Rosa María Palacios

Un blog de política independiente

15 Abril, 2018

El juego de las sillas

La música suena y los concursantes se mueven alrededor de un grupo de sillas, una junta a otra, intercaladas de modos opuestos. Cuando se corta la música todos deben sentarse. El que se queda sin silla, se va hasta que los dos últimos peleen por la última silla. Para que el juego sea justo quien apaga la música no puede estar mirando a los concursantes para así no favorecer a ninguno.

La política peruana de estos días se parece mucho a ese juego infantil. Pero hay algunas diferencias. Cada vez que se apaga la música ya sabemos a quién le toca irse. Y quien apaga la música sabe cuándo apagarla porque mira a todos los concursantes y decide cuándo es el momento indicado para echarlo. Si miramos la sucesión constitucional, la música de apagó para Kuczynski.  Pero ahora Vizcarra, Araoz y quien ejerza la presidencia del Congreso darán vueltas a las sillas hasta el 2021. Tal vez, el juego termine antes. Nunca se sabe si quien maneja los controles del sonido es Keiko Fujimori. Por ahora, necesita a los que quedan sin que se salgan del juego, ni se cansen de jugar.

Hay dos formas de jugar el juego de la política. Se colabora o se compite. Kuczynski quiso colaborar y Fujimori competir luego de su derrota electoral. Esta batalla la ha ganado ella porque, además, era dueña del árbitro (el Congreso) y de la tribuna que, si bien no aplaudió su éxito, tampoco lloró por la partida del perdedor.

Vizcarra ha emprendido el mismo camino de colaboración que ofreció Kuczynski. ¿Por qué le podría ir mejor? Por ahora la música tiene que seguir sonando porque Fujimori desea ganar unas elecciones presidenciales. Sean el 2021 o en fecha anterior. Para ello necesita reponer sus bajas y alistarse en otros frentes. Lo primero, neutralizar a su hermano menor, a punto de ser desaforado y en camino a un proceso penal. Eso parece haberlo conseguido este fin de semana con un tuit (así se comunica en público esta familia disfuncional) en donde Kenyi aparece con su padre de mandil blanco (no es una bandera, pero blanco es) al lado de un río señalando que no tiene ningún interés político. La traducción del mensaje es este: “papá y yo desaparecemos de la vida política, pero, por favor no mandes a ninguno de los dos a la cárcel”.  Chau “avengers”, adiós “Cambio 21”.

Lo segundo, es recomponer su mayoría parlamentaria y regresar, lo más pronto posible, a superar la mitad del número legal de miembros, 66, para, como ofreció el 28 de julio del 2016, “gobernar desde el Congreso”. En ese camino tiene que superar algunos obstáculos como quitarle el escandaloso apoyo a Ponce o aceptar que Martorell (con condena firme) y Vergara tienen que salir de escena con prontitud. El reemplazo de los “avengers” con accesitarios no será fácil en todos los casos; pero a Rámirez, Bocangel y a su propio hermano se puede ir sumando la congresista Robles.

Lo tercero es recontar la historia reciente en otros términos. Se trata de crear una narrativa en donde Keiko Fujimori siempre quiso colaborar con Kuczynski pero éste se negó. No, no es broma. La censura a Saavedra, la persecución a Thorne y al actual Presidente Vizcarra fueron actos de “mera fiscalización”, naturales, absolutamente normales que se hubiese evitado si Kuczynski hubiera tenido alguna intención de tender puentes. “A pesar de los emisarios que ella envío no la quisieron atender”. Lo he escuchado esta semana.  La idea es sacarse el feo mote de “obstruccionista” que es lo único que fue en los primeros 20 meses de este gobierno. Feo porque es una pésima carta de presentación en las próximas elecciones.

Lo cuarto es aniquilar desde ahora a todos los potenciales adversarios para que lleguen a las elecciones mucho más muertos que vivos. En la marea de Lava Jato se trata ahora de involucrar al mayor número posible de potenciales candidatos con investigaciones preliminares, comisiones investigadoras, prisiones preventivas, impedimentos de salida y datos cuidadosamente soltados a la prensa. Fujimori está en problemas también, pero su alianza con Alan García la pone a salvo en la Fiscalía y en el Poder Judicial.  Alan García tiene más interés en ser protegido por el poder que en volver a él y a ella no le importa qué tan mal le vaya al resto, mientras a ella le vaya mejor.

¿Cuándo dejara de ser Keiko Fujimori la persona más poderosa del Perú? ¿Cuándo perderá el control del juego de las sillas? Cuando deje de tener mayoría en el Congreso, pero eso no ocurrirá, por lo menos, hasta el 2021.

Columna publicada el domingo 15 de abril del 2018 en el diario La República.

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