstico?

Totalmente, no creo en nada. Esto se termina acá feliz y desgraciadamente. Yo creo que la suprema justicia es esa, la nada. Por lo poco que hemos vivido, o los que creemos haber vivido honestamente, somos premiados desapareciendo. Y los malvados son castigados desapareciendo.

 

Pero es la misma sanción para los que han vivido mal y bien

Sí, así es

 

No es muy justo

No es justo, pero así es.

 

Pero los pintores, los escritores ¿trascienden?

Trascienden es una forma muy curiosa de hablar. Decimos “trasciende” pero Cezanne ¿qué es? Es un nombre que le damos a una manera de pintar que había a fines del siglo XIX en Francia. De Paul Cezanne, ese viejo intratable que era tan inteligente, no queda nada. Y es que al ver su pintura no nos comunicamos ya con Cezanne sino con la Francia del siglo XIX. El verdadero artista, el gran artista termina por ser anónimo. Nosotros no sabemos o sabemos unos cuantos nombres de los constructores de las catedrales. ¡Esas maravillas de arquitectura! Gracias a Claudel, yo me acuerdo del nombre de uno de los arquitectos, Pedro de Caraon, pero nadie recuerda quien las hizo. Y demoraban un siglo o siglo y medio en ser construidas.

 

¿Ud. cree que su obra será así?

No pues, estamos hablando de cosas serias. Yo creo que lo que hacemos ahora responde a que somos personas mucho más fragmentarias. Lo que hacía Leonardo, lo que hacía Tizziano era cosas donde había todo un contexto que era favorable, Nosotros somos personas que no tenemos religión, todo hemos perdido en el camino por la lucidez.  Hemos perdido todo.

 

Usted decía que el siglo XVII fue muy mediocre artísticamente. ¿Ha sido el siglo XX un siglo mediocre?

Todo el siglo XX no, pero la última mitad del siglo XX se comienza a hundir todo.

 

¿No será que por querer democratizarlo, por querer extender a todos el arte y la cultura, el arte se ha banalizado?

Exacto, es la conclusión a la que he llegado después de leer con avidez el libro de Mario Vargas Llosa, “La civilización del espectáculo”, con el que siempre he coincidido en estos temas. Me he dado cuenta de que una de las ilusiones que hemos tenido los intelectuales del siglo XX es creer que la cultura es para todos.

 

¿Y no puede ser universal?

No, desgraciadamente no. Hay un grupo que consume eso y otro grupo que no lo necesita, que necesita fútbol. Hemos tenido esa ilusión. Y mire, todos somos iguales, todos vamos a morirnos. No me siento superior a nadie ni inferior a nadie pero yo necesito escuchar música de Mozart.

 

Porque usted establece una conexión espiritual con Mozart y otro ciudadano la establece con el gol que mete Paolo Guerrero

Con el gol de Guerrero o la música de Rolling Stones que a mí me horroriza. Los goles de Paolo Guerrero me despiertan simpatía y me acuerdo que cuando era chico que jugaba fútbol pero la música del siglo XXI o de finales del siglo XX me escarapela.

 

¿Los Beatles no le gustaron?

Nunca, es que ya era demasiado viejo

 

¿Y mucho menos Rolling Stones?

No, nunca he podido. Y se los nombres de los grupos más chiquitos porque mis hijos eran unos apasionados de la música y como yo iba todo el tiempo a Nueva York tenía que traer los discos y discos de la música horrenda. Que además que se ha ido poniendo cada vez más horrenda. Quiere decir que hemos ido descendiendo la escala de la calidad hasta la música que ya no es música sino solo ritmo y las letras son recitativas de contenido político, sexual o lo que sea, pero ya no hay un vínculo entre la melodía, el ritmo y el contenido, no hay. Claro que en eso soy un “square mind” como se dice, yo nunca he escuchado otra música que no sea música clásica.

 

¿Ni siquiera ha bailado un mambo?

