Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

18 enero, 2016

Nada está dicho

Las encuestas de Datum y de CPI, y las que vengan en los próximos días, no nos dicen nada del resultado final de junio próximo en la carrera presidencial. Carrera de largo aliento, muy competitiva, donde no hay medalla de plata o de bronce. Aquí sólo es Presidente uno, los demás ni siquiera entran al parlamento.

Los más experimentados saben que esta carrera tiene etapas bien definidas. Este mes está dedicado a hacer conocido al candidato presidencial. Nada más. Los que ya lo son, ofertan sus propuestas y los que no lo son, despliegan toda clase de estrategias. De todos los NN, al que le ha ido mejor es a Julio Guzmán, que atacó el target joven, limeño, de clase alta y media, y con Facebook a través de un equipo de redes sociales. ¿Cuánto puede crecer desde ahí? Nadie lo sabe. Pero le sirve para tener hoy una cobertura mediática que no recibirán los que están por debajo de él.

La segunda etapa arranca en febrero con la inscripción de listas parlamentarias. Los postulantes se convierten en voceros de los candidatos presidenciales y asumen el encargo de decir lo que él candidato no puede, pero si debe decir. Asumen el ataque, la filtrada de documentos o información adversa a la prensa y son los que asisten sin falta a todos los espacios de televisión o radio que existan. En Lima el porcentaje de reelección es mas alto pero fuera de Lima hacerse conocido es muy importante. Los candidatos al Congreso también suman para la recaudación y la movilización por lo que su presencia anima la contienda y puede cambiar, en mucho, el resultado. Metidas de pata históricas de estos voceros han hecho mucho daño. Defensas y ataques certeros han favorecido a los candidatos. De las cinco campañas presidenciales que he cubierto podría decir que los mejores maestros de esta esgrima son los apristas. ¿Los peores? Los fujimoristas. Por qué la gracia es hacerlo siendo simpático, diciendo cosas racionales y teniendo velocidad de respuesta. «Nosotros matamos menos», por ejemplo, fue un desastre para Fujimori el 2011.

A falta de cuadros – en esta grave crisis de institucionalidad partidaria – buenos son aspirantes al Congreso. El problema de esta elección es que los escuderos más conocidos han saltado de los botes que creen que se hunden, para subirse a otros. Nunca sabrán si lo han hecho prematuramente. Tampoco saben los candidatos presidenciales si estos nuevos seguidores serán un activo o un pasivo para las campañas. Un escándalo puede rebotar en el candidato y demolerlo. Nunca se sabe. A veces, eventos a los cuales el comando de campaña no da importancia resultan determinantes y viceversa. Puede haber un hecho que causa gran preocupación interna y pasa colado. La opinión pública peruana es impredecible.

La tercera etapa de la primera vuelta esta en marzo, donde hay que meter mucho dinero en publicidad en televisión. Los que no lo tienen dinero agonizan hasta el 10 de abril. Los que si lo tienen, si tuvieron experiencia previa, saben que es enero el momento de recaudar, sobretodo para los cuatro primeros que hoy tienen un buen cartel, mañana ¿quién sabe? De ahí salen todos los saldos para la siguiente campaña o para cumplir el sueño de la casa propia. En esta campaña, Acuña resulta una anomalía. La plata, es suya y es ilimitada. Eso le da enorme ventaja en el tramo definitivo.

Finalmente, el resultado determinará si hay o no segunda vuelta. Esa es una nueva campaña, donde las correlaciones de fuerzas que comienzan a delinear el que será el futuro gobierno. Falta mucho aún para eso. Pero en esta lucha no hay enemigo chico.

Columna publicada  en el diario La Republica el domingo 17 de enero del 2016.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *