Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

21 julio, 2015

Alejandro Toledo o como dilapidar un capital político comprando inmuebles

El verano del 2011 empezó auspicioso para el candidato Presidencial Alejandro Toledo. El ex Presidente, con dramáticos problemas de aprobación popular durante su gobierno, lideraba la intención de voto. Eso, por supuesto, atrae mucho dinero a la campaña. El donante – inversor cree que ésta apostando a ganador. Pero  además de ingentes ingresos, Toledo tenía a su favor una evaluación positiva que podía resumirse de este modo:  A pesar de que su gobierno no pudo emprender grandes reformas, a pesar de ser un pésimo padre, a pesar de llegar tarde a todas partes recién bañado, a pesar de gustarle la juerga, a pesar de mentir para agradar a la audiencia, a pesar de las firmas falsas,  a pesar, en fin, de tener fama de irresponsable y de muchas cosas más, había dos cosas a su favor. Primero no se le conocía robo, segundo no había mandado a matar a nadie. Y eso, ya era algo a destacar.

Por supuesto, lo acusaron por las minucias en el uso del poder. Toledo sostenía que al no tener otro trabajo, más que el de Presidente, el Estado debía de comprarle hasta el agua de colonia. Y en efecto, pasó todos sus gastos personales y los de su esposa como gastos de representación. Pero reitero, eso ni siquiera es moralmente censurable. El becario perpetuo creía que la Presidencia era una beca «full tuition» y eso era aceptable dadas sus circunstancias personales.

Pero regresemos a ese verano.  En la campaña todo comenzó a salió mal. A pesar de desaparecer a su esposa, el tema de la prueba toxicológica lo destruyó. Respondió tarde y mal. Ya nadie le iba a creer.  Humala subía como la espuma, Fujimori mantenía su sólido 20% y su ex Ministro PPK – con una campaña alegre,  llena de color y de cuyes – comenzó a crecer. Toledo se negó a pactar con nadie, se peleó con todo el mundo (miren lo que pasó con su Jefe de Campaña Carlos Bruce) y perdió culpando a los medios y a PPK. A todos menos a él mismo.

¿Cuanto dinero se recaudó en esa campaña? En verdad, nadie lo sabe. Las cuentas presentadas a la ONPE simplemente no cuadraban. Sólo el gasto de publicidad en medios era superior a lo declarado. Perú Posible fue multado – de forma incobrable porque los partidos no tienen patrimonio –  porque eso es todo lo que puede hacer la ONPE  (fue  igual con los demás partidos) y así terminó la historia.

Lo que vino después acabó con una de las dos premisas que resumían su capital político. ¿De donde su suegra va a sacar plata para comprarse una casa en Casuarinas? La primera respuesta contuvo tantas mentiras que el documento, firmado por Toledo – que conservó – habló de una mujer rica con compensaciones del Holocausto que podía comprarse lo que le diera la gana. ¿Por qué no?

El problema es que la suegra no tenía un mango. Y ahí Toledo dijo que esta señora, de mas de 80 años,  había conseguido una hipoteca con el ScotiaBank de Costa Rica para hacer negocios en el Perú a través de un empresa constituida por ella.  El disparate era mayúsculo.

La investigación arrojó que Alejandro Toledo había viajado a Costa Rica, aprovechando otro evento, para dar instrucciones al abogado local. Este debía constituir una empresa llamada ECOTEVA. El abogado, que relató los hechos al detalle, constituyó la empresa según las instrucciones y para cumplir con el requisito de pluralidad hizo socia a la señora -que reside en Bélgica-  de dos empleados de limpieza cuyas caras jamás vio.

ECOTEVA pagó no solo la casa de Las Casuarinas de mas de 4 millones de dólares. También adquirió un oficina comercial en Surco en mas 800,000 dólares, pagó las hipotecas de las casas de Punta Sal y de Camacho de propiedad de la pareja Toledo – Karp y también, de yapita unas cuentas de tarjeta de crédito de la señora.

Como era imposible seguir insistiendo en negocios inmobiliarios de octogenarias  e hipotecas inexistentes apareció, al rescate, Josep Maiman, el amigo millonario de múltiples nacionalidades. «La plata es de Maiman». Eso han repetido todos, una y otra vez, como un mantra. Pero las mentiras anteriores quedaron registradas. También el camino del dinero de Maiman a los Toledo que, más que prueba de descargó, parece de cargo.

Un país que se escandaliza por dos amigas – como hermanas, ha dicho Nadine Heredia – que se prestan plata a través de una tarjeta de crédito común cuyo consumo es $38,000 dólares en 18 meses, ¿Qué puede pensar del amigo que presta millones de dólares que son imposibles de devolver?

Sólo hay dos posibilidades. Es plata de coimas o es plata de campaña. Maiman no es, ni ha sido, mecenas de nadie. Plata sacada del Perú y reingresada a través de este mecanismo complejísimo diseñado no sólo para no ser pescados sino para que una hija no herede a su padre. Y Toledo podrá decir «no le permito» todas las veces que quiera, pero no hay otra explicación posible. Y en cualquiera de los dos casos (coima o campaña) es lavado de activos aquí y en Sebastopol.  Toledo no puede explicar como esos bienes, que lo benefician (recuérdese el levantamiento de las hipotecas) entraron a su patrimonio.

– «¡Es un atropello! ¡No quieren que postule este cholo!»-  Tremendo numerito ante CNN. Esconderse en la política para no enfrentarse a la justicia es digno de Mauricio Diez Canseco,  no de un ex Presidente del Perú. La acusación fiscal ésta, está vez, debidamente sustentada y el juez debe determinar si abre o no proceso. Será en el juicio oral donde Alejandro Toledo, su esposa, su amigo (que siendo peruano no volverá al Perú más) y su pobre suegra (que dudo asista) serán juzgados. El juez podría dictar prisión preventiva para los implicados si hay peligro de fuga.  Estos no son actos políticos, son actos de naturaleza jurídica derivados de una acusación fiscal.

Una lastima. Todo es tan penoso, que ni el propio Toledo entiende el daño que sus actos le han hecho a la política peruana. Si había la esperanza de creer que alguno de los últimos ex Presidentes no robó, él la destruyó.

 

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