Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

6 febrero, 2017

“Para mí, son 20 millones”

Alejandro Toledo debe ser unos de los políticos más mentirosos que ha conocido la política peruana y eso, viendo a sus pares, no es poca cosa. Se hizo desde la pobreza sobre la base de impresionar a quien pudiera becarlo así que tuvo la habilidad de transformarse en lo que el adivinaba, con astucia, era lo que sus interlocutores querían escuchar. No importaba cuantas transformaciones biográficas tuvo a lo largo de los años como cuantas veces murió su madre o cuantos hermanos tuvo.  Supo conmover y cuando se le descubría la falta, la minimizaba.

Fresco como pocos, a Toledo Presidente hubo que comprarle todo lo que uso en Palacio, como becario perpetuo, pero aun así no parecía ladrón.  Debemos recordar con pena que Alejandro Toledo fue la esperanza de un país que salía del letargo que causa un gobierno autoritario y que descubría los inmensos niveles de corrupción ocultos por años. El fujimorismo odia a Toledo porque fue su gobierno el que, desde el pedestal de moralidad, lo arrojó al abismo político y lo hizo trizas. Ese odio hoy se vuelve júbilo cuando se descubre lo que estaba cantado desde que se investiga el caso Ecoteva desde el 2013: Toledo es un Presidente corrupto. Se vendió por 20 millones de dólares. Migajas en comparación con la integridad de un ser humano. Al igual que Fujimori – que, para comparar un solo delito, le “regaló 15 millones de dólares” a su ex amigo Montesinos – ambos podrían compartir las instalaciones de la Diroes, nuestra original “Cárcel para Presidentes”. En realidad, nada hay que celebrar, salvo el valor purificador de la verdad y la justicia.

El caso de Toledo es curioso. Primero se descubrió en que se gastaba la coima y, años después, de donde venía exactamente. Porque la duda existía. El era el beneficiario de una casa en Casuarinas (como testificó el corredor), una oficina de lujo y el pago de las hipotecas de sus casas de Camacho y Punta Sal. El dinero de Ecoteva pagó hasta las deudas de sus tarjetas de crédito. Demasiada generosidad del amigo Maiman. Demasiada triquiñuela con las empresas en Costa Rica y la suegra testaferra (“heredera del holocausto”) como para no ser evidente la sucia procedencia. Pero existía la duda sobre si era plata que se robó de la campaña del 2011, favores en el exterior a Maiman o coima pura y dura. Hoy se sabe, por una fuente protegida y funcionario de la empresa Odebrecht que él dijo: “para mí son 20 millones”.  La fiscalía le ha ubicado 11 millones de dólares en cuentas de Maiman. Faltan 9 millones. ¿Será la comisión del amigo? No se sabe aún. Tal vez sean los fondos en Israel que le permitan terminar su vida huyendo con comodidad de la justicia peruana mientras que, en la cúspide de su mitomanía, grita que es inocente y “perseguido político”. ¿De quién? ¿Del gobierno de Kucsynzki?

Lo que ya se sabe es que Odebrecht no es la única empresa que corrompió a Toledo. En la “Operación Castillo de Arena” la policía brasilera ubicó un documento con una cantidad, un número de cuenta y el nombre de Toledo. Así, Camargo Correa, otra de las constructoras brasileras de la Interoceánica, había depositado más de 90,000 dólares en una cuenta en Londres a nombre, otra vez, del amigo Maiman. Lo que no se puede entender es por qué se le dio tiempo a Toledo para huir si esa información ya la tenía el fiscal Castro cuando Toledo aún estaba en el Perú. Ahora, desde París, puede volar a Israel desde donde extraditarlo será tan difícil como fue el intento fallido de extraditar a Fujimori desde Japón.

Hay, en este caso, una persona con responsabilidad que pasa desaperciba. Es Eliane Karp la que ha ayudado activamente a ocultar y gastar este dinero y es ella la que le abrirá la puerta a un escape a Israel. Ella también debe ser procesada como toda esposa que haya cometido actos delictivos dentro de una banda de crimen organizado donde ocupa una posición. Si la pareja del político es la proveedora de los testaferros ¿no merece alguna imputación penal? El caso García debe tener en cuenta esta historia.

Tenemos al corruptor confeso, al dinero y su ruta, lo gastado y sus testaferros. ¿Qué falta? El delincuente prófugo que ya sabía desde el 22 de diciembre que venían por él y se daba el lujo de bailar en Punta Sal en la noche de año nuevo. ¿Por qué se lo permitieron si alertamos de esto? Nadie puede dar una explicación sensata. Lo único que ésta claro es que Toledo no volverá al Perú por su propia voluntad.

Columna publicada el Domingo 5 de febrero del 2017 en el diario La República

 

 

 

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