Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

31 agosto, 2015

Periodismo y humanidad

La república es el gobierno de la ley. No de un hombre, ni de unos hombres o mujeres. De la ley. De una ley que emana ciertamente de hombres pero sujetos a un procedimiento que limita su poder para someterlo al respeto de otras leyes mayores y universales.

El Perú es una república democrática. El gobierno de la ley, en manos del pueblo. Por eso la libertad de prensa es indispensable para el sostenimiento de la república. El pueblo (los que no son autoridad) se manifiesta frente al poder de todas las formas posibles a través de esa maravillosa libertad dual de informar y ser informado. Pero aún dentro de esta libertad no existen absolutos. La libertad tiene como limite otras libertades y derechos.

Todo esto, que suena tan claro, tan ordenado, tan correcto en blanco y negro esta destruyéndose cada día en el Perú. Y los periodistas estamos permitiéndolo porque no hacemos nada para que las cosas cambien. No es un periodo de confusión y desaliento. Es un periodo de caída, de desmoronamiento.

Podemos buscar varios fenómenos a los cuales culpar – y de hecho habrá culpas que repartir en la crisis de lectoría, en el acaparamiento de medios local y global, en la reducción de los presupuestos publicitarios – pero empecemos por nosotros mismos.

Lo primero que debe hacer el periodismo peruano para servir a la república es transparentar sus intereses. Cada día veo mas casos de buenos periodistas, personas que necesitan subsistir y lo merecen, dejar el periodismo para pasar a la comunicación corporativa. El periodismo pierde mucho pero es entendible que las pésimas condiciones laborales alejen a gente buena del trabajo que los apasionaba.  Esta siempre será una opción correcta pero (y el pero es fundamental) lo será mientras se haga de manera abierta, diáfana, con absoluta transparencia y cortando todo vinculo con el pasado. Es decir, no se puede ser periodista y tener al mismo tiempo clientela que determina inevitablemente el contenido del trabajo, ocultándoselo al público.

Salvo que te dediques a temas totalmente ajenos a tu trabajo corporativo (como mentarle la madre a la religión cosa que con gran solvencia hace mi amigo Pedro Salinas) o hagas un «full disclousure» en cada publicación, no se pueden mezclar los dos mundos. Todos los sabemos y veo con pena como éste principio se incumple no sólo para favorecer al cliente, sino para insultar a los que denunciamos la corrupción del mismo cliente. Hay hasta un servicio de «redes sociales» que no es otra cosa que cuentas falsas de twitter que sirven para difamar y desprestigiar periodistas. A esa basura hemos descendido.

¿Para eso nos ha dado la Constitución la libertad de ser un balance al poder? ¿Para eso lucharon y murieron generaciones enteras contra toda forma de dictadura o totalitarismo en el mundo entero? ¿No es una traición generacional no defender la independencia cuando nuestros padres no podían leer mas que periódicos expropiados y parametrados por el Velascato? ¿No se convulsionó el país viendo como Montesinos compraba enteros los canales de televisión?

Y después de toda esa maldad, después de todo ese sacrificio. ¿De lo que se trata es de pasar por caja según el interés del cliente? Me niego a ceder. No podemos claudicar.

¿Dónde quedo la muralla china entre prensa y publicidad? La dejamos horadar de a poquitos.  Del «product placement» o los «banners» llegó el salto a los conductores mas distinguidos de la opinión pública del país mirando a la cámara y recomendado a los televidentes el productito maravilloso del auspiciador !en un programa de prensa! No me opongo a la publicidad, no estoy loca. De eso vive un medio. Pero en su correcta ubicación, sin confundir a nadie. De ahí la absoluta necesidad de volver a separar propaganda de noticia.

¿Donde quedó el respeto a la intimidad? ¿Es de interés público que una persona común, de falaz notoriedad denuncie una infidelidad? No lo es. Nunca lo fue. Es un circo, que banaliza todo, el afecto, la fidelidad, el respeto por los niños u otros terceros. ¿Es noticia el periodismo de periodistas? Tampoco. ¿Es noticia la que se basa en información no confirmada por ninguna autoridad? No lo era, ahora es verdad absoluta. ¿Sirve al debate de las ideas la repetición constante de imágenes de asesinatos por sicarios desde las 6 am? ¿Acaso los noticieros no han convertido a cada muerto en un muerto más, otro número que contar? Y podría seguir, pero no sigo para no seguir dando mas pena.

Se que nadie habla en público de estas miserias. Pero muchos lo hacemos en privado. Nos lamentamos. Buscamos comprender e intentamos excusas. El rating, la lectoría, la audiencia. «Lo que le gusta a la gente, pues», «Con mi presupuesto, ¿Qué quieres?».  Lo cierto es que la prensa no educa, a quien engañamos. Pero hoy tiene la imperiosa obligación de recuperar al menos la humanidad.

Humanidad. Eso es lo que hemos perdido y con el ello,prestigio. Hemos dejado de tratarnos como seres humanos los unos a los otros al acostumbrar y acostumbrarnos a tanta banalidad y a tanta mentira (que a fuerza de repetirse nunca será verdad) frente al oyente, al lector y al televidente. Somos la parte siniestra de la banalización del mal de la que escribí ayer. La que silenciosa, entra a todos los hogares, todos los días, para decir que no matar, no robar, no mentir pueden ser matar, robar y mentir sin consecuencia moral alguna.,

 

 

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