Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

5 abril, 2017

Recuerdos del 5 de abril de 1992

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Tenía 29 años y 4 meses de embarazo. Esperaba a mi segunda hija. No era periodista, ni soñaba serlo. Trabajaba como consultora para PNUD asignada a la PCM con un pequeño grupo de entusiastas jóvenes profesionales. Creía – todavía creo – que el Estado peruano podía reformarse y revertir su herencia corrupta, ineficaz, clientelista y burocrática. Transformar el Estado peruano y crear instituciones que trasciendan a las personas, procesos que sean útiles al fin de servir al ciudadano y no a la burocracia, desregular lo absurdo, crear un sistema de verdaderos  profesionales de servicio civil. En fin, los sueños que la juventud permite, supongo.

El objeto del proyecto era presentar un diagnóstico de la situación, ministerio por ministerio y avanzar en un nuevo proyecto de Ley Orgánica del Poder Ejecutivo y además, proponer medidas de desregulación. En los últimos días del gobierno de García se había impuesto una descentralización forzada que, sin mayor capacitación local, convertía a los Ministerios en entes normativos mas no ejecutivos.  Para 1991 y el verano de 1992 la descentralización impuesta había generado un desorden de competencias al trasladarlas de golpe a Gobiernos Regionales con Asambleas que pretendían legislar en contradicción con el Congreso Nacional.

Lo que mas recuerdo ese verano, entrevistando funcionarios de todo nivel y antigüedad, Ministerio por Ministerio, es que aprendí como funcionaba el Estado peruano desde el sótano hasta la oficina del Ministro. Una administración sobrepoblada, donde nunca había electricidad y había que subir pisos de pisos a pie, mientras la barriga crecía, fue mi habitat por muchos meses.

El doctor Alfonso de los Heros era el Presidente del Consejo de Ministros y se reunía con nosotras para ver los avances. Había logrado sacar un paquete de decretos legislativos que le dieron un vuelco a la economía del país y lo abrió al mundo, liberando al ciudadano, casi de golpe, de cientos de barreras burocráticas en tributación, comercio exterior, libre competencia y normas laborales. Fujimori había abrazado las ideas liberales del plan del Fredemo con la oposición en el Congreso de la izquierda y el Apra. Esta última controlaba el Poder Judicial y el Tribunal de Garantías Constitucionales en donde buscaba bajarse algunos de los decretos legislativos.

¿Había un espacio para la negociación política? Si. Me constan los esfuerzos ese verano del doctor De los Heros por persuadir, convocar, concertar, de todas las maneras posibles con la oposición. Las reformas eran populares y podían defenderse políticamente.

Sin embargo, nadie sabía de los planes siniestros de Vladimiro Montesinos quien convenció a Fujimori de tener el apoyo de las Fuerzas Armadas para dar un golpe de Estado. No había pues necesidad de desgastarse en las negociaciones que la democracia impone. El poder concentrado facilitaría – en la lectura dictatorial – una reforma del país (que ya se había dado) sin que esta se pusiera en peligro. Montesinos tomó como excusa, para convencer a las Fuerzas Armadas, la posibilidad de la derogatoria de decretos legislativos que les daban amplias – e inconstitucionales – facultades en zonas de emergencia. Con eso, fijo fecha para el golpe.

La noche del domingo 5 de abril yo esta dormida. Me despertó el teléfono. Era mi madre diciéndome que el Presidente había cerrado el Congreso. Recuerdo haberle dicho que la Constitución sólo permitía cerrar la Cámara de Diputados  con la censura de dos gabinetes. !Es un golpe! me aclaró mi madre. Prendí la televisión. Repetían el mensaje de “disolver”, “disolver” y luego se leía el comunicado de apoyo de las Fuerzas Armadas. No había nada que hacer. Teníamos, una vez más en nuestra historia, un golpe de Estado pero con particularidades que luego fueron copiadas en la región. Fujimori creo el modelo “autogolpe” que tiene como su peor legado la destrucción de la política como instrumento de gobierno, sustituyéndola por la imposición de la mayoría, el secretismo y la corrupción inevitable en el camino a la autocracia.

Minutos después del impacto en televisión, recibí otra llamada y tuve ya la certeza que el Presidente del Consejo de Ministros había renunciado. Fue un alivio. En medio del jubilo generalizado, yo perdía mi trabajo, pero estaba tranquila. Recuerdo que muchos me decían “los que son abogados no están de acuerdo por cuadriculados”. No se si lo era. La verdad es que apenas tres años antes me había parado delante de un crucifijo y había jurado en una ceremonia pública defender la Constitución por el resto de mi vida. Un juramento obliga. Es verdad también que el Congreso era un desastre, lleno de manipuladores y obstruccionistas, abocados a salvarle el pellejo a Alan García o a defender un modelo económico quebrado e insostenible. Pero, ¿acaso los Parlamentos que siguieron fueron mejores? “Se lo merecen” era el grito popular, de eso no hay duda. Pero sabiendo que a Cristo lo crucificaron por mayoría, estas no siempre tienen la razón. El remedio siempre fue peor que la enfermedad.  Además, no era pública la ya poderosa influencia de Montesinos a quien los Ministros jamás vieron. Mucho, se supo años despuès, cuando ya lo controlaba todo.

El 6 de abril, sin medios libres, los rumores corrían por la ciudad. El escape de García, el secuestro de Gorriti y otros periodistas. La organización de un Congreso paralelo para hacer juramentar al Vice Presidente que estaba fuera del Perú y no sabía nada.  Se intento restaurar la democracia, eso también es verdad,  pero el pueblo quería su dictadura, las fuerzas armadas querían su dictadura y Fujimori les dio lo que pedían. Todo esfuerzo para lograr lo contrario fue tremendamente impopular y los medios se allanaron a la realidad, antes que seguir soportando la censura. Sólo en mayo, presionado ante la OEA, Fujimori tuvo que comprometerse a convocar elecciones libres y respetar sus resultados para conformar un nuevo Congreso, al que se le dio poderes constituyentes.

Trabaje unos meses más para PNUD porque había el compromiso de entregar un documento – con la data hasta el 5 de abril, como escribimos claramente – para que este se archivará como uno de los tantos intentos fallidos de reformar el Estado. Participe en otros, con otros organismos internacionales, antes de hartarme de intentarlo y huir al periodismo, pero esa es ya otra historia.

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