Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

22 marzo, 2016

Exiliada

Aquí trabajo

He cubierto campañas presidenciales desde el año 2000. Esta es la quinta y confieso que tengo un gusto enorme en cubrirlas. Creo que lo que vemos es en realidad, lo peor y lo mejor de los seres humanos. En los candidatos, en la prensa y en la audiencia, cada vez con mayor participación en redes sociales. Sólo en una contienda electoral nacional sale a relucir, bajo enorme presión, quienes somos realmente, de que material estamos hechos. Después de la batalla, podemos, metafóricamente, contar las bajas en muertos y heridos. Las hay en todas las trincheras de lucha, en las de la política y en las de la prensa.

Fusilada después del último proceso electoral el 2011 debería ser mas cauta. No exigir tonterías como que se respete a los periodistas y se les pague puntualmente o pedir un baño limpio o trabajar con aire acondicionado en un ex salón de clases o un ex dormitorio de una casa derruida donde tienen que entrar 10 o 15 personas apiñadas. Si la gente supiera en que condiciones y con que escasez de recursos trabaja la gran prensa limeña, no lo creería.  Y yo, por pensar que el respeto al prójimo es un valor universal, me meto en líos. Pero también por incomodar a quien tiene el poder de llamar al gerente o a los propietarios de un medio para exigir que me boten. Si cada una de esas llamadas fuera una condecoración yo ya tendría el pecho cubierto.

Exilada de los medios de comunicación tradicionales mi trabajo se compone de un mosaico de medios alternativos y acogedores. En radio, los lunes a las 8 am invitada por Ideeleradio en Radio San Borja, y los martes, miércoles y jueves, en Radio Santa Rosa, a la misma hora, transmitiendo para la red de radios dominicas en todo el país.  Radio Santa Rosa es una radio católica con 58 años de operación. Aunque tiene una frecuencia FM para el sur de Lima su fuerte esta en los 1500 de la AM. No hay anunciantes, ni mediciones trimestrales de audiencia. Libertad pura para decir «la verdad», lema de los dominicos. Y de yapa, el mejor local en que me haya tocado trabajar en mi vida: el Convento de Santo Domingo, al que tengo acceso por la generosidad de los sacerdotes dominicos que me convocaron. Sé que no es para el aprecio de todos, pero sólo el llegar muy temprano y echar un mirada al bellisimo altar mayor completamente restaurado, o caminar unos minutos en el primer patio mirando esta joya de la arquitectura colonial, no tiene precio para enriquecer el alma y calmar la ansiedad de la campaña. Anoten que esta sólo a cuatro cuadras del Congreso, por si alguien necesita calmar su espíritu.

En la PUCP estoy ya generosamente acogida hace varios años. Además de la docencia,  grabo un programa de TV todas las semanas que hoy se llama «Sin Pauta Electoral». Ahí entrevisto pluralmente a candidatos o tratamos de explicar las complejidades de las decisiones de un JNE, que decidió ser protagonista en esta campaña, todo gracias a mi entusiasta productora. El programa, de unos veinte minutos, se cuelga en este blog pero además puede verse en el canal de youtube de TVPUCP.

Escribo los domingos una columna en La República, donde también me acogen cada vez que me botan de algún otro lado, y por supuesto escribo en este blog que el 1 de abril cumple un año. Este refugio, auspiciado gracias a la generosidad de la PUCP,  me ha permitido interactuar con un promedio de 300,000 lectores al mes, lo cual es para mi sorprendente. 1,600,000 seguidores en twitter y la cuenta de facebook que apoya a este blog me permiten – sin tener que estar en ningún otro lugar que no sea frente a esta pantalla donde ahora escribo – ser libre y escribir lo que me da la gana. Nunca he sentido tanta libertad.

Por supuesto, el blog,  twitter y facebook son un campo de batalla repleto de insultos cuyos autores son bloqueados o borrados. Esta es mi casa y yo invitó a quien sepa comportarse. Si los dirigentes de partidos políticos pagan a estas portátiles para crearme campañas de desprestigio, mellar mi credibilidad o bajarme la moral, se equivocaron de persona. «Desaparecerlos» figurativamente me causa enorme placer y me hace reír mucho. También pueden seguir malgastando su dinero en seguir reclutando periodistas mermeleros infiltrados en todas partes, recibiendo prebendas o Dios sabe que, para destruir al adversario de su candidato y a los periodistas que deciden no ser parte de la manada. Tal vez mis ojos estén mas entrenados para detectarlos, pero el público termina dándose cuenta tarde o temprano. Yo, más rápido que ustedes.

¿Regresar a la TV o a las radios habladas comerciales? ¿Para que? Excepto el dinero, que no deja de tener su importancia, tengo lo que todo periodista quiere en una campaña. Buenas historias, fuentes fiables y la posibilidad de contarlo todo a una audiencia cariñosa que me sigue porque sin conocerme físicamente, me cree. Y me cree porque no he abandonado mi pasión por el periodismo y sus objetivos finales: buscar la verdad, cueste lo que cueste, decir la verdad, cueste lo que cueste, y en el camino ser leal con tus colegas íntegros (que son la mayoría)  con tus fuentes y con la democracia que es la razón final de contar con libertad de expresión como derecho constitucional.

Sin embargo, si hacen eso, si los periodistas cumplen con su deber, es inevitable su destino: perderán muchos trabajos. Pero ¿saben? No cambio ninguno de mis muchos trabajos actuales si tuviera que aceptar uno sólo en donde tenga que autocensurarme para no molestar al dueño. Ni por todo el oro del mundo.

A pesar del enorme trabajo que se dieron unos pocos por callarme en las elecciones 2016, a 18 días de la primera vuelta, aquí estoy.

Aquí estoy.

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