Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

2 febrero, 2017

Para salir del lodo

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El conflicto abierto entre el Congreso y otros poderes del Estado muestra que, a veces, no basta con una mayoría, por mas vociferante que sea, para imponer una voluntad que viole la separación de poderes. Dos incidentes esta semana han puesto a prueba ese principio democrático fundamental. Primero, la bronca por el caso Odebrecht (que deberíamos llamar Lava Jato para incluir a todas las contratistas brasileras y peruanas). Segundo, la bronca por el Aeropuerto de Chinchero.

El Ministerio Público no le va a entregar información a la Comisión creada en en el Congreso para investigar las coimas a funcionarios públicos peruanos en la construcción de obra pública. Tan simple y  brutal como eso. El fiscal Hamilton Castro esta protegido por el Fiscal de la Nación y por la Junta de Fiscales para no asistir a ninguna citación parlamentaria. Esto no es mero capricho. La Comisión esta constituida por políticos que tienen un evidente conflicto de interés en el caso. La desesperación por obtener información que involucra a sus propios líderes – y a ellos mismos, en el caso del Presidente de la Comisión – los ha llevado incluso hasta a la amenaza al propio Fiscal de la Nación. Pueden decir lo que quieran, pero a mas insultos, mas se fortalece un Ministerio Público – aún cuando llegue a este proceso muy desprestigiado- que tiene la misma autonomía constitucional que el Congreso. Diversas personas, que están mas informadas que yo, me aseguran que debemos esperar y confiar en el secreto de la investigación.

Sin embargo, tenemos todo el derecho a dudar de un convenio secreto entre el Fiscal Castro y Odebrecht. No sabemos a cambio de qué se manifiesta el interés de la empresa en colaborar, salvo que ésta espere que le permitan seguir operando en el Perú para pagar sus futuras reparaciones civiles. El asunto es que no estamos en Estados Unidos y nuestra legislación no le permite al fiscal ofrecer tal cosa. Sin embargo, a pesar de la duda, es mucho mas confiable el fiscal que un congresista que exige a gritos su presencia cuando su partido esta probadamente metido en el delito de la coima, ¿verdad?

El segundo incidente, el de la firma de la addenda al contrato de Chinchero, quedó más en un papelón del Ejecutivo o, si es benevolente, en un esfuerzo por forzar la firma usando la protesta popular. Malo o bueno, el contrato es una decisión exclusiva del Poder Ejecutivo. No puede derivarla al Congreso sólo porque el congresista Víctor Andres García Beláunde amenece – sin pruebas, como él mismo reconoce – a todos por corruptos. Un congresista tiene el privilegio de la inmunidad parlamentaria lo que permite difamar sin temor a ser procesado. Mientras todos tengamos claro eso, la palabra de un congresista vale lo que él quiera que valga. Si dice cosas que no puede probar, darle la consideración de suspender un contrato es darle un reconocimiento que no merece.

Por el  momento el Congreso va perdiendo 2 a 0. Pero la corrupción va ganando por goleada. Es inmensamente desalentador lo ocurrido con el latrocinio de Comunicore. Todos, 14 imputados, absueltos por prescripción. Una prescripción ganada por las maniobras dilatorias de los implicados y por la inoperancia de un Ministerio Público y un Poder Judicial al que se le vencieron todos los plazos. ¿Cómo creer entonces que estos mismos poderes autónomos van a poder investigar, acusar, procesar y sentenciar a las bandas enquistadas en el Estado que aceptaron o exigieron sobornos a las constructoras brasileras? ¿Cómo van a meter presos a los ex Presidentes que, a través de testaferros, gozan de fortunas en el exterior si no pueden con una bandita de gallinazos en la Municipalidad de Lima?

Tenemos lodo hasta las rodillas. Del real y del figurado. De ambos tenemos que salir lo mas pronto posible. Que el Ministerio Público entienda la urgencia de la hora, que movilice lo que haga falta, pero que no permita que esta desmoralización colectiva continúe. Si no se apura, sus declarados enemigos en el Congreso ganaran simpatías. Se necesita voltear el partido contra la corrupción de forma rápida y espectacular.  El tiempo corre y juega a favor de los bandidos.

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