Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

13 junio, 2016

Nadingate ¿regresa con todo?

Ilustración: Guillermo Figueroa

Como muchos de mis lectores frecuentes saben, he tratado, en vano, de explicar la diferencia entre un acto ílícito y un ilícito penal. Como ya he fallado varias veces, escribo con poca esperanza. Es difícil que se entienda la ley en el caso de los esposos Humala. Lamentablemente para ellos, su mala defensa política, su irreductible opción por la mentira y su aislamiento personal los ha llevado a estar hoy enfrentando el repudio público.

No siempre fue así. Hace cinco años la popularidad de ambos era muy alta y se mantuvo alta por los dos primeros años de gobierno. Ella por cierto, llegó a ser mas popular que él y muchos agradecieron su influencia positiva en el área económica que permitió que las opciones socialistas sean dejadas de lado. Sin embargo, esos tiempos lucen lejanos.

Nadie puede negar que el ataque político de Alan García fue constante, eficaz y despiadado en todo este gobierno. Desesperado por el efecto político letal de la Mega Comisión, García disparó su peor artillería. Inventó términos que hoy pueden sonar vacíos de contenido como «la relección conyugal», pero que fueron su caballo de batalla diaria, por tres años, para evitar ser destruido políticamente por graves asuntos vinculados a su gobierno como el caso «Narcoindultos». Al final, la estrategia de demolición de García – agendas incluidas con el otrora colaborador parlamentario aprista, Gutiérrez – funcionó. El problema es que se lo llevó a él de encuentro. Sus resultados electorales son una prueba de que el exceso de maldad pública e impunidad para cometerla, termina pagando y pagando mal.

Lo que pudo ser respondido por Nadine Heredia con la verdad desde el primer día, ha permanecido oculto y enredado por culpa de ella misma. ¿Siguió sólo el consejo de abogados penalistas? Pues hizo mal. Un penalista puede librarte de una condena pero no del juicio del público. Presentarla como frívola, ladrona, manipuladora y arribista funcionó por que ella fue una «colaboradora eficaz» contra si misma. La verdad le es tan inasible que esa fue su ruina política.

Es obvio que poner a Nadine Hererdia en portada vende. El pueblo peruana necesita una «maldita» a quien echarle la culpa de todo. Es nuestra tara social del siglo XXI.  Sobre el tema de género y política peruana ya he escrito antes. Quemar brujas en la hoguera pública se ha vuelto una forma de catarsis nacional. Lourdes Flores, Susana Villarán, Anel Townsend y Nadine Heredia tienen eso en común. Tal vez, la única que se ha librado es Keiko Fujimori, pero tampoco ganó las elecciones. Sin embargo,Heredia es mas atractiva por dos razones. Primero porque esta en una posición actual de poder y segundo porque es bonita. La «mala linda» vende portada tras portada. No diré el nombre de la publicación (la última vez que comente una broma ajena al respecto su director escribió que yo recibía dinero de Palacio) pero calculo que el 25% de las portadas del segundo semestre del  año 2015 tienen a la esposa del Presidente en primera plana. ¿Eso es normal? ¿Da para tanto la noticia?

A Nadine Heredia hoy (a su esposo en unos meses) y a miembros de su familia se les acusa preliminarmente y con prueba indiciaria de haber lavado dinero ilícito proveniente de la minería ilegal de Madre de Dios, de las empresas constructoras brasileras Odebrecht y OAS y del gobierno de Venezuela. Falta que se formule una acusación fiscal contra ellos. Esto no ha sucedido aún. El fiscal que investiga de manera preliminar, luego de 18 meses, envía su investigación al fiscal que debe formular la acusación. Este puede hacerlo o puede archivar la causa si no avanza del indicio a la prueba. Porque entiéndase que una vez formulada la acusación, el fiscal tendrá que probarla en un proceso penal. Sino puede probar lo que afirma, el juez puede archivar o absolver. Si prueba lo que afirma podrá perseguir un fallo condenatorio.

El problema del fiscal Juarez es que los indicios están basados en investigaciones periodísticas ya conocidas que  no llegan a configurar delito. Es decir, recibir dinero y no declararlo para la campaña del 2006 y del 2011 puede estar mal visto y ser un acto ilícito desde el punto de vista administrativo pero no es delito. Las faltas administrativas sancionadas por la ONPE no tienen efectos penales. ¿Por qué? Porque a éste y a anteriores Congresos no les ha dado la gana de modificar el Código Penal en relación al financiamiento de partidos políticos. ¿Y por qué no les ha dado la gana? Porque, lamentablemente el «dueño» de la inscripción se queda con el vuelto de lo recaudado, sin lugar a discusiones. Se lo puede gastar en la siguiente campaña o se puede comprar una casa. No importa lo que haga con ese dinero, no hay delito alguno. Lo usa como propio. Ese es nuestro sistema administrativo, no lo invente yo. Por el contrario, he escrito decenas de veces pidiendo un cambio, que nunca llega.

