Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

17 mayo, 2017

Muy lejos de casa (2)

Resourceful-WA

Hoy, primer día de la sexta Convención “Latin America Down Under” aprendí algunas cosas de las que no había tomado nota. No tenía idea que la Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile) constituye, unida, la octava economía de mundo. No será un logro en solitario para nuestro país, sin embargo, el logro colectivo me sorprendió. Una mezcla de democracia y economía abierta al mundo explica este inesperado éxito. Como normalmente los peruanos somos pesimistas, va un descubrimiento agradable fuera de programa.

Tal vez lo mas interesante del día ha sido conversar con las autoridades que manejan el tema indígena en Australia. Hoy, sólo el 2% de la población (540,000 personas en todo el país) encaja en esa clasificación. Hasta hace un par de décadas se desconocían sus derechos y fueron marginados y, a veces, aniquilados por políticas que no entendieron su tradición y su habitat. La población aborigen es muy diversa y llegó a tener, antes de la colonización británica, más de 200 lenguas, la mitad de ellas hoy perdidas. Organizaciones de derechos humanos lograron que por decisión judicial se les reconociera y se eliminará de la Constitución toda referencia discriminatoria. Pero esto ocurrió recién en 1992.

Sin embargo, a pesar de esta historia injusta, no hay graves conflictos entre minería y comunidades indígenas, lo que no quiere decir que no exista litigio. Con un sistema judicial sólido – gran diferencia con el Perú – las discrepancias se resuelven en los tribunales, sin que nadie deje de obedecer sus resoluciones. No hay necesidad de tomar carreteras o secuestrar ingenieros. Aquí se respeta la ley y lo hacen todos.

El procedimiento para obtener una concesión es simple: se publica un aviso de la intención de la empresa de operar un área y esta tiene seis meses para llegar a un acuerdo con las comunidades afectadas. Si llega a un acuerdo, el gobierno otorga la concesión. Si no hay acuerdo, se somete a una corte que básicamente examina si es que existió buena fe para negociar y luego analiza los beneficios del proyecto. La resolución puede ordenar otorgar la concesión o no otorgarla (lo que sucede rara vez) o puede ser muy creativa y establecer algunas condiciones especiales en favor de la comunidad.

Por lo general se trata de condiciones medio ambientales o preservación de sitios arqueológicos o sagrados. Las comunidades no piden aquí salud, educación o caminos porque el Estado ya esta presente y si los tienen. Otra gran diferencia con el Perú.

El procedimiento es rápido y eficaz en restablecer la paz social y todas las partes se benefician. ¿Qué es lo que podemos aprender de esta experiencia? Primero, no concesionar sin un periodo previo de consultas donde el Estado no interviene. Segundo, contar con un sistemas judicial predecible y rápido. Lamentablemente el Perú no tiene ni lo uno, ni lo otro. ¿Seguiremos viendo protestas mal atendidas, a veces con consecuencias sangrientas, por no tener mecanismos que funcionen? Estamos condenados a ello si no hay un cambio.

De otro lado hay aquí una fuerte competencia por atraer inversión australiana a cada país latinoamericano. Este Congreso parece un concurso de belleza. No sólo las estrellas de la minería como Chile sino que hasta países como Guyana y Paraguay muestran sus encantos, que no son pocos, aunque esconden mucho. Paraguay ofrece un cuadro comparativo de impuestos donde los suyos no exceden del 18% mientras que en el mismo cuadro Perú grava la inversión minera hasta con 54%. Quedamos bastante mal, aunque la afirmación no sea del todo cierta.

Frente a todos, Australia tiene fortalezas admirables. La primera, su economía se abre al mundo y cualquier empresa puede venir a invertir aquí.  La segunda, su gran desarrollo tecnológico y estándares de calidad que van mas allá de la regulación impuesta por diversos Estados. Esto le permite operar en el mundo entero y desarrollar un servicio de proveedores de equipos y servicios de alta calidad.  Por ejemplo, el 60% del software que se usa en minería en el mundo entero se crea aquí, en Western Australia. Es tal el nivel de exportación en este rubro que ni siquiera se puede estimar. Los periodistas tuvimos la suerte de estar de visita en el Centro de Operaciones de BHP. El lugar, en un piso 23, con unas vistas maravillosas de la ciudad y el océano, parecía la NASA de la minería. Desde decenas de computadoras controlaban una operación gigantesca de explotación, linea férrea y puerto a cientos de kilómetros de distancia.

¿Cómo lo lograron? Invirtiendo en educación, en equipos de investigación y desarrollo, en escuelas especializadas. Curtis University aquí, en Perth, es una de las mejores del mundo en carreras relacionadas a la minería. El Estado poniendo la semilla y el sector privado haciendo autosostenible el proceso. Envidiable, por donde se mire.

Una región aislada del mundo y de su propio país, desértica pero rica en minerales, gas y petroleo encontró un camino para hacer minería responsable con su gente y con su entorno. Mucho por aprender para los peruanos, sobretodo de los “antiextractivistas” que creen que su computadora sale de un árbol.

 

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