Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

4 julio, 2017

Juego de Tronos

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Kenji Fujimori tiene un sólo objetivo político: sacar a su padre de la cárcel. El objetivo es polémico pero en su caso es transparente. Para el congresista, es su padre el “alma” del fujimorismo, su carcelería es injusta y debe salir de una prisión que considera fatal.

A diferencia de Kenji, su hermana Keiko no tiene el mismo objetivo. No desde la derrota del año 2011. Su objetivo el 2016 fue tratar de ser Presidenta del Perú. Fracasó. ¿Cual es su objetivo político hoy? ¿Destruir a Kuczynzki? ¿Adelantar elecciones? ¿Afirmar su liderazgo como opositora? Nadie lo sabe. Lo cierto es que impidió una ley de arresto domiciliario que hubiera favorecido a su padre y que su bancada no ha parado – salvo por la emergencia de las lluvias – de atormentar al gobierno. Dos Ministros destituidos, sin mayor causa y uno renunciante, por presión, es el saldo de un año de zancadillas. Ninguna reforma importante aprobada.

¿Que es lo que quiere Keiko Fujimori? Si lo que quería hasta ahora era ser una molestia para el gobierno, lo ha logrado. Pero la matonería del chat “mototaxi” y su sometida bancada la pintan mal. Peor aún cuando la economía no marcha bien. Esta a punto de ser la “gran culpable” si es que no reacciona a tiempo.

Pero Keiko Fujimori tiene dos problemas mas graves que su popularidad, que no anda tan mal. El primero, su hermano. Kenji esta cada vez mas alejado de sus posiciones políticas al punto que el tema se ha vuelto personal, con nombres propios: Ana Vega y Pier Figari. Sus cabezas están públicamente pedidas. Ambas personas son detestadas por Alberto Fujimori a quienes culpa, en particular a Vega, de su actual carcelería. Fujimori padre fue convencido, cuando aún tenía control del fujimorismo, que pactando con el Apra, Alan García lo indultaría el 2011. Vega fue central en esa jugada, la promovió y Fujimori se sintió naturalmente engañado. A partir de ahí, Vega fue motivo de distancia entre padre e hija. Una fuente me aseguró que Vega no lo ve desde el 2011 y que Alberto la detesta. En esto, como en otras declaraciones, Kenji no actúa sólo. Es el vocero de su padre.

El segundo problema de Keiko es su bancada. ¿Es leal? No lo creo. Las heridas son muchas y el registro del maltrato, amplio. En todos los Congresos del mundo, el congresista aspira a reelegirse. ¿Keiko Fujimori garantiza esto? No. Sus hechos demuestran lo contrario. Ahí están Alejandro Aguinaga, Luisa María Cuculiza y Martha Chávez, leales a Alberto Fujimori, desplazados por un calculo político. Ellos, que tienen décadas en esto, lo aceptaron. ¿Lo aceptaran congresistas cachimbos con agenda regional propia? No lo creo.  Si Kenji Fujimori les ofrece a todos los que se vayan con él un sitio parlamentario en la lista 2021 – y atender sus proyectos regionales – se lleva a no menos de 40. Si les pide su voto para ser Presidente del Congreso, lo consigue. Pero Kenji no quiere ser Presidente de nada.

¿Que quiere Kenji? Sacar a su padre de la càrcel. ¿Que quiere PPK? Poder gobernar en paz. ¿Quien firma el indulto? PPK. ¿Que tiene que pasar para que Kenji le pueda ofrecer gobernabilidad? Tener una bancada.  No hay que ser un genio en política para saber esto ¿verdad?

Y si este juego se juega así. ¿Donde queda Keiko? Con un grupo que irá desgranándose con el tiempo, con una marca que ya no sera identificada como la “verdadera” Fujimori y con una impopularidad – por traicionar al padre – creciente. ¿Para el 2021? Un membrete.

Keiko ha combatido sus dos problemas políticos con una acción doble. La primera ofrecerle gobernabilidad a PPK a cambio de nada.La carta de ayer, es eso, por si no lo notaron. La segunda, sacar a Kenji de carrera con una acción disciplinaria aplicada por su aún leal bancada. Peligroso juego. Kuczynski tiene todas las razones para no creerle nada a Keiko Fujimori. Desde ya, le ha puesto condiciones a la reunión y ella ha bajado cabeza. Este cambio súbito de actitud se debe a que los que la rodean saben lo que se viene. De otro lado, Kenji ha demostrado que no es manco. Reunido con su padre debe estar deliberando a esta hora sobre que pasos debe seguir. Lo cierto es que no puede perder la iniciativa. Si retrocede, el indulto no llegará jamás.

Kenji tiene que jugar sus cartas a mayor velocidad que su hermana. Tiene dos ventajas. Tiene el objetivo claro y no tiene nada que perder. De otro lado, Keiko, no sabe lo que quiere y puede perder todo.

PPK tiene – esta vez sí – que sentarse a no hacer nada y esperar a que los Fujimori resuelvan sus líos de familia sin afectar a todo el Perú. La paciencia le será muy útil. Su objetivo debe ser el mas claro de todos: obtener la paz, sin ningún indulto. Si puede lograr garantías de Keiko Fujimori, el país podrá concentrarse en tareas mucho mas serias que esta novela por entregas.

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