Ah no, eso sí, he bailado con locura. Hace años que no bailo. Pero he bailado mambo con locura, Boleros pero boleros danzones, me encanta Agustín Lara. Salsa, muy poco. En la época que iba a Colombia a comienzos de mis viajes aprendí a bailar cumbia, pero ya no. El cuerpo no da y me he vuelto pesado, al final quiero más. Pero yo si defiendo esa música popular, sí, porque todavía era una forma de relación entre seres humanos. En cambio, la música de ahora, no. La música y el baile de ahora lo que profundiza es nuestra soledad. La música es tan fuerte que no se puede hablar y como lo bailas separado, uno baila solo, no necesita pareja. La pareja es totalmente decorativa no cuenta para nada, en cambio bailar en la época que se bailaba el bolero era una relación profunda, una sensación profunda, había el misterio de la mujer, el misterio del otro.

 

¿Ya no hay misterio?

No hay, se ha vuelto una gimnasia, una calistenia. El baile es una calistenia, como el sexo. Son gimnasias que no dejan nada.

 

A la vejez, ¿uno se arriesga por cosas más grandes? Veo sus cuadros en la última exposición y los formatos son enormes.

Lo que pasa es que seguramente uno cuando está en los años de juventud tiene que pensar en que vive de la pintura por lo cual esta se tiene que vender. Pero ahora me atrevo a hacer, no me importa no venderlo, pero lo que quiero es hacerlos grandes porque así es como siento la pintura. La pintura abstracta está hecha para espacios grandes, está hecha para una violencia en grande, por lo menos como yo la comunico.

 

Hay mucha violencia en sus cuadros

Mucha. Yo diría que hay violencia, hay erotismo, hay una cosa trágica.

 

¿Esos soles negros significan el fin del mundo?

Si pues. Ya te he contado, creo, de donde viene la palabra, de donde la saqué. Es de un poema de Nerval. Me acuerdo el primer cuarteto que dice:

«Yo soy el tenebroso, el viudo, el inconsolable,

el príncipe de Aquitania de la torre abolida,

mi única estrella ha muerto,

y mi laúd constelado lleva el sol negro de la melancolía».

Además, ese poema de Nerval tiene título en español. Se llama “El Desdichado” Nerval se suicidó. Lo encontraron ahorcado.

 

Los soles negros son el fin del tiempo, el sol que es el emperador, que es el rey, que es el dios, se apaga. ¿Usted va matando dioses en todos sus cuadros?

(Risas)

 

Esta entrevista se va a publicar el día de Navidad. ¿Significa algo Navidad para usted?

Desgraciadamente le hemos ido quitando aún a la palabra Navidad todo significado. Se ha vuelto una época de comercio violento y de comercio insensato, que solo se trata de comprar cosas para regalar o para sí mismo. Es terrible, como todas las fiestas, incluso la de la madre, se han vuelto fiestas comerciales.

 

 ¿Tiene un recuerdo de la infancia, alguna cosa hermosa en esta fecha?

Me acuerdo cuando era niño que cuando hacíamos el nacimiento plantábamos a comienzos de diciembre los trigos para hacer el nacimiento. Eso ya no existe. Yo creo que mis hijos nunca han visto esa latita con trigo

 

¿Qué es el espíritu de esta fiesta para un agnóstico?

Es un espíritu maravilloso porque es un espíritu que está ligado a la naturaleza. El 25 vienen mis nietas a almorzar todos los años.

 

¿Hasta para un agnóstico hay una fiesta?

(risas) Lo tremendo es que ahora el mundo sigue siendo católico, cristiano o mahometano pero en el mundo occidental esto ha ido perdiendo sentido. Mis hijos son bautizados pero no son practicantes, para nada. Y mis nietas, menos.

 

Pero su madre sí era practicante

Mi madre era devota. De gasa negra para ir a misa y cosas así. En una persona típica de provincia, modesta, sutil, pero de una modestia maravillosa.

 

Entonces el eslabón débil fue usted.  Pero igual baila mambo y el 25 almuerza con las nietas, así que no se resiste demasiado a este mundo.

Es que yo creo en la vida y sobre todo yo creo en lo sagrado, no soy religioso, pero sí creo en lo sagrado. Los surrealistas hablaban de lo “sagrado-laico”. Yo creo que en el amor y en el sexo todo eso es sagrado. En mis cuadros siempre, quizá hayas notado hay mesas. Yo esas mesas siempre las veo con un significado. La mesa es el altar, la mesa es la cama y la mesa es el sitio donde se come. O sea, las tres cosas sagradas que podemos hacer; tratar de comunicarnos con la fuerza que no comprendemos, subsistir, vivir, darle fuerza a nuestro realismo y procrear, todo está ahí.

 

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