Para que exista lavado de activos tiene que probarse a) que el dinero es de fuente ilícita, provisto dolosamente a un tercero   y b) que quien reciba, dolosomente, esconde el dinero para servir a quien se lo provee a cambio de una contraprestación. Es decir, debe haber un concierto de voluntades.  ¿Dinero ilícito en campaña? Más que posible. Actividades económicas ilícitas vinculadas al crimen organizado, que van desde el narcotráfico hasta la extracción ilegal, ¿por que no estarían, de una forma u otra, en todas las campañas? Sin embargo, el primer problema es probarlo.

El dinero «de Venezuela» proviene de un empresario venezolano. ¿Delito? Ese solo hecho geográfico no lo configura. El dinero de la minería ilegal llegó a la campaña, según los propios mineros ilegales, a manos de un tercero y estos protestaron justamente porque no recibieron el trato que pensaban recibir. Con el  dinero de empresas brasileñas pasa lo mismo. Puede haber entrado a la campaña, pero ¿se ha lavado a cambio de que? El que lava, saca su comisión pero devuelve por otra vía lo lavado. ¿Dónde esta la devolución? El «lavador» que se apropia por siempre del integro de lo lavado termina con un tiro en la cabeza ¿o no?

Cosa diferente sería que el Presidente o sus familiares sean complices de peculado. Es decir, recibir coimas de Odebrebrecht o OAS para conceder tal o cúal contrato. Pero de eso, hasta ahora no hay nada. Será interesante oir que tiene que decir Marcelo Odebrecht,  ex Presidente de Odebrecht, condenado a mas de 19 años de prisión, sobre los Presidentes Toledo, García y Humala, pero es otro delito, con otra tipificación.

En el caso del «Nadingate» no se trata de un centavo del Estado, por lo que de ladrona de dineros públicos nadie la acusa. Sin embargo, esa es la acusación mas popular. Tampoco se trata de si uso o no uso dinero de campaña para su uso personal, porque esos dineros privados, están, como ya he explicado decenas de veces, fuera de la ley penal por culpa del Congreso.

La acusación debe construirse explicando como así Heredia y su familia constituyeron una banda para lavar dinero dolosomente y que contraprestación recibió el que necesitaba lavar su dinero. Hasta donde es claro, Heredia estuvo levantando plata para la campaña política de su marido. Eso, no es delito. Todo lo demás, esta por probarse, si es que se prueba.

La noticia ahora se centra en si le dan o no le dan una medida cautelar provisional de no salida del país. Si ella fuera un poquito mas política, la pediría ella misma. Así, le tapa la boca a sus adversarios. Pero no lo hará porque ha probado no tener lo que hay que tener para jugar este durísimo juego.

Y así mientras, PPK saluda a políticos y forma su gabinete, volverá Heredia a las primeras planas. Con algo hay que entretener al pueblo. No se le gana a Brasil todas las semanas. Por eso, pasada la campaña , nuestro «Nadingate» regresa con todo.

Una nota personal final. Tratar de explicar el Código Penal y buscar la verdad por encima de conocidas maniobras políticas me ha costado decenas de insultos, incluidos los de periodistas supuestamente bien educados e instruidos. No tengo la culpa de haber estudiado derecho y  conocer algunas, pocas cosas, más que el resto de periodistas. Tampoco tengo la culpa de tener buenas fuentes dentro del periodismo. No soy amiga, ni abogada de Nadine Heredia – aberración repetida varias veces en señal abierta – pero si creo que merece un trato justo, como cualquier otro político que me toque cubrir. Por esa razón he conseguido el 2015 algunas primicias – incluso contra la conveniencia de ella misma- que otros no tuvieron. Pero no sumarme a la manada de lapidadores públicos me ha costado decenas de insultos públicos y privados.  Lo único que puedo decir al respecto son dos cosas. Primero, quedan todos bien anotados, para siempre, amén. Segundo, lo haría exactamente igual. No cuenten conmigo para sus sacrificios humanos. No soy de su tribu.

 

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