Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

19 Marzo, 2019

La espera desespera

Puesto a escoger, ¿cómo prefiere morir después de una larga y fructífera vida? ¿Despacito, poniendo sus cosas en orden, despidiéndose, esperando un milagro que le dé un tiempo extra o de golpe e inesperadamente? Pues la mayoría de gente mayor prefiere lo segundo. “Para no dar molestia a nadie”, dicen o “ya viví, mi vida está en orden, quiero irme sin dolor, rápido”. Una larga agonía es, para los cristianos, una forma de expiación de los pecados a través del sufrimiento físico. Un castigo previo al gozo eterno, pero castigo, al fin y al cabo.

Si esa es la actitud humana frente a la muerte, la última de las esperas, ¿cómo será la espera frente a un triste destino? ¿Cómo aguardar una larga condena, un confinamiento sin fin, la perdida de todos los bienes? La espera sin calma, sin sosiego, sabiendo que el fin está cerca, genera reacciones desesperadas. Se buscará entonces evitar, a como dé lugar, lo inevitable, sin tomar conciencia de que un camino de aceptación es lo único que queda.

Solo así se puede entender la sorprendente conducta política de Alan García que desde el twitter difama y ataca a todo lo que percibe culpable de su actual y próxima desgracia. Atrapado en las primeras fases del duelo (negación e ira) dispara, cada vez con mayor incontinencia, diatribas contra quienes percibe como los culpables de su desgracia. Por ahora, el Presidente Vizcarra y el periodista Gustavo Gorriti de IDL Reporteros. Hay en estos ataques plagados de mentiras e incoherencias una constante. Jamás ataca a Marcelo Odebrecht, a Jorge Barata o ninguna compañía constructora brasileña. ¿Busca el milagro del silencio curativo a último minuto? Es posible. Pero es sintomático que el blanco de su furia no sea jamás quien ya confesó sus tropelías y está dispuesto a colaborar por esa misma causa.

Sin embargo, Alan García no está solo. La “cura milagrosa”, es decir el silencio de Barata (como en una película de suspenso su testimonio se postergó en enero y en marzo a pedido de la propia fiscalía y ahora está fechado a fines de abril) es deseada por no pocos políticos. Si el Presidente Vizcarra lee bien las circunstancias políticas, la interpelación al Ministro de Justicia no es el mero pedido de la absolución de un cuestionario. Es un acto político desesperado por evitar que los peruanos sepamos la verdad. Aspirar a bajarse, a como dé lugar, el convenio de colaboración con Odebrecht no puede sino merecer una respuesta política de igual contundencia.

¿Qué puede hacer el Presidente para evitar cualquier perturbación en estas horas finales antes de saber la verdad? Primero, que el Ministro del Solar adelante su presentación ante el Congreso y consiga un voto de confianza. Lo segundo, más audaz, la renuncia del Ministro de Justicia. No habiendo a quien interpelar, se acaba el espectáculo.

Por cierto, bien haría la jueza a cargo en terminar de una vez el trámite de control de legalidad del acuerdo y poner punto final a toda especulación sobre una posible impugnación, solo favorable a la defensa de los desesperados investigados. Los testimonios de los funcionarios de Odebrecht ya fueron enviados formalmente al Perú quedando, ahora sí, todo listo para el largo testimonio de Jorge Barata.

“Barata va a hablar”, ha dicho el fiscal Vela esta semana desde Sao Paulo, después de cerrar el acta de entendimiento inicial con OAS. Si lo afirma con ese énfasis, bien harían los imputados en pasar a las demás etapas del duelo para su propio bien. Como lo sabe todo abogado defensor, lo mismo que con el duelo, nada acorta el plazo de una sentencia (o de un dolor) como la aceptación.

Columna publicada el domingo 17 de marzo del 2019 en el diario La República

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