Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

22 mayo, 2017

Todavía muy lejos (5)

Melbourne es una ciudad de mas de 4 millones de habitantes, donde de cada cuatro, uno es de ascendencia asiática. La influencia de chinos, vietnamitas, coreanos, malayos y otras tantas nacionalidades se nota en las calles. La comida, los negocios, tienen una mirada fuerte hacia el Asia, continente hacia el cual Australia ha orientado la exportación de sus bienes y servicios. Por poner un ejemplo, los alumnos universitarios provenientes del exterior son alrededor de 440,000. De ellos, la mitad son chinos. Solo unos 12,000 provienen de Latinoamérica.

En estas condiciones, el Estado de Victoria, donde se encuentra Melbourne, en coordinación con el Estado Federal, busca diversificar su oferta en todas las áreas en las que son fuertes y así establecer relaciones mas sólidas que las que tiene hoy en Latinoamérica. Son fuertes en minería, educación, agua y saneamiento, turismo, medicina. Y no son buenos de pura casualidad. Hay una cantidad gigantesca de recursos – billones de dólares – gastados en innovación, investigación, desarrollo tecnológico. He visitado un par de entidades de altísimo nivel en investigación aplicada (CSIRO y Australian Synchroton) que si las describo nos echamos a llorar juntos. Estamos tan, pero tan lejos de esos niveles de ciencia, como yo estoy lejos de Lima en este momento.

La palabra clave en estos días ha sido METS (Minning Equipment, Tecnology and Services), es decir la gigantesca industria de proveedores que se ha desarrollado alrededor de la minería y ya esta exportando al mundo bienes y servicios (y ya no solo en minería). Desde maquinaria para tubos de polietileno, software, insumos, hasta servicios medio ambientales o equipos médicos. La minería jaló a miles de pequeños, medianos y grandes proveedores, los que a su vez desarrollaron lineas de negocios independientes. Hace unos cinco años el gobierno comenzó a promocionar este sector como uno diferente al minero. Hoy, la mitad de las METS exportan.

Melbourne, de otro lado, ha sido proclamada varios años como la mejor ciudad del mundo para vivir. No puedo dar fe de tanto desde un cuarto de hotel, pero si puedo decir que he disfrutado de su centro bien planeado y de los magníficos parques de varias hectáreas que rodean el centro de la ciudad. Es como si el Parque de la Reserva y el Parque de la Exposición de Lima tuvieran 50 hectáreas cada uno y el diseño de estos fuera una obra de arte. Limpios, armoniosos. Los monumentos, las lagunas, las bancas,  todo cuidadosamente pensado para que el espacio público sea un bello conjunto. ¿Por que no podemos tener un área así? ¿Muchas así? Aquí el Jardín Botánico es un atractivo turístico. ¿No tiene el Perú mucho más que ofrecer? ¿En cada ciudad?

Las artes y el deporte son parte natural de la vida de la ciudad. Un centro de imagen gigantesco dedicado al cine y al mundo digital, opera, teatros, conciertos, exposiciones, museos modernos, en fin. Difícil de creer tanto empeño en una ciudad que es la mitad de Lima y cuya oferta cultural debe ser el doble.

Pero tal vez una de las comparaciones mas penosas es la del uso del río. Aquí, el río Yarra cruza el centro antiguo de la ciudad para integrarla. Los malecones, jardines, parques, explanadas, que rodean por kilómetros hasta el océano a este río calmado podrían ser también una realidad en Lima si no maltrataramos el Rímac como lo hacemos. Ni que decir de la conservación de antiguos edificios históricos del centro de Melbourne y su integración con rascacielos modernísimos. Vale la pena el viaje y sirve para abrir los ojos a otros mundos posibles, aquí abajo, pero siempre al sur.

Lastima que estemos tan lejos, en tantos sentidos.

Melbourne, 22 de mayo

 

 

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