Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

15 febrero, 2016

Alfredo Barnechea en trazos sueltos (Parte 2)

No es esta una campaña de ideologías, ni siquiera de ideas. Los candidatos, asesorados, para mal o para bien, quieren hacer listados de ofertas concretas para cada grupo de interés, ya sean jóvenes, microempresarios, contribuyentes, maestros o pensionistas. El inmenso bolsón de votos del NSE C, la clase media emergente, es la que se busca enamorar desde lo concreto de un aumento, un puesto, un beneficio.

Sin embargo, aunque se niegue o se disfrace, a veces, sí, hay ideología detrás.

Es en ese contexto en que hay que entender que Acción Popular no ha sido, ni será, un partido de derecha. Los herederos de Belaúnde se parecen mas, en pensamiento económico a Yonhy Lescano que al fallecido Presidente. Víctor Andrés García Belaunde o Pedro Morales creen en el Estado propietario de empresas públicas – no importa cuantos millones de todos los peruanos pierdan – en sistemas de pensiones públicos, en subsidios directos e indirectos a todo y a todos,  y en aranceles altos y otras trabas al libre comercio exterior. No, no estoy bromeando. Esas han sido sus causas. Parar privatizaciones, parar inversiones mineras, destruir el sistema de AFPs, trompearse con Telefónica, entre otros ejemplos.  Eso ha hecho de los representantes al Congreso de Acción Popular unos verdaderos populistas, en todo el sentido de la palabra. Muy populares y a la vez, muy irresponsables.

Es ahí donde Barnechea, proclamado social demócrata, tendrá que hilar fino. Sus adversarios lo acusaran de espantar a la inversión privada con ese partido al lado y del cual él es militante – me enteré anoche – desde el 2013. Pero no sólo es el partido. Sus propios planteamientos implican riesgos a la inversión. Anunciar una renegociación de cualquier contrato, sin que la otra parte este de acuerdo, implica una imposición que viola la actual Constitución. Si el candidato cree que puede imponer el imperio del Estado para violar contratos firmados por el mismo Estado, va por mal camino. Eso termina en tribunales arbitrales internacionales y cuesta mucho mas que lo que se quería obtener.  De otro lado, la coacción tampoco es el medio.

Siempre hay que considerar que el riesgo en un contrato, que las dos partes desean modificar, es que ambas tengan que hacerse mutuas concesiones. Y el Estado puede ir por lana, y a la larga, salir trasquilado. Las únicas renegociaciones que funcionan para bien son aquellas en que hay incentivos ganar-ganar para las dos partes. Barnechea ha explicado porque quiere renegociar el contrato de gas de uno de los lotes de Camisea. No ha explicado que gana la contraparte como para querer sentarse a la mesa.  Sin eso, sólo es populismo lo que esta haciendo. Suena bien, pero no aterriza.

Hay otros problemas que tiene que enfrentar Barnechea en las próximas semanas, porque todo aparecerá en campaña. PPK y Alan García tienen que vender la idea de que «lo nuevo es riesgoso». Es decir, vota por lo conocido, porque lo desconocido no tiene experiencia. Barnechea tiene en el Estado un quinquenio (nefasto 1985 -1990) como congresista. Lo demás, son intentos de llegar y no llegar. Por tanto no tiene experiencia de gobierno. Esto le será achacado una y otra vez. A pesar de haber trabajado como funcionario público internacional para el BID en Washington por dos años, el resto de sus ingresos familiares son de orden privado. No ha trabajado en el sector público, por tanto, no sabe nada de como funciona realmente el sector público, se le dirá en todo debate.

Una derivada de la inexperiencia en gestión pública es la falta de equipo. ¿Con que tecnocracia va a gobernar Barnechea? ¿Con la de Acción Popular? ¿No están sus cuadros fuera del juego desde hace décadas? ¿Cuál es el equipo? Falta presentarlo, y pronto.

También esta el problema de la distancia personal. Barnechea tiene fama de «sobrado» en el NSE A.  «Un hombre que mira desde arriba, que no tolera que no lo escuchen y asientan mientras habla». Cosas así – no reproduzco todas – he escuchado todo el fin de semana, después de escribir la primera parte de esta columna. Cae mal, pero cael mal entre gente que Barnechea no considera sus pares. Me explicó. Por las conversaciones que siempre he tenido con él – y por la lectura de sus libros – Barnechea se considera un provinciano iqueño aterrizado en una Lima snob y atorrante, llena de «señoritos». No se siente, ni ha hecho ningún esfuerzo, por sentirse parte de ella, pese a la décadas en que reside aquí. No quiere ser limeño. Detesta que lo confundan con un limeño. Es raro, lo sé, pero les cuento lo que he visto.

Tengo un punto personal que aclarar por si hubiera alguna confusión sobre mis simpatías. Yo no soy socialdemócrata, soy liberal.  Los liberales no tienen candidato desde 1990 cuando Mario Vargas Llosa perdió las elecciones.  Dicho esto, agrego que no comparto las ideas económicas de Alfredo Barnechea ni de Acción Popular. Creo que el socialismo democrático tiene demasiadas contradicciones en si mismo y no veo como, al menos en nuestro país, haya tenido éxito, pese a su aplicación toda la década del sesenta y ochenta del siglo pasado. Aquí no funciona.  Endeuda al Estado y lo único que socializa son perdidas empobreciendo a los mas pobres. Esa es nuestra experiencia como nación.

Dicho esto, si creo que una persona honrada en el poder sería un viento fresco para la política peruana. Y Barnechea puede ser acusado de muchas cosas, pero no de ladrón.  Eso, en una elección ajustada, con tantas propuestas populistas y banales, puede ser el diferencial a considerar.

 

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