Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

7 febrero, 2017

El testaferro perfecto

No se encontrará jamás en manos de político notorio dinero sucio a su nombre. Aun cuando sean personas sumamente desconfiadas – el político, mientras más alto en el poder, más teme ser traicionado y ve conspiraciones por todas partes – saben que tienen que entregar lo mal habido en manos ajenas. Por eso pueden gritar: ¡Que encuentren una cuenta a mi nombre! Es obvio que a su nombre no hay, ni habrá nada. El argumento de defensa es tan patético que deberían pensar, a estas alturas, en uno mejor. Pero, aunque parezca increíble creen que es potable y lo siguen usando.

¿Parientes? ¿Amigos? ¿Correligionarios? ¿En quién confiar? Primer problema,  ¿cómo hacer para que el testaferro no reclame como propio lo robado para otro? Porque robarse lo robado es siempre una posibilidad y ya sabemos que «ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón». Y lo más difícil,  ¿cómo hacer para mantenerlo a suficiente distancia como para que ningún fiscal pueda relacionar al testaferro descubierto con el político beneficiario? He aquí los dilemas que enfrenta un político corrupto. Nada fáciles.

La práctica común de tener parientes o parejas como testaferros (hijos, hermanos, primos, padres o suegras) ha demostrado ya en el pasado ser una técnica fallida. Ahí es donde un buen fiscal buscará primero. Y es doloroso ver a la familia presa  – por más beneficios de los que haya gozado en tiempos lejanos – por culpa de los actos de uno mismo. Por eso, sin dejar de tener su importancia, esta no es una opción para digamos, un ex Presidente. A lo más una pareja oculta pero no la esposa ¿verdad?

Los testaferrros deben ser sobre todas las cosas, discretos, austeros en sus gastos personales y mas leales que un perro fiel con su amo. Mantilla, por ejemplo, es un testaferro emblemático, si tal cosa existiera. Le encontraron 6 millones de dólares y siempre dijo que eran suyos. Vivió en la modestia antes, durante y después de ser juzgado y se llevó el secreto a la tumba. La plata, no. Esa la incautó el Estado. Pero hombres como esos son difíciles de encontrar en estos días. La mística del correligionario que se inmola por el partido ya no existe en este mundo de raterías viles.

El testaferro de estos días cobra comisión y puede cometer el descuido de gastarla ostentosamente haciendo que su rastro sea fácil de seguir. Comete errores tontos como involucrar a su familia y tiene que soportar la dura prueba emocional de verlos presos. Callar en esas circunstancias ¿es sostenible? Pues se hace mucho mas difícil, salvo la amenaza siciliana. Un testaferro alejado pero misio no es nunca buena idea, por más desconectado éste del político corrupto. Es sumamente vulnerable a buen arreglo con la fiscalía. Y sus nexos pueden hacerse evidentes conectando ciertos puntos olvidados de sus biografías (como es el caso de Cuba con Cheesman y por ende, con García). En esas circunstancias, sólo sera cuestión de tiempo que canjee una larga condena, para él y su familia, a cambio de contarlo todo.

Un testaferro millonario parece ser una gran idea. O al menos eso pensaba Toledo. ¿Quién mejor para ocultar un dinero que alguien que tiene mucho más dinero? El problema es que no contó con la delación del corruptor. En este caso, aun cuando el testaferro calle, todo se corrobora con la pista del dinero. Depósitos hechos a cambio de servicios jamás prestados son insostenibles. Maiman declaró una y otra vez, durante el gobierno de Toledo, que no tenía negocios en el Perú por lo que no podía presumirse favorecimiento alguno a sus empresas. ¿De donde iba a recibir dinero de Camargo Correa o de Odebrecht? Ahora sabemos que era Maiman el que favorecía a Toledo. ¿A cambio de que? Eso no queda aún claro. Difícil que gratis, pero no es una comisión lo que un hombre rico busca en estos casos. ¿Que puertas le habrá abierto Toledo que aún no conocemos?

La verdad es que así como no existe crimen perfecto, tampoco existe testaferro perfecto. La ilusión del corrupto es que si lo hay y mientras más crea en esa falacia los fiscales tendrán un trabajo más sencillo. Los recientes hechos lo demuestran.

 

 

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