Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

19 abril, 2015

Temas sensibles 2016

Indulto a Fujimori versus arresto domiciliario

Esta es un historia en la que fui  involuntaria protagonista. Hace pocos  meses, entrevistaba una mañana a William Paco Castillo, abogado de Alberto Fujimori, sentenciado éste a 25 años de condena y con casi 8 años en prisión. En esa entrevista discutíamos el fallido habeas corpus interpuesto a favor de su patrocinado. En este recurso se solicitaba algo que era de imposible otorgamiento: un arresto domiciliario a un condenado.

Como bien saben, el arresto domiciliario es una medida que busca – al igual que la prisión preventiva – evitar la fuga de un procesado. Aunque claro,  no es lo mismo San Jorge (el penal) que San Isidro (el distrito); no hay homologación entre los días de prisión preventiva (en cárcel) y los días de arresto domiciliario (en casa).  Aunque se trató de hacerlo, hace unos años, en el caso Wolfenson, la ley tuvo que ser derogada en medio de un escándalo.

Pero lo importante para esta historia es que no existe en nuestra legislación, arresto domiciliario para condenados a prisión. Esa fue la lógica respuesta de los jueces a la solicitud del doctor Paco Castillo.. Hacerlo de otro modo es prevaricato. Tendría que cambiarse la ley y establecerse situaciones excepcionales para que ello suceda.

Advirtamos que no se puede confundir el arresto domiciliario con el  indulto humanitario u otras formas de indulto. En este último caso, el reo en cárcel sale libre y su pena terminó. En el caso de una posible legislación sobre arresto domiciliario para condenados estos deben cumplir su pena en el domicilio que señale el juez. Pero reitero, esa figura no existe hoy en el Perú.

Y ahí fue que yo, incauta, arme el zafarrancho. Le pregunte al abogado de Fujimori lo obvio. «¿Por qué teniendo mas de 33 votos en el Congreso, mas las simpatías del Apra, del PPC y, tal vez de otras bancadas, no gestionan un proyecto de ley?». «Entiendo que hay uno presentado ya», me dijo Paco Castillo.

Se puede así establecer una norma de carácter general, con una redacción en la que se señale que, por ejemplo, «todos los condenados mayores de 80 años (o una edad alternativa), que no revistan peligrosidad social y cuya familia puede procurar su sostenimiento pueden ser beneficiarios de un arresto domiciliario, en las condiciones que establezca el reglamento de la Ley de Código de Ejecución Penal».

Esto tendría algunos efectos positivos: descongestiona la cárcel de personas que por su edad  significan un mayor costo en atención médica y  hace a sus familias responsables por sus últimos años de vida. Por cierto se debe tratar de reos sin peligrosidad social. La norma no puede ser aplicable para cabecillas del terrorismo. Tampoco es una licencia para que Fujimori haga proselitismo político. Por el contrario, las normas reglamentarias lo obligarían a ciertas reglas de conducta.

En eso estábamos, cuando, con toda espontaneidad y cariño llamó al programa la congresista Leyla Chihuan. Ella ofrecía presentar el proyecto de ley de inmediato. El abogado estaba feliz. Había consenso en las llamadas del público. Su patrocinado gritaba que «lo querían matar vivo» en sus audiencias por el caso «Prensa Chicha». La estrategia de dar pena, es verdad, fue un fracaso. Los hijos aparecieron como unos descuidados respecto a la ropa y peinado de su padre. Pero, ¿un arresto domiciliario? !Si hasta Lourdes Flores estaba de acuerdo!

Lo que sucedió luego permanece en la oscuridad. Llamadas tímidas de fujimoristas diciendo que lo ¿tenían que pensar bien? ¿Qué el proyecto no podía ser de la propia bancada?. Finalmente un tuit de Kenyi Fujimori agradeciendo, pero diciendo, no gracias. Una desconcertada Leyla Chihuan tuvo que callar.

¿Qué pasó? ¿Alberto Fujimori no quiere salir? ¿Sus hijos no quieren que salga? ¿Y su partido no tiene vela en este entierro?

Pero sobretodo, que pasó por la cabeza de Keiko Fujimori, la hija candidata. Las hipótesis son tres:

a) Padre y mártir: Keiko necesita el martirologio del padre. Sin padre preso, no hay candidatura. Puro y duro calculo político. «Sorry papá, pero mas útil eres preso. Yo gano, te liberó y entras libre a Palacio de Gobierno».

b) Keiko es pura: Ella necesita ser solo Keiko con K. Ya no Fujimori. La mochila se la saca, desapareciendo al padre (estratégicamente, claro). Asesores como Yoshiyama le pidieron «desfujimorizarse» en el último tramo de su campaña 2011. Los votantes jóvenes del 2016 (de 18 a 30 años) sí recuerdan al fujimorismo, recuerdan su peor cara: Montesinos, vladivideos,  la renuncia por fax, el robo, los juicios por violaciones de derechos humanos. La fuerza de Keiko es popular, vieja (mayor de 45 años) y conservadora. Con eso nomás, no gana las elecciones.

c)  ¿Y quien lo cuida?: ¿A la casa de quien? ¿Mi papá? Ni hablar. ¿Qué me hago yo con él? Hace mas de 15 años que nadie de la familia vive con él. Mi mamá no nos lo recibe ni por compasión. ¿Quién lo va a cuidar mas barato y bonito que el Estado? Keiko lo va a ver cada 15 días y eso. Es una relación padre – hija muy inusual.

Fujimori puede haber argumentado (sino tuviera interés no hubiera presentado un habeas corpus pidiendo su arresto domiciliario ¿no?), pero hijita: ¡Me puedes indultar igual si tengo arresto domiciliario! ¡Me hago el mártir y saludos desde la ventana!  Pero nada. Sus hijos, o su hija candidata, no lo quieren fuera de la Diroes.

Circula el rumor que Jaime Yoshiyama ya no es su asesor. ¿Cambiará la estrategia? Porque, ¿si Keiko no gana? ¿Se repetirán estas condiciones políticas para al menos sacar a su padre de la Diroes? ¿Sus hermanos la culparan el resto de su vida de no sacar a su padre de la cárcel teniendo la oportunidad de hacerlo? ¿La culparan sus bases y partidarios?

Y en esta campaña, ¿acaso no será pregunta obligada? ¿Por qué pediste un indulto humanitario y después te negaste a un arresto domiciliario que de todas formas sacaba a tu padre de la cárcel y que él mismo pidió en un Habeas Corpus?

¿Qué pesa mas: ser hija o el calculo político? Todas las respuestas posibles, son malas respuestas en una campaña.

 

 

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