Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

30 marzo, 2016

«Con la Iglesia hemos dado, Sancho»

La frase del inmortal Quijote se ha convertido ya en un tópico que pasó de la literatura a la política, para explicar los conflictos y tensiones que se crean cuando el mundo de la fe choca con asuntos bastante terrenales. Nada mas ajeno a la Iglesia Católica que la designación de los candidatos por los cuales uno debe o no debe votar en  una elección nacional y democrática en un Estado no confesional. Al menos, eso creía después de la buena formación católica que recibí. Pero me equivoqué. El Arzobispo de Arequipa y la defensa que ha desplegado en redes sociales señalan que esto no sólo no es cierto. Por el contrario, es muy importante que un Obispo no sólo sugiera por quien no votar, sino que además, con nombre propio, garantice una condena instantánea como pecador al que no lo obedezca.  Monseñor del Rió ha dicho claramente que votar por Verónica Mendoza o Alfredo Barnechea es pecado.  Y al pecar y morir en pecado sin arrepentimiento, tienes el infierno garantizado.

Tratemos de seguir el razonamiento de Monseñor del Río y sus seguidores. El quinto mandamiento, «no matarás», obliga a todo católico no sólo a no matar, sino a defender la vida del inocente. No podría estar más de acuerdo. Creo que mi vida personal es un testimonio pleno del respeto a ese principio  y baste decir que cinco cesáreas no las tiene cualquiera. Mis cicatrices y los riesgos de vida que tome hablan por mi. Pero también puedo decir que no he juzgado ni condenado a la amiga que abortó y que necesita un hombro para llorar. Lo que me molesta de estos «defensores de la vida» es la exaltación de la punición, del castigo, de la dureza contra la mujer que si bien peca gravemente al abortar, es muchas veces víctima de otros pecadores mayores que ella. ¿Dónde esta la compasión («padecer CON el otro)? ¿Dónde esta la misericordia en el año de la misericordia? ¿Dónde están los pastores buscando a sus ovejas? ¿Qué les ofrecen: la mano o el látigo? ¿No ha dado acaso el Papa facilidades para que toda mujer arrepentida se acerque a la Iglesia? ¿Y que hace esta? ¿La estigmatiza? ¿La apedrea como a la mujer adultera que Jesús mismo salvó?

No veo inconveniente en que se defienda la vida. Yo la defiendo. Pero entonces tendremos que analizar que candidatos no han defendido la vida de todos los peruanos en el pasado. Porque si seguimos el planteamiento de Monseñor y vamos pecador por pecador,  nos encontraremos que los inocentes que murieron en Barrios Altos (un inocente niño de 9 años entre ellos)  por ordenes de Fujimori (por eso esta preso) son también victimas. Y mientras su hija Keiko no reconozca que su padre fue responsable de la creación y operación de un grupo de aniquilamiento militar, ¿podemos decir que ella defiende la vida? Y añado, ¿esterilizar mujeres contra su voluntad no es acaso un acto contra la vida?

¿Y el candidato de Alianza Popular, Alan García? ¿No lleva en el debe la responsabilidad por las matanzas de los penales? ¿O esos muertos no son humanos? ¿Y los policías que mandó a morir a Bagua? ¿Y las cientos de miles de muertes a manos de las Fuerzas Armadas durante su primer mandato? ¿Esa no es sangre? ¿Esa no es vida?

«El quinto, no matar» gritó a plaza llena un joven Haya de la Torre cuando Leguía quiso consagrar el Perú al Corazón de Jesús. Los disturbios acabaron con un muerto y luego con el exilio de esa juventud política que no concebía sino un Estado no confesional, donde la jerarquía de la iglesia y la jerarquía política no se apañen y se usen mutuamente para fines terrenales. Donde la fe no sea usada para manipular a los fieles y amenzarlos con el infierno del pecado sino se siguen las ordenes de la jerarquía.

Ahora bien,  también podrá haber examinado Monseñor el cumplimiento de los candidatos  del sexto mandamiento. ¿No es pecado el adulterio? ¿no es pecado la fornicación? ¿Podemos votar por adúlteros públicos? ¿Por personas que rompieron su vinculo sacramental de matrimonio y hoy conviven con otras mujeres? ¿Votar por ellos no es pecado? ¿Por qué no?  Tampoco estaría demás revisar el  séptimo mandamiento «no robarás», o el octavo «no mentirás ni levantarás falso testimonio». ¿Acaso solo el quinto mandamiento esta en juego al momento de descartar candidatos?

Siguiendo la línea de Monseñor, en estricto sentido, estamos peor que con el JNE.  Hay que excluirlos a todos. Porque los supuesros defensores de la vida son adulteros y los que tienen matrimonios sacramentales no defienden la vida.  Así de absurdo puede llegar a ser el mezclar gustos personales (Monseñor del Río militó en su juventud en el PPC, con todo derecho), doctrina de la Iglesia y acusaciones y amenazas  con nombre propio, inaceptables usando la fe, como excusa.

Si Dios nos dio el libre albedrió fue para usarlo. Y creo que estudie bien mi catecismo para saber cuando me hablan en el nombre de Dios y cuando estamos ante un abuso de poder que ya no asusta a nadie y sólo contribuye a desprestigiar a mi Iglesia Católica, que no merece esto.

 

 

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