Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

18 diciembre, 2016

¿Quién sigue?

No, esta foto no es actual. 
Es del 2011 cuando PPK apoyó a Fujimori.
No, esta foto no es actual. Es del 2011 cuando PPK apoyó a Fujimori.

El Ministro Saavedra se va con pena y con gloria. Nos gusta tomar el lado del perjudicado, no el del prepotente. En este caso, el Ministro de Educación fue el abusado. Fue insultado y maltratado por lo más bajo que puede exhibir en materia cultural la política peruana. La vergüenza para el supuestamente “nuevo” fujimorismo es que no sólo no es nuevo. Es una versión empeorada en mentir, difamar e insultar.  Y, añadamos, en amedrentar a su propia bancada, aquella que no esta subida en el cogollo del “mototaxi”.

Conocí al Ministro Saavedra, a través de su trabajo profesional, aún lejos de la política, hace mucho tiempo. Ya era una persona reconocida en el mundo académico. Personalmente, hace poco más de un mes, cuando era evidente que una oportunista combinación de intereses particulares y políticos contra el Ejecutivo se alineaba para detener la reforma universitaria. Lamentablemente, poco a poco, mis peores pronósticos se cumplieron. Su única intención en estas duras semanas, me consta, es que las reformas continúen en el tiempo. Hoy, no se siquiera si el Presidente puede garantizarnos eso. Pudo salvar a su Ministro y escogió no hacerlo. Eso le pesará por siempre.

¿Qué puede hacer – de aquí en adelante – un Presidente débil como el que hoy tenemos? Tiene dos caminos. Uno, el de honrar su promesa de campaña. El otro, ser una marioneta del fujimorismo. El primero, le puede garantizar pocos y honorables meses como Presidente o, tal vez, ganar la guerra perdiendo muchas batallas. El segundo, un alivio simulado, pero pocos y deshonrosos meses como Presidente. No sé cuál de los dos escogerá él. No lo conozco tanto como para predecirlo. Lo que si puedo decir, porque estuve en la marcha en Lima el martes 13 de diciembre, es que la popularidad que hoy tiene la perderá por completo si se decide a ir por el segundo.

Si lo que Kuczynski quería era demostrar que es generoso con el perdedor, que su ánimo no es el de la confrontación, que no es un hombre que incendia puentes, ya lo hizo. Bien por él. Si quería probar que Fujimori está dispuesta a responder a intereses mezquinos antes que a los nacionales o que lidera – muerta de ira por no ser Presidenta – una  bancada “obstruccionista” (una palabra a la que el fujimorismo le huye) dispuesta a acatar cualquier orden, por ridícula que sea en obediencia a  caprichos, también lo ha logrado. Si alguien no sabía quién era quién, pues ahora ya lo saben todos. Las caretas de la campaña han caído.

Probado todo lo anterior y pudiendo capitalizar una derrota a su favor, ¿Qué le conviene al Perú? Que el Presidente haga lo que prometió hacer: ponerle límites a los negocios de Keiko Fujimori. Y eso, no se hace en una mesa de dialogo convocada por un tercero. Por más bien intencionada que sea la mediación del Cardenal, ésta no va a conducir a nada bueno salvo a colocar al Presidente en el camino de ser un títere o un Presidente de adorno. Y los adornos, tarde o temprano, son innecesarios.

Si Fujimori quiere hablar con Kuczynski que pida una cita y que ponga sobre la mesa sus pedidos. No lo hará. No es el estilo, ni la práctica. El fujimorismo nunca ha negociado nada, ni siquiera su salida del poder el año 2000. Su salida histórica ha sido siempre patear el tablero y volver a empezar. Por el contrario, Kuczynski viene de un mundo en donde se negocia y los acuerdos son sagrados. No hay forma que estas dos personalidades, formadas de manera diametralmente distinta, puedan acordar nada serio ni positivo para el país. No por ahora.

Algunos creen que Kuczynski ya perdió la Presidencia. Puede que tengan razón, no lo sé. Lo que sí sé, es que tiene la decencia y la hombría de bien que su antagonista no tiene. Eso no se pierde, ni se gana, en un día. Si esto se puede hacer tan evidente para el Perú entero como lo es para mí, el Presidente podrá tener unos meses o años duros por delante, pero, como Saavedra, nunca lejos de la gloria. Si, por el contrario, persiste en agachar la cabeza, le soltaran la guillotina encima entre los aplausos de los mismos – los suyos – que le pedían a gritos a Saavedra que renuncie.

Columna publicada el domingo 18 de diciembre del 2016 en el diario La República

 

 

 

 

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *