Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

27 abril, 2016

Kenyi, el príncipe disuelto

El drama electoral peruano de la segunda vuelta se parece a una comedia de situaciones donde los actores toman por asalto el  guion y lo enredan tanto que la audiencia tiene que estar muy atenta para no perderse. Las costuras de lo mal cosido terminan por saltar y revelar que dentro de esa caricatura  (o «narrativa») que se construye de todo candidato presidencial, ni todo es lo que es, ni nada es lo que parece ser.

Primer Acto: Honraras a tu padre (y a tu madre)

Keiko Fujimori dice que su padre es inocente, que no ha cometido ningún delito, que esta injustamente preso. ¿Cuál es el correlato lógico de tan tajante afirmación? Pues lo razonable sería escuchar que luchará por sacar de prisión a un hombre inocente. ¿O es sostenible que – creyendo con fe en lo que ella misma  afirma – no use todo medio en sus manos para librar de prisión a un hombre que sufre injusta condena?

¿Podemos confiar en un Presidente que, a sabiendas que un hombre esta preso de forma injusta, lo mantiene en la cárcel? La respuesta está en la historia del propio Alberto Fujimori que indulto a mas de 500 condenados por terrorismo al comprobar que eran inocentes. Lo justo, lo jurídicamente razonable, era aplicar el indulto. ¿Por que no lo es en el caso de su papá? Porque ella sabe perfectamente que no es inocente.

Pero, continuando la comedia, Keiko Fujimori jura con papel firmado que ella – ¿sólo ella? – no usará el poder para beneficiar a sus familiares. Entonces, sólo quedan dos posibilidades para que el padre salga de prisión. La primera, una sentencia del Tribunal Constitucional. La segunda, una Ley de Amnistía aprobada por insistencia con sus 73 congresistas. Ambas, con serias consecuencias jurídicas dado que – salvo las preferencias personales de sus nuevos miembros- no hay nada nuevo en el TC que demuestre atentado alguno contra algún derecho constitucional de Alberto Fujimori. Y con la Ley de Amnistía tendrían que sacar al padre  a Tokio el mismo día porque la CIDH ya declaró nulas las leyes de amnistía justamente en los casos La Cantuta y Barrios Altos. ¿Salidas legales, como reclama la candidata, ajenas a ella? Ninguna. ¿Extralegales? Las que ella patrocine. Porque nadie le va a creer que no esta detrás y delante de éstas después de afirmar que su padre no cometió ningún delito. No resiste lógica alguna.

¿Qué Keiko Fujimori se ha prestado a trucos de todo tipo desde que su padre regreso de Japón? Por supuesto. ¿El matrimonio con una dama japonesa que bailaba el avioncito con ella y luego desapareció de escena? ¿La postulación al Senado Japonés? ¿Ya no se acuerdan?

En este acto no podría faltar la segunda contradicción.  Keiko Fujimori sostiene que su madre no fue maltratada, ni torturada, ni golpeada, ni impedida de salir, ni ninguna de las imputaciones que la propia señora Higuchi hizo contra su padre y contra ella, por años. Entonces – se le pregunta – ¿su mamá miente? ¿Cuál es la respuesta lógica? Si no existieron tales hechos sólo hay dos posibles respuestas. La primera, que su mamá es una mentirosa. La segunda, que su mamá deliraba, que estaba medicada o tenía alguna enfermedad psiquiátrica. Pero Keiko Fujimori no puede dar ninguna de las dos y dice que no va a declarar sobre problemas de pareja. Veamos. Si son de pareja, ¿por qué afirma que tales hechos no existieron?

Otra vez, la inconsistencia. Y otra vez, el truco. ¿Necesita sacar a su mamá en andador apoyando su campaña, después de decir que las imputaciones que ella hizo no existieron? En cualquier caso, ¿qué culpa tiene la señora Higuchi? Ninguna.

¿Por qué no decir la verdad? Mi padre cometió delitos, mi madre tiene una enfermedad mental.

Si esa es la verdad, no deshonra a nadie. Mas deshonra la mentira. ¿Por qué insistir en ella?

¿O hay un pacto fraternal para mantener las inconsistencias a como de lugar?

Segundo Acto: ¿Adios a los Fujimori?

El domingo en la noche Keiko Fujimori afirmó que el año 2021 no postularía a la presidencia ningún Fujimori. La palabra «dinastía» clavada por PPK le hace tanto daño, como tener 73 congresistas electos. Nadie vota por una monarquía en el Perú.  Ella sabe que ese es su talón de Aquiles y no puede, todavía, zafarse de éste. Sin embargo, por la retaguardia y sin mayor aviso,  el hermano menor, Kenji entró en acción, en una guerra de tuits que ya hemos reseñado aquí. Así se autoproclamó candidato presidencial el 2021 si su hermana perdía esta vez. Uso palabras como «alternancia por casa» y «cúpula enquistada».

La gracia le duro menos de 24 horas. De una Keiko buena gente que hablaba de «diferencias» con su hermano –  y una corte de «traductores» que no hacían sino enredarlo todo más para  carcajada general – pasamos a una candidata furibunda que sólo podía leer un comunicado y que no aceptó preguntas de los periodistas que fueron llamados a cubrir una improvisada conferencia de prensa que no contó con la presencia del hermano rebelde.

¿Qué pasó? ¿Kenji ha dejado de creerle a Keiko? ¿Ella ha roto alguna promesa? Pienso que él debe hacerse las mismas preguntas planteadas en  este primer acto, que tienen respuestas, hoy, ambiguas. ¿Vas a sacar a mi papá – al cual él, a diferencia de ella, visita con lealtad todas las semanas – de la cárcel? ¿Todavía crees que es inocente? ¿Por qué has botado a todos los que fueron leales a mi padre? La comedia es para nosotros. Pero adentro, hay drama. Kenji debe estar comenzando a darse cuenta que la conquista del poder es un juego de mentiras y que la añorada libertad y reivindicación de su padre ya dejó ser la prioridad que era hace 5 años para su hermana. Ella le dirá que no se preocupe, que todo sigue igual, que ya lo sacaran, «cuando sea oportuno», que su mamá «la apoya» y que «no es conveniente» que el presida el Congreso. Pero, tal vez, él ya aprendió que si te pasas mintiendo tanto tiempo a tanta gente, mentirle a tu hermano no es un problema mayor. ¿Usarlo políticamente? Tampoco.

Tercer Acto: No hay lugar para autoritarismos personalismos

Y aquí termina esta comedia de mentiras y enredos. Con el mayor desastre de todos. El comunicado para taparle la boca al hermano – que cree en el derecho divino para heredar una posición política-  termina siendo otro acto autoritario de Keiko Fujimori.

Responder con un aquí «no hay lugar para personalismos» sólo puede hacer doblarse de risa en el asiento a la audiencia. ¿Acaso hay algo mas personalista que un movimiento que se identifica con un apellido?

Aquí, no cae el telón. Aquí cae la tramoya entera sobre el escenario mientras que los actores corren a salvarse de una reina que grita ¡que le corten la cabeza! ¡que le corten la cabeza!

 

 

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