Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

19 junio, 2017

¿Por qué botaron a Juan Carlos Tafur de Exitosa?

Van por delante dos advertencias. La primera es que soy amiga de Juan Carlos Tafur desde la adolescencia y la segunda es que trabajé en Exitosa de donde fui botada con pésimos modales hace un par de años. ¿Pueden estos dos hechos nublar mi juicio? Esto es posible, pero la historia que voy a contar tiene poco que ver los justos reclamos laborales de mi amigo o con los maltratos sufridos en el pasado. Esta es una historia de interés público que, en el contexto del uso de medios de comunicación para fines particulares, merece ser contada.

Para fines didácticos llamaré “Exitosa” al conglomerado de medios de propiedad de Higinio Capuñay y sus herederos. Además de otros emprendimientos empresariales donde destacan los de imprenta o las fiestas populares, Capuñay posee, en el mundo de la comunicación, dos diarios (Exitosa y Karibeña) y una extensa red de radios a nivel nacional, teniendo a Radio Karibeña como la radio más escuchada de Lima, ganándole el espacio a RPP. Además, cuenta con 24 estaciones de televisión regionales y una señal digital a nivel nacional que se transmite desde Lima. Al margen de las razones sociales que usa para sus diversos negocios, los Capuñay tienen un grupo de radios consolidado a nivel nacional que compiten por el mercado con las familias Delgado y Zavala.

En marzo de este año Higinio Capuñay reunió a los directores de todas las plataformas informativas de su grupo (radio, televisión, web) para hacerles un anuncio importante. En la reunión estuvo presente Nicolas Lucar – quien no tiene un rol de dirección- a quien se le cedió el uso de la palabra. Lucar narró una historia que conozco bien pero, por falsa.  Contó el cuento del supuesto “robo” de América Televisión a su familia política, los Crousillat. Este “robo” se hizo, en un supuesto contubernio del entonces Presidente Alejandro Toledo con las familias Miro Quesada y Mohme a quienes se les “regalo” el canal de televisión. Señaló que contaban con nuevos testigos.

Luego, Higinio Capuñay les dijo a los presentes que iniciarían una campaña de desprestigio muy dura contra el Grupo El Comercio y La República para revertir este “robo”. ¿Qué sacaba su empresa en esta cruzada? No lo sabemos. Lo que si se es que Juan Carlos Tafur cavó su tumba en esa reunión. Alejado de la radio días después por la llegada del Phillip Butters – tuvo una salida elegante yéndose de vacaciones y no regresando nunca más – se mantenía como Director de los diarios Exitosa y Karibeña que sacaba adelante con presupuestos risibles. Lo conozco bien y sé que no se queda callado. Así que le dijo al dueño con toda claridad que su plan no tenía ni pies ni cabeza y que no pensaba alinearse a éste de ninguna manera. Mencionó además el “techo de vidrio” de Capuñay debido a la informalidad en la que conduce sus negocios. Hubo otras reuniones a las que no fue invitado, pero cuando a principios de junio fue despedido, el gerente de la empresa Omar Castro, le recordó que al no estar “alineado” con la empresa, debía irse.

La verdad, de la compra de América, como bien se sabe, es otra. Es bastante pública y me tocó explicarla el 2010 cuando el Presidente Alan García indultó a José Francisco Crousillat, perdón que fue declarado nulo. En ese entonces se frustró el intento de una maniobra parecida. En el año 2001 – cuando se descubrió la corrupta relación de los Crosusillat, padre e hijo, con Montesinos recibiendo millones de dólares en efectivo – la empresa de televisión estaba quebrada. En números gruesos facturaba 17 millones de dólares y adeudaba unos 120 millones de dólares. Fue llevada a Indecopi por sus acreedores. Es en ese contexto que el Grupo La República compra las acreencias bancarias del Banco Wiese y el Grupo El Comercio las de Televisa. Sumados, controlaban la Junta de Acreedores.  Ambos grupos propusieron hacer un aumento de capital con sus acreencias. En acto público los Crousillat no sólo no se opusieron, sino que afirmaron que ejercerían su derecho de preferencia.  Jamás suscribieron un centavo. Así, vencidos los plazos, se realizó el aumento de capital que hizo que el Grupo El Comercio y La República obtuvieran el íntegro de las acciones de la empresa. Una operación comercial pública, transparente y en la que no es posible la participación política de nadie y menos del Presidente de la República.

Los Capuñay tiene derecho a creer cualquier cuento que los impresione. A lo que no tienen derecho es a ocultar al público que consume sus productos informativos cuáles son sus verdaderas intenciones respecto a un canal de televisión que hoy es la empresa líder de señal abierta en el Perú y no precisamente por el estado en la que la dejaron los Crousillat que, dicho sea de paso, jamás devolvieron los millones que robaron con Montesinos. Si Higinio Capuñay ha decido que sus medios sean órganos de prensa fujimoristas, bien por ellos, es su derecho. Pero que lo digan, como fue obvia su vinculación con Luis Castañeda Lossio. Sin embargo, iniciar una guerra de agravios con fines subalternos – alineada con una ley de medios fujimorista con nombre propio- hace demasiada obvia la maniobra. El testimonio de Tafur, que me fue contado en extenso detalle, la deja totalmente al descubierto.

Una nota final. Dejé de trabajar en América hace seis años y también fui botada, como Juan Carlos Tafur, por defender la independencia del trabajo periodístico. Aun así, yo no cambio mis principios por tratarse de quién ayer se portó pésimo. El hecho es grave y alguien tiene que hacerlo público.

 

 

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