Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

5 septiembre, 2016

¿Qué es la izquierda política peruana hoy?

LR

Los últimos resultados electorales demostraron, una vez más, que el Perú tiene una base social que vota a la izquierda, sea quien sea el candidato. Ollanta Humala, guste recordarlo o no, fue el candidato de esa izquierda popular el 2006 y el 2011. Verónika Mendoza lo fue este año. El éxito de ambos es innegable.

Pero no son diez años de elecciones. Son muchos más. Para entender a la izquierda peruana «moderna» hay que remontarse hasta las elecciones para la Asamblea Constituyente de 1978 y la salida de la dictadura militar. Desde entonces, y hasta hoy, hay una linea de tiempo – interrumpida por el auge del terrorismo senderista que la arrinconó y el fujimorismo que la persiguió  – en la que se puede establecer una continuidad electoral. Es una linea difícil de seguir porque la izquierda peruana sufre de una maldición: su permanente subdivisión en un archipielago de posiciones que a veces no representan sino a pequeñísimos liderazgos con inmensas aspiraciones.

Hay un primer deslinde real y profundo en la izquierda peruana post dictadura militar y retorno a la democracia en 1980. ¿Cual es la vía para llegar al poder? ¿Democracia o dictadura del proletariado? ¿Se puede llegar al poder por la vía democrática e instalar luego una dictadura socialista? Hoy, como consecuencia de la caída del bloque soviético – y su inviabilidad política, económica y social – la apuesta por la democracia parece estar fuera de toda discusión, salvo en el extremismo delincuente del terror. Sin embargo, no fue ese el escenario durante la Asamblea Constituyente de 1978 (los constituyentes de izquierda se negaron a firmar la Constitución) ni en los años siguientes. En el Perú, fue el surgimiento de Sendero Luminoso, y luego del MRTA, lo que enfrentó a todo aquel que se reclamará de izquierda a una definición personal y, a veces, colectiva. Los que optaron por la «revolución» y se fueron por la vía de las armas y los que apostaron por la democracia y desafiaron, participando en comicios libres, (repudiados y perseguidos por el terror) a los que antes provenían de una misma matriz ideológica. Ese corte resultó fundamental para entender que lo que pasó después. La izquierda que apostó por la democracia pago alto su desafió. El informe de la CVR da cuenta de la cantidad de autoridades electas, representando a partidos de izquierda, que fueron asesinadas por Sendero Luminoso, acusados de traidores y pequeño burgueses. El triunfo de Alfonso Barrantes como alcalde de Lima en 1983 y su candidatura presidencial en 1985, que obtuvo el segundo lugar – aunque no se realizará segunda vuelta – da cuenta que, aún en las horas mas duras de la guerra interna, hubo un votante de izquierda democrático que esta vigente hasta hoy.

Comentario al margen. Resulta ridículo, para cualquiera que conozca la historia, que el actual fujimorismo se esfuerce tanto en descalificar moralmente a representantes jóvenes de esa izquierda nacida después del corte de sangre, asociándolas con Sendero Luminoso.  Verónika Mendoza debe haber tenido unos 12 años cuando Guzmán cae preso y Marisa Glave unos 10 años. Ninguna había nacido cuando se crea el PCP-Sendero Luminoso. Fin del comentario al margen.

En 1990, Alberto Fujimori llega al poder con el voto de la izquierda. Puede parecer increíble pero es así. Fujimori fue, en segunda vuelta, el candidato de una izquierda que no sólo atomizó su voto en la primera ronda, sino que también enfrentaba el estigma de ser asociada al terror. Un pragmático y desconocido Fujimori no le hizo ascos al apoyo del Apra y de la izquierda que veían en Mario Vargas Llosa a un enemigo  «neoliberal». Ambas agrupaciones políticas pagaron caro el error. Prácticamente desaparecieron en la década siguiente asociada la primera, a la corrupción, y la segunda, a la violencia, por un eficaz Servicio de Inteligencia (SIN) liderado por Vladimiro Montesinos. No puede negarse que cometieron sus propios errores internos. La izquierda, con representaciones parlamentarias pequeñas en 1993, 1995 y el 2000 luchó desde la oposición contra ahora su adversario político Alberto Fujimori y apostaron desde entonces, sin vuelta atrás, por la democracia.

