Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

9 octubre, 2016

¿Jugamos Monopolio?

En el juego de “Monopolio” gana quien logra comprarlo todo (o casi todo) y mandar a la quiebra a sus contrincantes.  En el popular juego de mesa, el azar juega un papel fundamental para ayudar a ganar a los competidores. Sin embargo, también cuenta la astucia y la pericia para comprar, hipotecar, alquilar y poner casas y hoteles sobre los terrenos más caros y así cobrar el alquiler de los lotes triples que plantea el juego. Las alianzas son inevitables para sacar del juego a los más débiles y se rompen para  vencer o ser vencido.

En la vida real, el libre mercado conduce naturalmente al monopolio. Es el destino del capitalismo cuando los mercados se fortalecen y las economías de escala desplazan a los más débiles. No hay en eso ningún azar. Sucederá inevitablemente. ¿Es bueno que los mercados crezcan? Por supuesto. Pero hay un problema que tiene que ser resuelto. Desde el punto de vista del capitalista el monopolio es deseable. Podrá ser el único vendedor de un bien o servicio y por tanto podrá poner los precios y las condiciones que quiera. Es imposible perder dinero en esas condiciones, salvo que se trate de empresas públicas mal gestionadas u obligadas por razones políticas a fijar tarifas por debajo de sus costos, como ha sucedido en el Perú.

Sin embargo, desde el punto de vista de un consumidor libre no hay nada peor que un monopolio. Su libertad de escoger entre varios proveedores ha desaparecido. Lo único que puede hacer en protesta por un bien o servicio ofrecido en condiciones desastrosas es no comprarlo. Pero sucede que en la mayoría de casos esa es una opción imposible si es que quiere sobrevivir. ¿Puedo oponerme al monopolio de Sedapal? ¿Ese es un argumento serio? No, no se puede. Si no consumo agua y no uso el desagüe público tendría que conectar mi casa a un silo y surtirme con camiones cisterna lo cual, sospecho, debe estar prohibido en mi distrito. Me guste o  no el precio o la calidad del servicio tengo que someterme al monopolio de la empresa.

¿No sucede lo mismo hoy con la empresa privada? En algunos casos, sí. Cabe recordar que cuando se escribió la Constitución de 1979 el Perú tenía más de 300 empresas públicas, la mayoría monopólicas. La Constitución de 1993, de corte liberal, rompe ese esquema y abre las puertas a la libre competencia. Sin embargo, hace 23 años el mercado peruano era tan pequeño y débil que la amenaza monopólica era una pesadilla lejana. Sólo se prohibió el monopolio, exclusividad o “acaparamiento” de medios de comunicación en el ya famoso artículo 61. Luego se añadió, por ley, el control de fusiones en el sector eléctrico. Y nadie se desmayó.

Los años pasaron. El mercado peruano cambio para bien, pero con su crecimiento llegó la pesadilla del monopolio. ¿Puede evitarse con regulación? Si se puede. Lo hacen todas las grandes economías del mundo. El abuso de posición de dominio, único remedio previsto para las prácticas abusivas ya no basta. ¿Puede resolver el Poder Judicial problemas concretos de prácticas violatorias de la Constitución? No. A los hechos me remito. Nuestra acción de amparo contra las acciones de acaparamiento del Grupo El Comercio cumple tres años el mes que viene ¡sin sentencia de primera instancia! ¿A dónde puede ir el consumidor cuando los hechos están consumados si es que la justicia se muere de miedo de resolver?

El proyecto de ley del congresista Lescano para regular fusiones puede ser malo en su texto, pero no es malo en la idea general. Hace varios años que el tema ésta en debate. Hay proyectos mejor trabajados, que pueden ser rescatados. Lo que es ridículo es poner excusas como que “el control de fusiones es muy caro” (¡ni que hubieran tantas!) o la siempre útil de “mejor porque no protestamos por otra cosa”.  Oponerse a las barreras burocráticas es como oponerse a la guerra en el mundo. Las generalidades para evadir el tema me hacen recordar a los que querían protestar “por la inseguridad ciudadana” el día de la marcha de #NiUnaMenos. Debería dar pena, pero da risa. Sobre todo porque los supuestos liberales son los que salen a decir estas tonterías. ¿Un liberal que defiende el monopolio? Ese no es un liberal, es un mercantilista, que responde a los beneficios que el Estado le permite obtener al no existir regulación.

¿Qué pasará primero? ¿Se resolverá nuestra acción de amparo o se aprobará una ley  de control de fusiones? Sospecho que lo segundo será más rápido. ¿Se aplicará sobre monopolios u oligopolios que ya existen? Eso ésta por verse.

Columna publicada el domingo 9 de octubre del 2016 en el diario La República

 

 

 

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