Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

30 diciembre, 2015

Semana muerta

Desde lejos escribo y leo las habituales noticias de fin de año. Predicciones, balances, saludos, hombres y mujeres del año, hasta buenos y malos augurios para el 2016. Una semana de poco más de tres días útiles que trae lo de siempre en ese compás de espera semi vacacional, para algunos, entre Navidad y Año Nuevo.

Ha sido en este periodo de distracción popular en el que Keiko Fujimori ha elegido hacer un anuncio clave, según sus asesores, para ganar las elecciones. No irán a la reelección parlamentaria Martha Chávez, Alejandro Aguinaga y Luisa María Cuculiza. Va en cambio, de los fujimoristas de los noventas, Luz Salgado.

Dos, mis primeras constataciones. La primera es que si bien ya sabemos que la democracia interna partidaria – requerida por ley – es una farsa, en el fujimorismo ya perdió todo pudor. Los candidatos son elegidos a dedo por Keiko Fujimori y un pequeño entorno de asesores designados por ella. Por eso puede hacer el anuncio, de quién va y quién no va, sin que nadie se le mueva una ceja. Lo segundo es que la lealtad, en política, paga mal. De Martha Chávez se podrá decir muchas cosas, pero nadie se atrevería a acusarla de desleal. Mucho menos, cuando tuvo que asumir el 2006 la candidatura presidencial del fujimorismo porque la heredera aún no tenía edad, sacrificando un lugar que hubiera ganado fácilmente en el parlamento.

A pesar de la pública bronca de Kenyi Fujimori y Alberto Fujimori en defensa de los desterrados, ayer, todo parecía apaciguado. «Permítame saludar la reacción digna de quienes no han sido elegidos (sic) y destacar que me consta que Alberto Fujimori les ha pedido a ellos que apoyen a Keiko». ¿Alberto pidiendo apoyo? ¿Kenyi aplaudiendo? ¿Qué pasó?

Es obvio que hay un plan como vinimos señalando desde los inicios de este supuesto pleito. Uno que deja satisfechos a los dos miembros políticos de la familia Fujimori y en sumisión y callados al resto. Un plan que no es improvisado y que, creen, puede funcionar.

Hagamos algo de matemáticas electorales.

1. Keiko Fujimori no es una lideresa experimentada añorada por el pueblo. No se puede añorar lo que no existió. La Presidenta no fue ella, fue su padre. Tampoco es posible que ella haya construido un liderazgo propio independiente del padre, aunque ese sea su deseo. Pero, ¿dejarán los fujimoristas de votar por ella por hacerle ascos a los radicales de antaño? Difícil. Salvo que negara de forma expresa y dramática al padre.

2. La decisión de salir de parte ( no toda ) de la guardia vieja del partido obedece a jalar el voto en segunda vuelta. Con 30% gana la primera vuelta, pero no logra ser Presidenta. Ya le pasó con Humala que era el contrincante antisistema que todos querían enfrentar.  Ese, el supuesto chavista, le ganó las elecciones. Por eso necesita ampliar su votación ahora que cualquiera de sus posibles competidores tienen a) experiencia y b) ninguno es un peligro económico. Esta contienda es para ella mucho más difícil que la del 2011. No hay «cuco».

La elección de Humala dejo lecciones el 2011. Y una de ellas es que el voto masivo popular no le tiene miedo a votar hacia la izquierda si se encuentra representado. Sin embargo, ¿le funcionara a Keiko Fujimori?

El plan solo funciona si se percibe auténtico. Y ahí está el gran problema. Una niña que creció con el «Cuento del Bacalao» puede mentir muchas veces sin agitarse, pero se le nota. Claro que se nota.

 

 

 

 

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