Se equivocan pues lo que creen que Veronika Mendoza y Frente Amplio son un grupo político «nuevo».  El error no es formal porque efectivamente, el movimiento aparece en las últimas elecciones.  Sin embargo, para el elector – al margen de simpatías personales o personalidades empáticas, que las hay o no las hay –  la izquierda peruana es de dos clases. La que cree en la democracia y la que no cree en ella. No hay más. Pedirle radicalismos para ganar un electorado que siempre ha estado con ella es innecesario. No digo que sea inútil, pero en la medida que la aleje del perfil democrático, solo les hará daño. Por eso, alabar a Venezuela o a Cuba – como mecanismo de radicalización- no es buena idea.

¿Puede haber una izquierda de libre mercado? No en el Perú. En nuestro país la izquierda se diferencia, ayer y hoy, de todas las demás corrientes políticas en que no sostiene el rol subsidiario del Estado. Por el contrario, lo niega y aspira a que este asuma un rol propietario de los medios de producción y de los recursos naturales, que hoy le pertenecen a la sociedad («a la nación» dice la Constitución, que no es lo mismo que el Estado). Considera que éste es un mejor asignador de recursos que el mercado y que éste último, si se permite su existencia, debe estar hiper regulado. Por eso la izquierda peruana no es liberal. Es una lástima, pero de ese corsé económico impuesto por el estatismo soviético no han logrado sacudirse hasta hoy y nada dice que cambiaran en un futuro próximo. De ahí su sesgo anti empresa y hoy en día, en el discurso de moda, anti empresa extractiva – salvo que ésta este en manos del Estado – aunque se niegue en el discurso. Esa es su marca, su sello unificador.

¿Qué más distingue a la izquierda peruana de otros grupos políticos? Muy poco.

¿Su base popular? El fujimorismo tiene una base popular. ¿La apuesta por los derechos humanos? Defender vida, libertad o propiedad es un programa libertario que une a todos los que creen en la democracia. Sólo los grupos con vocación autoritaria ningunean los derechos fundamentales de la persona. No es coincidencia que el fujimorismo fundamentalista use como descalificativo el ser «defensor de derechos humanos».  Pero salvo estos casos, nada distingue hoy a Marisol Perez Tello, Ministra de Justicia, formada en la doctrina social cristiana del PPC, de por ejemplo, Marisa Glave, de Tierra y Libertad, en su mirada y discurso frente a las graves violaciones de derechos humanos perpetradas por el terrorismo y a veces, por el mismo Estado.

Entonces,  ¿qué pasa con la inclusión social, a través de la prestación de servicios púbicos básicos? Esta en todos los programas de todos grupos políticos. ¿La revalorización cultural? Lo mismo. ¿ Y lo que se llamaba «justicia social»? La aspiración por justicia – así, a secas – es un clamor nacional. Nadie tiene el monopolio del reclamo.

La izquierda peruana sólo tiene banderas propias y excluyentes en materia económica. Y esta sola por una muy buena razón. Esta equivocada. Pero, de eso tardaran otros 50 años en darse cuenta o tendrán que llegar al poder, como Humala, para advertir que emular a Chávez – para usar un referente cercano – no es una buena idea si no tienes millones de barriles de petroleo de respaldo para perder.

Ahora bien, estar equivocado no es obstáculo para ser popular.  Por el contrario. Pueden ver los resultados de las últimas elecciones parlamentarias peruanas. Así que las expectativas de la izquierda peruana para los próximos años son buenas en la medida en que no vuelva a implosionar y atomizarse en minúsculos pedazos de liderazgo. Esa, como dije, su maldición histórica, esta volviendo a asomarse en estos días. Parece su sino inevitable maltratar en público a sus mejores cuadros y destruir el liderazgo que estos van construyendo con esfuerzo. Esperemos a tener mas información pero tal parece el caso de Marisa Glave respecto al trato que le ha dispensado Marco Arana.

Como se ve, en la política peruana, los adversarios de fuera a veces son más gratos que los enemigos de adentro.

 

 

 

 

 

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