Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

12 mayo, 2017

Cuando la verdad importa poco

Foto: La República

Jerónimo Centurión fue reportero del programa «La Ventana Indiscreta» hace muchos años. No hemos trabajado nunca juntos y lo conozco muy poco. Sin embargo, creo que su indignación merece mayor difusión  de la que ha merecido.

Hay un grupo de periodistas que, sin mucho éxito, han tratado de vincular a Ollanta Humala con un genocidio. Lo han hecho en concierto, justo cuando Alan García aparece como AG en una agenda de Marcelo Odebrecht al lado de la palabra «Olmos» y de la cifra de 1 millón. Sus razones tendrán. En el caso de Cecilia Valenzuela no me sorprende. De su cercanía al Apra en los ya lejanos tiempos de los Petroaudios y su capacidad para mentir (sin jamas disculparse) tengo prueba plena. He sido su víctima en mas de una ocasión. Su mayor castigo es que a estas alturas, nadie le cree. Supongo que el director del El Comercio tomará las medidas habituales en este caso, las mismas que tomó con Martha Meier o con Monseñor Cipriani. Si alguien miente en una columna se va. Eso fue lo que dijeron en esos casos. Veremos si hay consecuencia o no.

En todo caso Jerónimo Centurión  tiene mucho que contar. Le cedo la palabra. Aquí un texto escrito por él que me autoriza a publicar.

 

Madre Mía

El periodismo de investigación no es complicado, pero exige rigor, precisión, cruce de fuentes y esto implica tiempo y recursos.

Podemos estar convencidos pero sin evidencia contundente no podemos publicar.

La reputación de una persona, no importa quien sea, nos exige ese nivel de solidez. Eso lo saben muy bien quienes han ejercido el oficio y lo sabía Cecilia Valenzuela cuando el 2006 decidió no difundir el testimonio del señor José Ponce Ruiz, el “nuevo testigo clave” del caso Madre Mía.

La historia comienza en el verano de 2006, cuando Humala, el candidato que generaba pesadillas al empresariado limeño, lideraba todas las encuestas y tenía asegurado su pase a segunda vuelta.

En ese contexto, una fuente le contó a Valenzuela que había ubicado a un militar del círculo del capitán Carlos, quien habría participado de sus crímenes y enterrado sus víctimas. Es decir, una bomba.

Valenzuela me delegó el reportaje. Viajé a Tocache y de allí a un poblado donde sin mucha dificultad, yo y mi camarógrafo, Juan Carlos Vera, ubicamos al testigo José Ponce Ruiz.

Ponce decía sentirse indignado porque un criminal como el capitán Carlos, a quien identificó claramente como Humala, postulaba a la presidencia. Según él, se trataba de un loco impulsivo capaz de cometer las peores atrocidades.

Ponce contó por ejemplo, que en 1,992, cuando un amigo de Humala fue asesinado por los terroristas, Humala reaccionó ordenando enterrar vivas a 18 personas inocentes.

El presunto ex militar habría participado de estos crímenes, por eso la importancia de su testimonio. Como tal, Ponce relata que a Humala le informaron que un grupo de madereros estaban proveyendo armas a los terroristas. Según Ponce esto habría enloquecido al hoy ex presidente, quien enfurecido fue a buscar a un grupo de 62 madereros, entre ellos mujeres y niños y los obligó a cavar su propia tumba. Culminada la tarea, fusiló a la mayoría y otros fueron enterrados vivos.

Ponce accedió a viajar a Lima y brindar su testimonio ante la fiscalía. Junto a Gilberto Hume, hoy director de Willax, coordinamos con la fiscal a cargo y sobre todo, con el jefe del Instituto de Medicina Legal, Luis Bromley. Ellos le dieron la máxima prioridad al tema, al punto que conseguimos en tiempo record dos helicópteros para buscar los cuerpos.

Sin embargo, un día antes del viaje, el testigo desapareció. Se encontraba en un hotel en Jesús María, le pedimos que no salga de allí. Pero lo hizo y nunca más lo vimos.

¿Por qué se fue? Especulo dos hipótesis. A) El nacionalismo lo capta y neutraliza. B) El testigo y la persona detrás de él, no esperaban que la fiscalía reaccionase tan rápido y huye porque su mentira quedaría al descubierto, lo que, a pocas semanas de las elecciones, hubiese tenido un efecto boomerang y habría beneficiado a Humala.

No lo sabemos. Lo concreto es que, paralelamente a las coordinaciones con la fiscalía, le había pedido a José Vargas, director de comunicaciones del Ministerio de Defensa en ese momento, que me diera información de Ponce.

Una semana después de la desaparición, con el reportaje listo, Vargas me informó que no existía ningún registro de Ponce en el ejército. Habían registros de soldados en esa zona con mayor antigüedad, pero no el de Ponce.

Lo que sostenía el testimonio de Ponce era su proximidad formal con el acusado, un militar que estaba bajo su mando. Habían más temas por investigar, cruzar y corroborar. Pero su identidad era lo mínimo y Valenzuela, a regañadientes, lo entendió.

El ex jefe del Instituto de Medicina Legal, Luis Bromley, me contó luego que el testimonio de Ponce ante la fiscalía no era sólido, él habría dicho que fue torturado, pero en su testimonio, según el experto “ hubieron elementos anatómicos forenses que no eran lógicos y nos llevaron a desestimar ese testimonio”.

Nunca más supimos de Ponce y su testimonio perdió interés debido a que García alcanzó su segundo gobierno y el miedo o paranoia pasó.

Once años después, Hume desde Willax y Valenzuela desde El Comercio, respectivamente, difundieron y respaldaron el testimonio de Ponce, cometiendo graves errores y mentiras.

Pese a tener el material en exclusiva, no se tomaron un tiempo mínimo para investigar y atar varios cabos. Por ejemplo, ¿Volvieron a ir a Tocache y al menos intentaron averiguar donde está Ponce hoy? ¿Intentaron al menos ubicar a alguno de los familiares de los 62 madereros presuntamente asesinados? Son bastantes rutas para comenzar a investigar y así podríamos seguir.

Yo no digo que el testimonio sea falso, sólo le pido a Hume y Valenzuela que tengan un poco del rigor de antaño, sino, paradójicamente, terminarán beneficiando a Humala.

¿Por qué se apresuraron en sacar este reportaje en este instante? ¿Por qué mienten al decir que el reportaje no salió por falta de un abogado cuando todo el equipo de La Ventana Indiscreta sabe que el informe no se emitió por el tema del carné?

¿Por qué siguen mintiendo cuando ensayan otra razón y dicen que el reportaje no salió porque se enteraron que éste apareció en el Partido Nacionalista, insinuando que yo lo filtré? No debieron haberme despedido en ese instante y no convocarme para que me asocie en su nuevo proyecto mediático?

¿Qué o quién los empujó a actuar con tanta prisa y falta de rigor? Acusar a alguien de genocidio requiere un mínimo de rigor, que pena que lo hayan olvidado, Madre Mía.

 

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