Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

6 marzo, 2017

Pandemonio

El Presidente dice que va a hacer cuestión de confianza si el Congreso intenta censurarle al Ministro de Transportes y Primer Vice Presidente. Al día siguiente nos enteremos que el Procurador Anti Corrupción, Amado Enco – abogado del Ejecutivo, al fin y al cabo – denuncia penalmente al Ministro, a los vice Ministros y al Presidente de consorcio Kuntur por delito de colusión. Un delito que no es moco de pavo. Lo que sostiene el doctor Enco es que su Vicepresidente y Ministro se coludió con el concesionario para otorgarle un beneficio indebido. ¿A cambio de qué? No lo precisa.

Pero eso no es todo, la Comisión de Fiscalización del Congreso ha obtenido facultades de Comisión investigadora para examinar el mismo contrato y adenda del aeropuerto de Chinchero y llegar, los más probable, a las mismas conclusiones que el doctor Enco. Más aún con el congresista García Belaúnde que ha repletado de insultos al Ministro, sin más prueba que su intuición y sus dichos.

En este contexto se presenta una interminable moción de interpelación al Ministro Vizcarra con preguntas que comienzan en el tenor de “’¿no le da vergüenza?”. Nada auspicioso el resultado de una interpelación en el contexto de gritos de “vendepatria” y denuncias de tu propio procurador.

La cereza del pastel es la acusación al Presidente de Consejo de Ministros de favorecer a su hermana por ser gerente de asuntos corporativos de una de las empresas del consorcio ganador. El Ministro Zavala se quedó mudo por varias semanas y su hermana acaba de renunciar a su trabajo, con una integridad que ya quisiera el inquisidor García Belaúnde cuyo hermano es embajador político de este gobierno y ahí sí no se puede decir nada. Es decir, cuando Zavala da el visto bueno a la resolución de nombramiento de su hermano embajador ¿no es un “vendepatria”? ¿Pero si lo es el resto de su tiempo? Un poco de coherencia ¿no es verdad?

Pese a sus esfuerzos el gobierno está acorralado. El espacio de silencio que creo la “mototaxi fujimorista”, luego de la vergonzosa censura al Ministro Saavedra, ha sido llenado temporalmente por los demás grupos de oposición en el Congreso. El fujimorismo decidió dar un verano de ventaja para que no se le acuse de “obstruccionista”, dejando cancha libre a los demás opositores. Acción Popular y la Izquierda han aprovechado la oportunidad para saltarle a la yugular al gobierno en el contexto de la importancia que la población le ésta dando a las medidas anticorrupcón.

El caso Odebrecht y todo el caso Lava Jato han cambiado el humor del pueblo respecto a la corrupción en la obra pública. Antes tolerada socialmente, hoy se exigen remedios. Y esos remedios no son medidas de transparencia. El pueblo quiere sangre y sangre son autoridades presas. Cabezas culpables entregadas a la cárcel. Eso es concreto. Crimen y castigo. Sólo un trabajo muy fino de docencia política y jurídica puede persuadir de que no todos son culpables. Pero hoy, todos los son. Eso es lo que no parece entender el gobierno.

La censura viene de todas maneras. Y ese es el fin de este gabinete. Si el Primer Ministro pone su cabeza, se la cortarán. Los enemigos políticos de PPK están logrando los primeros objetivos para vacarlo. Bajarle la popularidad y mezclarlo en algo sucio. Del pasado, traen la IRSA Sur, que él autorizó mientras Toledo coimeaba. Del presente, la adenda del aeropuerto de Chinchero. Aunque sea inocente, el Presidente y sus ministros ya están donde los quería Keiko Fujimori. Salpicados de corrupción.

¿Se puede salvar esta situación? Medidas radicales pueden ir por el camino de la nulidad del contrato de Chinchero y una recomposición del gabinete que excluya al Ministro Vizcarra. Por supuesto, una recomposición de las Procuradurías Anticorrupción a las que el filo aprismo ya les brota por los poros. Eso no salva de las acusaciones penales, pero si paraliza los golpes opositores y preserva al Vice Presidente para un premierato más adelante. La jugada de hacer cuestión de confianza ya no tiene la radicalidad que tenía con Saavedra, cuando el gobierno y el Presidente aún tenían 50% de popularidad. Hoy, lo sensato es tocar a retirada, reagrupar las fuerzas y retomar la iniciativa para el famoso aeropuerto y todas las reformas y obras que hay que mostrar. Desde el fondo del cañón eso es imposible. Si el gobierno no toma altura, mata el problema en un día y contra ataca en una semana, está, otra vez, perdido.

Pero, como la vez anterior, no me harán ningún caso. El gobierno no quiere entender que se gobierna haciendo política y ésta es “el arte de lo posible”. Si no le dan importancia a la política, la política vendrá por ellos.

Columna publicada el domingo 5 de marzo del 2017 en el diario La República

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