Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

18 diciembre, 2015

Muchos, la pasan muy mal en estos días

El ambiente festivo de la Navidad está hoy en Lima por todas partes. No sólo en el bombardeo publicitario o en la atención masiva a centros comerciales y mercados. Esta es la única fiesta en la que, por tradición cristiana e iniciativa familiar, se decora el propio hogar de una manera distinta y particular. No hay otra fiesta (salvo poner la bandera en fiestas patrias) cuya ornamentación nos persiga dentro y fuera de casa, hasta en las oficinas públicas y privadas.

Aunque uno quiera huir, es difícil hacerlo. Pero ¿quién quiere escapar de la fiesta mas feliz del año? Sea uno cristiano o pagano, todo esta ahí para compartir, dar, comer, reír, reencontrarse con la familia y amigos por un par de días, 24 y 25, en que parece que el mundo se detiene.

Tal vez por esa «obligatoriedad» de ser feliz, en estos días, se cause tanto dolor en muchas personas que no tienen ningún deseo de ser felices y no pueden, ni por esfuerzo propio, serlo.

Piensen en las personas que perdieron un hijo pequeño este año. ¿Podrán sonreír sin ellos? Aquellos a los que sus padres les dieron maravillosas navidades y ya partieron, ¿podrán no recordarlos con tristeza? ¿Y los que sufrieron horrendas experiencias navideñas en su infancia (pleito, gritos, exclusión, abandono de sus padres) podrán no volver a vivir esos recuerdos traumáticos en estos días?

¿Y si el dolor es físico?  ¿O si la depresión, la enfermedad de nuestros días, ataca con crudeza como suele hacerlo en Navidad? ¿O si vemos sufrir a nuestros padres, hermanos o amigos queridos por una enfermedad irreversible? ¿O si la ansiedad nos deja exhaustos porque esta temporada es agotadora en emociones?

Lo primero que hay recordar del sentido cristiano de estas fiestas es que el compartir, también implica ponerse en los zapatos del otro. Y eso incluye al entorno próximo que no puede ser feliz. Tal vez quiera, pero lamentablemente, no puede. Compartir es dar. Dar tiempo, atención, escuchar y respetar la tristeza o el duelo ya sea el resuelto o el no resuelto. Y si esas personas necesitan nuestra ayuda para «huir» pues demos esa ayuda.  Nadie esta obligado a estar alegre. Tampoco a asistir a donde se sienta agobiado. La familia debe ser un refugio, no una cámara de tortura. Por tanto, si alguien quiere subir al carro, al bus o al avión y largarse sólo o con alguien que este tan triste como él, pues, no se los impidamos. La huida no da felicidad, pero puede ser un alivio y hasta una liberación de obligaciones que por forzadas, suelen acentuar el recuerdo doloroso y triste.

Lo segundo, es que hay personas que se ponen de pésimo humor en estos días. Tal vez, no lleguen al extremo de huir de toda celebración o reunión familiar pero recuerdos infantiles, las carencias de hoy o el cúmulo de obligación económica los angustian de tal modo que les hace imposible alcanzar la paz. El desasosiego los acompaña hasta enero.

Hay estrategias para evitar entrar en estos estados. Las compras muy anticipadas, para evitar las aglomeraciones, pactos muy claros y previos de cuanto se puede (no «se debe») gastar, pactos sobre cual sera la rutina familiar de 24 y 25, ayudan a bajar el estrés. No dejar que otros asuntos que coinciden con estas fechas (como el fracaso escolar o el viaje de familiares) aumente el estado de ira. Tener un plan, baja la ansiedad a los ansiosos. No dejarse atarantar y ponerse en guardia al bombardeo publicitario y a la imposición de obligaciones, también.

Finalmente, no hay que olvidar a las personas que están solas, no por su voluntad sino porque la vida las puso en esa situación. Hay ancianos que nos ven a sus hijos, huérfanos que están a cargo del Estado o de terceros, personas que viven lejos de una familia que extrañan mucho y que por razones de sobrevivencia no pueden ver. La pasan pésimo también. Recuerdan tiempos mejores o simplemente la nostalgia los carcome en estos días. La Navidad para ellos es una fiesta de melancolía.

Lo extraordinario de estos días es que es difícil escapar de ellos. Así se sea absolutamente ateo, agnóstico o se deteste toda la tradición. Navidad no es la fiesta cristiana mas importante (lo es Domingo de Resurrección) pero si la mas popular, la mas querida, la mas entrañable. Un niño es el salvador de la humanidad y su nacimiento (nadie sabe en realidad la fecha real) fue designado, por la Iglesia Católica, para ser celebrado en el momento mas oscuro del invierno del hemisferio norte. El momento en que la noche es mas larga y la oscuridad ocupa la mayor parte de las horas del día para subrayar que después de la máxima negrura llegará la luz que ilumina al mundo.

También, para los mas tristes, estos días pasaran. Pero a diferencia del largo invierno del norte, aquí, en el hemisferio sur, llega el verano y el sol anima hasta a los mas caídos luego de soportar meses de nuestro cielo gris que tapa a Lima sin piedad.

Tolerancia para todos.

 

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